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Día 252: El Ángel Más Amado

Te destruí. No fue ahora. No fue el año pasado. Fue al principio. Cuando te pedí escribir la historia del cuento de hadas, le lancé una flecha envenenada a tu corazón.  Destruí al ángel más amado de Dios, al más bondadoso, al más puro.  Te pedí construir los cimientos de nuestro reino sobre arena movediza, y me dijiste que sí, me dijiste que sí porque tu corazon es inmenso, porque eres ingenua, porque eres inmensamente buena.  No te mereces esta historia manchada, esta historia de mentira. No te merezco. Te mereces una historia de hadas, porque eres la princesa de un cuento que se está contando en otro universo.  Quiero borrar todo. Yo debería haberte salvado. Quiero olvidar todo. Yo debería haberte protegido. Yo debería haber sido tu centinela, pero fui yo quien te abrió la herida que hoy no cierra.

Día 251: De Todas Las Formas Posibles

Siempre nos quedamos en la superficie. Cabar hacia lo profundo es peligroso, dicen. La superficie es tranquila, luminosa, quieta. En lo profundo te confundes, es oscuro, no hay vuelta. Pero cayó una bomba, de un avión que sobrevoló nuestros cielos durante años. Nunca lo escuchamos. Llevaba colgando un arma portadora de mucho daño. Un avión que despegó quizás el mismo día que nos conocimos. El amor lo ahuyentó y echó arriba todo el horror. Y nos entregamos al milagro de la coincidencia entre millones de probabilidades. Nos quedamos en la superficie. El avión, de motor silencioso, se elevó y no lo vimos durante muchos años.  Pero el alma de lo que ocultamos en lo profundo atravesó las placas del suelo que parecía firme y permeó nuestras mentes. Y todo ese amor que impedía que el avión pudiera ver tierra, comenzó a disiparse. Y el avión nos vió. Descendió en picada y soltó la bomba. Megatones de dolor abrió la tierra y todo lo que había en lo profundo, explotó por toda el lugar. Dos n...

Día 250: Cuando El Corazón No Quiere

Mi vida, te juro que estoy buscando. Estoy recorriendo las memorias de los atardeceres que nos prometimos amor eterno. Las caminatas en la playa a pies descalzo. El metro. El cerro. La ciudad. La historia que escribimos. Estoy buscando la escena aquella en donde nos perdimos. El fuego de lugares de mi cuerpo que no conozco cuando me tocabas. La electricidad en la piel cuando hablabas y me desvanecía en cada tono de la música que hacías con tu voz. En los sueños que tallamos al amanecer. Incluso en los momentos que también nos perdimos y después nos encontramos. Pero voy sin brújula, amor. Voy a oscuras. Trato de escucharte y vas mirando el vidrio de la ventana. Vas pensando cosas que ya no me quieres contar.Y yo perdí las fuerzas. Perdí las ganas. Trato de truncar la alquimia de mis nervios para que mis deseos encuentren la chispa y enciendan el fuego que alguna vez nos abrazó, pero no lo estoy haciendo con el corazón. He ahí la gran verdad, mi corazón ya no quiere.  Me preguntaste...

Día 249: Cuál Nosotros

La línea de no retorno quedó varios kilometros atrás. La vi venir a lo lejos. Te lo dije, ahí viene, hay que hacer algo, pero no escuchaste. Te lo dije de día. Te lo dije en la noche, acurrucado en tu pecho, vulnerable. Te lo rogué. Te lo lloré. Pero no escuchaste. Y la cruzamos. No vi cuando. De pronto todo fue nuboso. Hubo mucho ruido. Personas nos rodeaban y no podiamos tomarnos la mano. Hasta que en algún momento hubo un claro y la línea estaba en el horizonte, atrás. Tú no desaceleraste. Tu pelo se mezclaba con el viento, como fuego incontrolable. Tus ojos ya no me miraban. Tu sonrisa habitó otro páramo. Tus huellas en la arena se alejaron de las mías. Y te lo dije de nuevo, pero no me quedaba voz. Y tu boca no dijo más palabras.  Me vacié. Busqué llenarme de nosotros, pero cuál nosotros.

Día 248: Déjame

Déjame.  Estoy roto. No te mereces los pedazos de cristal. Déjame. Tus murallas cayeron. Se desvanecieron varias caricias atrás. Y vi las luces de lo que de verdad hay en el dormitorio que decidiste cerrar hace tiempo. Quieres creer, pero nadie está esperando al otro lado del puente. Nadie confirma que sí puede haber un final feliz, aúnque sea un instante. Quieres el instante, porque no crees en la eternidad.  No te puedo brindar aquello. Quiero hacerlo. Fallezco por hacerlo. Quiero darte un domingo y una siesta, un viernes y un mar bravo, un lunes y un desayuno. Quiero porque quiero, no porque lo merezcas, no porque quiero reparar alguna historia rota. Quiero, porque quiero estar ahí y ver tus ojos cuando ocurra. Pero no puedo, corazón. Nos conocimos en el momento equivocado, en la historia equivocada. Voy volando sin un motor y no te mereces caer del cielo otra vez.  Duele. Quema. Pero es el momento en que tengo que hacer un cambio, y va a tomar tiempo. No te puedo hace...

Día 247: El Estímulo Más Básico

Se estaban colando los huesos y sintiendo la piel ardiente. Él la buscó con un beso. Ella volvió de un pensamiento que él ya no puede permear hace años. Se hace de sus labios y ella los esconde. Él lo intenta de nuevo, pero ella rehusa. Y entonces, como polvora en una trinchera abandonada, un pensamiento explota en la mente del hombre. Unas manos van haciendo un camino de cariño y deseo. Hace poco le había llegado un mensaje; primero yo, tu historia con ella no acabará. Vuelve a la cama y a los brazos que buscan su instinto. Abajo está su mujer. El vibrato de los nervios y las venas es lo único que mantiene viva la luz dentro del cuarto de la relación de ambos. Ya no hay conversaciones los domingos después del almuerzo. Y viene otra ola a chocar las rocas; los besos escondidos lo buscan a él, lo disfrutan, lo acarician. Se preocupan de que sienta. Sentir. El estimulo más básico, sentir. No insistió. Cedió al momento que ha mantenido viva al a Humanidad durante milenios. Su cuerpo hizo ...

Día 246: Sanar

Algo de físico debe tener la mente. Debe depender de algo tangible. No puede ser sólo un concepto. En la mañana mi mente no quería levantarse. Estaba en recuperación. A mediodía recibió dosis de conversación y amor de familia. En la tarde, después de la siesta, se sintió mejor. Se debe reparar también, como los huesos, como la piel. Se regenera siento, porque de pronto todo es oscuridad y también es luz. Se sana.

Día 245: El Brasero

Cayó una nube sobre las casas esa mañana. El sol no llegó. Se puso un poleron de polar barato. La falda no la cuestionaba nunca. Le sumó unas panties y los lentes de gran aumento sobre la nariz. "Caramelo. Propóleo. Audífonos. Chicle" El dolor de piernas de hace meses la acompañaba y el frío lo hacía más intenso. Ya habían pasado cien rostros. Uno que otro se detenía y miraba su mercadería, más no a ella. Había un "gracias" a regañadientes. Se paraba a la entrada del Metro. Los guardias ya no la dejaban entrar. Ahí la envolvía el aire caliente que emanaba desde las profundidades de la estación. Si cerraba los ojos, podía ver el fuego del brasero de la casa de su mamá. La lluvia pegándole a la ventana. Un tazón de lata caliente con leche grumosa. No le dolía el cuerpo, sólo las penas en el corazón.

Día 244: El Otro Tren

Los minutos pasan. Parece que todos van tranquilos. No escuchan al niño sufrir en llanto y, sí, gozar en risa. La madre agradece al hombre. Él le dice que no se preocupe. Ella le cuenta que su hijo siempre sufre en los viajes del tren. Él explica que algo deben percibir que los irrita tanto. Ella vuelve a agradecer con una sonrisa de estimación. Elías le corresponde el gesto. Luego sigue jugando con el bebé. El tren sale de Lo Espejo y son varios kilómetros hasta Lo Blanco. En ese trayecto, entre los dos, se da una conversación genuina. Amalia no sabe por qué, pero le relata de dónde es, qué hacía aquel día y de lo maravillada que estaba con el tren. Elías le narra que él lo ocupa todos los días de la semana para ir y volver del trabajo. La madre siente que va volando a Nos. Su hijo estaba cómodo y el hombre que lo va entreteniendo, además, es interesante. El trabajador, de pronto se siente confortado. Aquel momento le había hecho olvidar los problemas y el cansancio. Ambos iban viajan...
Se me le viene un Pensamiento

Día 243: La Rosa

Damas y caballeros   Nos han mentido. Nos han engañado todo este tiempo. Hoy descubrí que en verdad las rosas no mueren. Sí, son eternas. Y vivirán hasta que la misma vida en si acabe. Los primeros botones existen desde tiempos inmemorables. El resto es historia. Los pétalos se van abriendo con el paso de los años, viviendo inviernos, viviendo veranos. Aguantando lluvias y soles, respirando humo y aire puro. Hasta que llega el momento en que ese pequeño pétalo que formó el núcleo del botón, llega al borde del rosal y comienza a secarse. Mientras se desprende, detrás vienen otros pétalos, madurando. Y más al centro, van naciendo nuevas generaciones de la hoja roja. La rosa nunca morirá. El primer pétalo siempre le enseñará, protegerá y guiará al que viene detrás. Así, la nueva hoja replicará todo lo que aprendió al pétalo que está abriéndose paso desde el interior, para enfrentar los crudos inviernos y disfrutar los nuevos veranos. Hoy se desprende un pétalo, recordemos l...

Día 242: El Regalo

Es extraña la sensación de me embarga ahora. Son las 14:57 de la tarde del viernes 13 de septiembre. Acabo de llegar de comerme un pollo asado a lo pobre con el Mauro, después de haber ido a dejar el notebook y la impresora a tu casa. En ese mismo almuerzo llamé a tu padre y le dije "Misión cumplida. El paquete fue entregado" Sin problema debes recordar el día que nos juntamos con tus hermanas y papá en San Bernardo. Veniamos del Buin Zoo. Era el momento perfecto, pensé. Quería plantearle la idea a tu viejo de hacerte un obsequio. Quería convensarlo, pero darle inicio a la idea con un cara a cara. Quería que él me viera extendiendo la intención viendome a los ojos, para que supiera y se quedara con la sensación de que el plan lo quería a llevar a cabo sí o sí, y que no quedara en la intención solamente. ¿El momento? Dejaste una ventana abierta cuando me fuiste a buscar una tarjeta BIP para poder regresar a casa. Recuerda que la mía se la había pasado a mi mamá. Ahí lo...

Día 241: Perdón

Créeme cuando te digo que no quería que supieses así la verdad. Créeme que si estás leyendo esta carta es porque las cosas salieron bastante mal y en estos momento debo estar rezando para que todo se solucione. Me habría gustado verte por última vez, ver esa sonrisa, el misterio de tus ojos, cómo se ruborizan tus mejillas en un fuego ardiente de vergüenza, que me hubieses apretado la mano y que te hubieses quedado en silencio en mi pecho. Te habría llevado lejos donde nos gusta escapar y te habría hecho el amor sin explicarte qué sucedía. Pero no tenía que ser así. Te pido perdón por ser tan cobarde. Los chiquillos ya deben haberte explicado porqué tuve que tomar esta drástica decisión. Mi vieja se está muriendo y no vi otra solución.  Debes estar pensando que me habrías dado todo tu incondicional apoyo y me habrías dejando venir sin mediación o duda alguna, estoy seguro de eso, pero en un momento me di cuenta que todo quedaría en nada si antes de partir te hubies...
Se me le viene un Pensamiento

Día 240: Yo no sé

Yo no sé si existan los verdaderos amigos o los grandes amores. Prefiero esperar a que una mano emerja de la oscuridad y me lleve a la luz y besarnos cuando seamos dos ancianos sentados en la banca de una plaza.
Elizabeth
Historia Real

Día 239: Planeta Grande

Silencio en la línea. De pronto el mundo es muy grande y silencioso. Un amargo trago de saliva se escurre ardiente por mi garganta. Sé volar y le ordeno a mi cuerpo salir disparado por la ventana del cuarto, pero nada de eso sucede. Sigo sentado en la silla. De fondo sólo se percibe el zumbido de una zapatilla de enchufes conectada hasta el tope; la energía pasando a una alta velocidad. Con el dedo índice y pulgar me peino las cejas, cerrando los ojos con fuerzas buscando dejar en blanco la mente y esperando que de pronto aparezca la solución clara y brillante. Pero tiene razón: no puedo resolverlo todo. Y volar es una bala trabada en una pistola llamada impotencia, caliente por disparar hasta más no poder. Entonces "Retroceder el tiempo" se esconde como un cobarde. Nada sirve en un momento así. Miro el cielo hacia el sur entre las persianas del cuarto y un manto de nubes marrón oscurece más la penosa escena. Estoy solo y con las manos vacías, qué extraña sensación....
Fantasias

Día 238: Lugares

Imagen
Me encontré atrapado en una vida clandestina, afirmado de un balcón, colgando la vista de una puesta de sol. Abrigué el cuello del frío costero y contemplé el silencio y la parsimonia. Qué lugar más hermoso, Dios Mío. A veces me dan ganas de que escenas así supieran lo que significan. Tener conciencia de que desde algún recóndito lugar, utilizado para dar vida a vidas ocultas, hay alguien afirmado de la baranda de un balcón,  observando atónito y sin pestañear lo maravilloso del dibujo. Colores vivos de movimientos y otros toscos de misterios. Deberían saber que de alguna manera u otra construyen enlaces consigo mismos con personas que al sentirse tocados por esa chispa piensan que son un lugar que tienen algo de especial. Y poder agradecerles y que escuchen el agradecimiento y que aquel gesto los haga inmensamente felices y también que les de fuerzas para seguir dando sentido al camino de cientos de personas que tengan la fortuna o la casua...
Historia Distorcionada

Día 237: Billetes Rotos

Me acordé que te debía dos mil pesos. Entraste al baño y de golpe me abordó el recuerdo. Instintivamente saqué mi billetera del bolsillo y abrí su compartimiento. De adentro saqué un billete de color morado. Eran dos mil pesos. De pronto tuve el impulso de pagartelos y salir corriendo. De sanjar cuentas. Entonces recuerdo también el momento en que recibí aquel billete. La cajera medio nerviosa, medio apurada, sólo los dejó sobre mi mano, esperando el reclamo. Pero yo no dije nada. Miré los dos mil pesos y noté la llamativa falla, la misma que notaba ahora. El billete estaba partido en dos. Quizás llevas cinco minutos en el baño. Los dos mil pesos aún están en mi mano. Y en aquellos extraños segundos, decido que aún no te los pagaré. El scotch que envuelve la tragica falla es tan penoso como una mentira mal contada, como una verdad omitida. Recuerdo que a veces nos tuvimos que pagar con varios billetas de dos mil pesos parchados por estar rotos, rotos de un corte viceral. Era lo úni...
Serie

Día 236: Los Diarios de Eliseo

Gracias a ti que diste algunos minutos de tu tiempo para leer esta historia que, cómo dije hace algunos capítulos, cumplió en su final más de un año. Es  extraño dejar a Eliseo y Sara. De alguna forma u otra representaron eventos en mi vida que la cambiaron para siempre. A veces sucede, eventos catastróficos te cambian la vida. Depende de nosotros hacernos mejores o peores personas. Como dato, esta historia se compuso de 59 capítulos. Larguísima.  Sin embargo, aquí estoy terminando uno de mis proyectos más largos y orgulloso le pongo fin. Espero disfrute. Día 67, Parte Final "La vacuna, derivada de la misma que detiene el avance de la meningitis, ya que el virus es una mutación de ésta, sólo elimina el proceso de floración en el cerebro y lo drena por completo" explicaba Ana a los presentes "El deterioro que sufre el cuerpo por la debilitación de los sistemas y la piel debe ser controlado con un tratamiento paralelo. Sara estaba...
Serie

Día 235: El Ultimo Grito

Día 67, Parte 5 Pido disculpas por no tener las palabras para explicar lo que me sucedió. Debe ser lo más cercano a ser atropellado por un camión. Debe ser parecido a impactarse contra el suelo después de lanzarse del piso quince.  "Su pulso es bajo y respira con ayuda de una maquina, Eliseo" dijo de pronto Ana "Si bien el virus abandonó por completo su cuerpo, su cerebro no volvió a funcionar" De fondo se escuchó un enfrentamiento a tiros. "Ya llegaron" dijo uno de los doctores. "¿Sigue viva?" le pregunté observando su angelical rostro. Estaba durmiendo. Estoy seguro. Tan sólo dormía y no se había despertado. Estaba en mi pecho, con la boca medio abierta, durmiendo. Descansando. Las cortinas aleteaban sobre el viento y el sol daba sobre su rostro. Faltaba poco para el año nuevo. Estaba cansada. Habían sido días de arduo trabajo. De largos regresos a casa. Yo le cuidaba el dormir. Yo cuidaba sus sueños. Despertaría y me miraría. Sonr...
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Día 234: Sara B2

Día 67, Parte 4 Al bajarme no apago el motor de la motocicleta, la que sigue andando y fue a parar donde no sé dónde. El frontis del majestuoso edificio universitario está intacto y oscuro. Pareciera que no hay resistencia o defensa. ¿Dónde están los doctores? Parapetados no sirven de nada. Le doy un tiro a una de las cadenas que bloquean la apertura de las puertas. Se escucha el disparo. La cadena cortándose e ingreso al frontis de la universidad. En eso, desde la nada, aparece un hombre vestido de cotona y me apunta con un revolver listo para derribarme. Al reconocerme, se arrepiente y baja el arma. "Eliseo" balbucea. Es uno de los médicos participantes de la investigación. "Ana... ¿Dónde está Ana?" le pregunto. "Arriba, en el laboratorio" me dice otro de los médicos, cubierto detrás de un pilar. Ambos estaban esperando dar una sorpresa. Que inteligentes.  "Ya vienen los milicos" les grito y emprendo la carrera. La oscuridad no m...
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Día 233: Carretera al Norte

Día 67, Parte 3 Seis minutos después, acelerando a todo lo que daba la motocicleta, me encontré manejando por la autopista que conectaba a Coquimbo con La Serena. Qué hubiese dado porque la maldita motocicleta fuera más rápido. Qué hubiese dado por poder teletransportarme para llegar primero que el escuadrón que iba a la caza de Ana María, Sara y el resto de médicos partidarios de la investigación. El tacometro marca ciento veinte kilómetros por hora, pero pareciera que voy caminando en una mala pesadilla, esas en donde algo te impide mover las piernas con libertad. Coquimbo quedó atrás. Al frente solo una maldita carretera oscura y luces de vehículos que van desapareciendo de la vista. La Serena queda a unos quince minutos, pero algo detrás me dice que está a cinco horas y que los militares ya están llegando. "Espérame, Sara" Es cuando un par de vehículos llama mi atención. De golpe todas las malas sensaciones se espantan y me pongo alerta. Disminuyo la velocidad hast...