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jueves, 7 de marzo de 2013

Día 237: Billetes Rotos

Me acordé que te debía dos mil pesos. Entraste al baño y de golpe me abordó el recuerdo. Instintivamente saqué mi billetera del bolsillo y abrí su compartimiento. De adentro saqué un billete de color morado. Eran dos mil pesos. De pronto tuve el impulso de pagartelos y salir corriendo. De sanjar cuentas. Entonces recuerdo también el momento en que recibí aquel billete. La cajera medio nerviosa, medio apurada, sólo los dejó sobre mi mano, esperando el reclamo. Pero yo no dije nada. Miré los dos mil pesos y noté la llamativa falla, la misma que notaba ahora. El billete estaba partido en dos.
Quizás llevas cinco minutos en el baño. Los dos mil pesos aún están en mi mano. Y en aquellos extraños segundos, decido que aún no te los pagaré. El scotch que envuelve la tragica falla es tan penoso como una mentira mal contada, como una verdad omitida. Recuerdo que a veces nos tuvimos que pagar con varios billetas de dos mil pesos parchados por estar rotos, rotos de un corte viceral. Era lo único que teniamos en la billetera; un billete roto. Es en ese segundo que decido no te daría nunca más dos mil pesos parchados, porque aunque el costo sea el mismo, dista mucho de valer lo que es.
Lo guardo apresurado, como cuando te llamé para decirte que me esperaras en Santa Ana. Casi casi. Sales del baño y me sonries con aquella boca que me da tanta calma, que me dice tanta verdad de esta realidad cuando me atrapa.

lunes, 21 de enero de 2013

Día 225: Nuevo Ser

Guzt despertó escuchando la ferocidad del mar tragándose la orilla. La arena mojada sobre el rostro le picaba y le impedía ver bien. El sol le daba incomodo en los ojos. De pronto el dolor de sus huesos ensamblándose lo electrizó de golpe. Qué momento más terrible.
Las horas pasaron. Se pudo poner de pies y al frente la inmensidad del océano se presentaba como su única compañía. Supo que respirar era una nueva oportunidad. Orgulloso y extrañado agradeció a lo que fuese que lo haya dejado vivir. Fue cuando Dones apareció detrás.
“¿Dónde estoy?” le preguntó
“Es el Paraíso”
“Entonces sí morí” dedujo.
“No necesitas morir para estar en el Paraíso. Esto lo creó Karev. A demás, no creo que el día de tu muerte el Paraíso sea tu posible Nirvana” dijo irónico Dones.
“¿Karev aún vive?” preguntó el rebelde.
“Así es” contestó sonriente el cauto “Te derrotó ¿No lo recuerdas?”
“No recuerdo nada del proceso. Es como si me hubiese hecho otra vez” contestó Guzt un poco aturdido.
“Te hizo otra vez. Te necesitamos. Te necesita. Aunque cueste olvidar todo lo que le hiciste pasar” dijo Dones “Fuiste su peor enemigo. Te empeñaste en derrotarlo. Creaste terribles pesadillas que duraban años. Formaste imaginaciones en donde ella elegía al otro. Lo llenaste de miedos y dudas. Pero insistió. Eligió insistir. Eligió saltar sin saber a dónde iba a caer. Lo intentó y acertó. Se cerraron varios ciclos. Muchos otros se abrieron. Jack partió al norte. Isabella formó su camino. Y Emilia decidió quedarse. Hubo muchos fines y varios comienzos. Fue un cambio brutal. Sin embargo, aquí está. El Submundo ya no existe. Ahora es un Paraíso” explicó el maduro.
“Sucedieron muchas cosas” fue lo único que agregó el rebelde.
“Más temprano que tarde iban a suceder” dijo Dones “Tú te esmeraste en que los ciclos no se cerraran, pero Karev logró cerrarlos. Sin embargo, queda uno por cerrar y por eso te dejó vivir”
“¿Cuál?”
“Tú sabes cuál” le dijo Dones.
Guzt recordó la catástrofe. Recordó los días de lluvia incesante. Las horas nadando contra un mar tormentoso. Recordó aquel mismo océano sumido en sombras y nebulosidad. Ahora todo era azul y mucho sol. Sin embargo, lejano en el horizonte oscuras y poderosas nubes seguían lanzando tormentas hacia la superficie.
“Debes tomar el teléfono. Es tiempo de iniciar nuevos caminos. Aquella tormenta nos detiene aún. Sólo tú la puedes alejar” le dijo Dones entregándole el celular.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Día 211: Diosas y Mortales

Cuando la tuvo entre sus brazos, se dio cuenta que momentos así suceden sólo una vez en la vida. Entonces parece que la mente humana no sabe cómo reaccionar, porque no se nos enseñó como ser reactivos frente a los milagros... frente a los instantes que se saben que nunca más se van a vivir. La mujer estaba tibia. Estaba poseída. Su cuerpo retumbaba glorioso, gozoso, airoso. Sus manos buscaban volver a la realidad, jalando de su mismo cabello, de la piel de su blanco cuello. De sus labios vivos y tiernos. Y gritaba porque no le quedaba más que hacer. Cosas que se desconocen y jamás se sabrán hervían por sus nervios hasta su boca que jadeante gritaba de lujuria y amor.
Escena difícil de olvidar. Trascendental. La luz se coló por de bajo de la puerta y traviesa subió por los contornos de su piel. El hombre se retorció bajo la diosa que condescendiente le hizo el amor. Las cinturas se quebraron. Los dientes se quemaron. Las manos se tomaron.
Él nunca más volvería a sentir lo que sintió por otra mujer y ese sería su maldición.

martes, 6 de noviembre de 2012

Día 210: Karina

Karina se despide con un beso apretado.
"Mañana conversamos" me dice
Decidida toma su chaqueta y su cartera y se retira del lugar. De sus dedos cuelga su cigarro fiel.
Entonces me pregunto a dónde va. Dónde pierde los pasos y la razón. Dónde queda lo que no quiere, pero disfruta. Goza. Ama. Dónde queda ese paraíso que tan luminoso se ve bajo olas de alcohol, del roce, del apetito caníbal de otros labios, que al amanecer se rebalsa en un tormentoso infierno que la aleja millones de años luz de la persona que busca ser. Persona que se pierde en cada auto que toma. Persona que muere tras cada perdida de conciencia. 
Karina toma el tren que llega a la estación que sirve para sanarse. El problema fue que Karina no sabía que las medicinas en excesos se convierten en adicción, y lo que curó las heridas profundas se convierte en la gangrena del corazón.
Karina camina sin mirar atrás. Que ganas de correr tras ella. 
No escucharía razones.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Día 199: Fuentes

Eran esos días que en los momentos de quietud lograba imaginarme cayendo lenta y parsimoniosamente sobre mi cama, en una mañna tibia, con la lluvia pegando en la ventana. La cara enterrada en la almohada y la espalda exquisitamente contraida, con las vertebras crujiendo, soltando el estrés. Me voy quedando lentamente dormido. No tengo trabajo. No estudio. Me levanto sólo a comer y ver tele, tirado en el sillón. Entonces recuerdo que tengo que llamar a Antofagasta para revisar los teléfonos desconfigurados, la pistola de Radio Frecuencia en El Monte, la instalación del enlace de fibra optica en Puente Alto 1, el problema de la música centralizada en toda la cadena, los puntos de red sin rotular en la oficina, el teléfono de Hector que no encuentra el router, los móviles malos en la zona norte. El pique a la casa. Volver en la mañana. Contestar correos que había contestado. Perder correos que nunca abrí.
La lluvia en la venta y mi almuhada son escenas vagas de una mala pesadilla. La realidad un tanto cruda. Estaba sentado en una silla dura. Estaba un tanto derrotado. Agotado.
Hasta los que tenemos más energías, a veces carecemos de ella.
Llega el tren. Se abren las puertas. La gente pasa tan rapido e indiferente. Me giro y viene ella. La lluvia comienza a darse con fuerzas contra la ventana. La almohada esta deliciosamente fría. La abrazo. Está durmiendo. Me sonrie y me lleno de vida. De energías. De esa pasión que me come por tenerla. En temple descansa entre mis brazos. Me encanta verla dormir.
Cuando me ataja con un beso, sonriente, feliz del instante, me quedo sin palabras. Debería decirle que es mi fuente de energías, mi razón para deslizar una sonrisa, pero no es necesario. Bien lo sabe.

lunes, 20 de agosto de 2012

Día 189: La Crespa

Ayer vi a La Crespa. Me acuerdo de ella cuando tenía veintiuno. Con Roberto ibamos a trabajar a la Farfana y siempre la veíamos en la micro. Se sentaba en la ventana, en los asientos de atrás, acompañada siempre por el mismo hombre. Yo pensaba que era su pololo, porque aunque no intercambiaban palabra alguna, entre ellos parecía haber un extraño lazo de complicidad.
Mi compañero me decía que no lo eran.
"¿Entonces es coincidencia que se sienten juntos todos los días?" le preguntaba.
Tenía una frondosa, fresca y brillante cabellera crespa, como fabricada con ciencia milimetrica. Se la peinaba sobre la mollera, acentuando la cristalidad de sus ojos que fijos se mantenían todas las mañanas en el reflejo de la ventana.
A veces me daba la sensación de que era una suerte de maniqui y que el gorilón que siempre iba a su lado era un simple modista o diseñador de vestuario.
A Roberto le gustaba demasiado. Decía que no podía quitarle la vista a su pelo, a sus ojos, a su piel blanca. Despertaba envuelto en la esperanza de algún día tener la suficiente valentía para hablarle. De por lo menos escuchar la voz que saldría de sus labios.

En ocaciones la no la veiamos por semanas. A veces todos los días.

Ayer la vi en la tele. Le puso un combo a un camarografo a la salida del tribunal, echandole a demás un par de puteadas.
Tres meses después que dejé de trabajar en la Farfana, supe que Roberto le había hablado. La Crespa no le dio el placer de escuchar su voz. Tan sólo le dio una orden al gorilón que iba a su lado, quién le dio tres puñaladas en el dorso.
Roberto ahora se va sentado adelante.

domingo, 10 de junio de 2012

Día 172: Crónicas de una Muerte Anunciada

Lo arrastraron como a un cualquiera por el piso, atrapado en una bolsa que le impedía la libertá. Se negó a su destino declarado desesperado, escapando de la mano de sus casadores toda la mañana. Había venido de tan lejos, pobre hombre, con sueños de encontrar una vida mejor. Pero el mundo está tan malo y cruel, 'eñor, supiera usted, que fue a caer en la tierra de los gigantes de cemento, en donde la avaricia y el sexo se mezclan en una sopa de libertinaje.
Pero pobre hombre, tan ingenuo, nunca supo donde su camino fue a dar. Tampoco imaginó cómo iba a quedar. Lo arrastraron gritando victoriosos sus captores. Si supieran que quería una mejor vida, en los interiores de la Cordillera y no el Río, quizás lo habrían dejado escapar. Pero la dueña pidió su cabeza por ladrón.
Pobre hombre que no entendía que iba a pasar. Lo levantaron para que su agonía comenzara a experimentar y sobre el asfalto le hicieron golpear. Recordó a su mujer y a sus siete hijos. Quizás lo esperaban, ignorantes de lo malo que es el mundo. Fue entonces que al notar que su corazón aún latía, el marido de la dueña una pala levantó para con su vida terminar...

Mi viejo abrió la bolsa y notó que el ratón ya no se movía. Ignacio lo había azotado con la bolsa en donde lo habían encontrado. Había sucedido que mi vieja el jueves había encontrado un paquete de harina con piquetes de dientes de roedor. Entonces el domingo fue el día elegido para vaciar el desván y pillar al intruso.
Yo desde mi cama escuchaba todo el alboroto que tenían pillando al pobre ratón.
Simón desde su celular me escribió: "Ha muerto Jerry"

lunes, 26 de diciembre de 2011

Día 121: Aló

"Hola"
"Hola ¿Cómo estai? Tanto tiempo" le dije.
"Bien. Con ene pega, un poco estresada, pero bien" contestó un tanto nerviosa como siempre.
"Eso es bueno. Tener arta pega" le dije riendo.
Abrí la cortina de mi pieza. Quizás eran las tres de la madrugada. Las estrellas difusas brillaban en lo alto del filmamento.
"Te quiero ver" dijo apurada.
Sonreí y le quise decir que sí, como cuando quise que la fotografia de Peliroja me gustara aún, pero sus ojos de niña tierna aparecieron frente a mí. Orgulloso mentí.
"Estoy con alguien" le dije soltando una risita nerviosa. "Disculpa. No es el momento indicado"
"Por lo menos lo intenté" dijo.
"Eso es bueno" le dije. No sabía cómo colgarle.

viernes, 6 de mayo de 2011

Día 51: El Último Tropiezo

Parte Final

Dones y Karev desaparecieron otra vez. Guzt no tuvo que noquearlos y tampoco esconderlos. Tan sólo el deseo de una viciosa sensación superó todos los parametros y su escencia se apoderó de los demás, tomando el control de la realidad y sus acciones. De los cuatros, el más tenáz y codicioso se quedaba con el poder, y se nota. Se nota en su forma de decir las cosas; siempre buscando una segunda intención. Y es adrenalinico para él pensar que casi nada lo detendrá.

"Me quedo"
Guzt no entendía muy bien esa extraña sensación de falsedad y excitación que conllevaba el acto de quedarse. Falsedad, porque lo dijo molesto, como si le hubiesen arruinado la noche, porque quería bailar y divertirse. Y excitación, porque se quedarían sólos... toda la noche, con un departamento entero para ellos.
Los demás se hicieron de sus chaquetas y salieron a buscar un taxi.
Él se sentó en uno de los sillones. Ella lo hizo en el otro. Se sentía demasiado silencio, después de todo el ajetreo de rizas y vasos chocando. Había tanta paz, que se lograba escuchar el agitado golpeteo de los corazones de ambos. Ninguno decía nada. Se hacían los tontos. Así era el juego. De a poco se iban deborando la situación, dejando que el jugo de la intriga se escurriera por sus labios, sintiendo ese extraño nudo de nerviosismo en el estomago de sólo imaginar donde iban a estar en la siguiente media hora.
"Sabes que el copete en exceso te hace mal. No entiendo tu actitud de querer ir más allá" la retó Guzt sinicamente.
"Si te quedaste porque te doy pena, te puedes ir" le dijo ella.
"¿Crees que me quedé por pena?" le preguntó él, mirandola directamente a los ojos, sabiendo con exactitud la forma en que tiene que mirarla para que ella le crea.
Ella no pudo decir nada. Estaba entregada a volver a caer, a tropezar con esa deliciosa piedra llamada vicio.
Como la niña asustadiza que corre a los brazos de su protector, se levantó del sillón y se sentó en sus piernas. No le dijo nada. No necesitaba decir nada. Con los labios comenzaron a rozarce el rostro y a acariciarse suavemente, justo y tal como le gustaba al otro. El departamento se silenció aún mas...
Fue la última vez que se vieron.

"¿Tu pololo sabe que saliste?" le preguntó Guzt.
"No, no tiene idea" contestó ella con una risitia demoniaca.

martes, 3 de mayo de 2011

Día 50: Taquicardia

Parte Dos

Un tímido beso. Sus ojos tienen ese cautivante brillo, que llegaba a hacer que se perdiera en laberintos penumbrosos. Delgada, pero tangible. Jack sonreía burlesco al lado de él. Salieron sin decir nada. Era el juego previo: no pescarse, para después pescarse. El centro de la ciudad era movido a esas horas de la noche; los vehículos se desplazaban a alta velocidad, llenos de diversión y conversaciones, dirección Bellavista. Los trabajadores arropados por el frío de madrugada, se agolpaban dándose calor entre todos bajo el paradero, esperando la troncal que los llevará en una hora de viaje de regreso al tan anhelado hogar, imaginando la escena de sus hijos durmiendo bien tapados. Los edificios iluminados por sección y ventanas con cortinas sucias forman el camino hacia la carretera. 
Esa noche se fueron caminando.

Karev cerró nervioso la ventana de conversación en Facebook.
"¿Qué onda?" le preguntó Guzt.
"Ella pololea. En enero se casarán. No puedo seguir con esto"
Guzt quedó boquiabierto, no entendiendo la estúpida e ingenua actitud de él. A su parecer, lo que sucedía no era algún tipo de pecado capital. Era sólo diversión. Un rato de goce.
"Estás siendo demasiado extremista" le dijo, abriendo nuevamente la ventana "Déjame esto a mí"
"Como quieras" contestó Karev y salió del cuarto.

Jugaron al alcohólico y destructivo juego llamado "La Cultura Chupistica". En realidad así partieron. Jack no se caracteriza por ocupar lo que sabe en situaciones de presión, así que perdió en reiteradas ocasiones. Los compañeros de David, de variadas edades y situaciones sociales, hicieron el peso en el juego. Guzt no se guardó ningún arma y sacó a relucir todo lo que sabía en cultura. Ella perdía de adrede, quizás. En el departamento, cercano a estación Santa Ana, había de la fermentación que se pidiera. Pero lo que más se bebía era whisky y tequila. Una poderosa y nociva combinación.
En eso, viene el momento en que de repente algunos se paran al baño, se forman grupos de conversación, de un lado hay risas, en el otro hay seriedad y otros desaparecen. Un güeón te habla como si se conocieran de toda la vida. Guzt se reía con los compañeros de David y debes en cuando conversaba con ella. En un rato más partirían a la disco. Ahí iban a bailar, a rozarse y besarse ebrios como siempre ocurría, olvidando todo el dolor. 
Fue cuando entre rizas y críticas de cine, que Jack y ella desaparecieron de escena.

"Ayer hablé con ella" le dijo Joselyn a Karev "Parece que la cosa va en serio"
"No creo" respondió Karev ecéptico "El otro día le tiré un palo pa' ver si picaba, y me respondió negativamente"
"Estás mal, Karev. Ayer hablamos y me dijo que no sabía como responder a las cosas que le decías. Acuérdate que nunca a gorreao al marido. Tú sabí que a todos les cuesta la primera vez po'"
Hubieron rizas espontaneas por la talla.
"Entonces la trataré con delicadeza" dijo Guzt, apoderándose del teléfono.

Gutz prometió perder interés en la desaparición de ambos. Eran grandes y podían hacer lo que quisieran. En eso apareció Jack con un rostro de preocupación.
"Guzt, acompáñame. Ella no está bien de salud"...

domingo, 1 de mayo de 2011

Día 49: Revoluciones

Parte Uno

Había pasado antes. El mundo no se percató, pero sucedió. La revolución llega cuando el alma de Guzt se agita con agonía y quiere volver a emerger. Lo hizo hace unos dos años. Y ahora volvió a ocurrir.

"Entonces nos juntamos en La Cisterna" le dijo Dones.
"Si, choro. En La Cisterna"
La noche estaba oscura para hacer maldades, como dice la canción, pero Karev tomó la decisión de respetar lo que había con la candidata a quedarse con el puesto de novia.
Sólo sería una noche de un incomodo reencuentro, un par de bailes y volvería a Puente Alto. Nada más. Sólo tocar el límite y regresar. A demás, hace tiempo que no veía a David. Ese era el objetivo; verlo a él y no ser víctima de un tropiezo casual.
Karev colgó su celular y se colocó la chaqueta. En eso algo pesado y frío se dejó caer sobre nuca y cayó de bruces al suelo. Su vista se nubló penosamente y sólo pudo ver los pies de él.
"Lo siento" le dijo Guzt.
Dones sintió el caer de algo pesado, pero no tomó en cuenta. Siguió lavándose los dientes. Fue cuando en el reflejo del espejo apareció la misteriosa presencia del rebelde del grupo, con su mirada tenaz y una pequeña sonrisa de adrenalina en los labios. Dones sólo alcanzó a soltar el cepillo de dientes para poder defenderse, pero Guzt ya lo había noqueado con el martillo de su padre.
Los arrastró a los dos al sub-mundo y los dejó escondidos ahí.
Demían le había dicho que venía un extenso periodo en que él y Dones desaparecerían por deseo de Karev. No le pudo decir que ocurriría, sólo los hechos con respectó a su persona. Entonces Guzt no lo pensó dos veces y preparó un plan perfecto para divertirse la última noche de su existencia. Sería una noche junto a la única mujer que sabía como hacerle para divertir.


"¿Karev y Dones?" le preguntó Jack, cuando se encontraron en La Cisterna.
"Les salió otro carrete a última hora"
A Guzt no le costaba mentir.
Tomaron la Línea dos dirección Mapocho. Aquella noche sería inolvidable...


(Un especial saludo a mis amigos de Singapur y Malasia)
(A special greeting to my friends in Singapur and Malasia)

lunes, 21 de marzo de 2011

Día 33: Léeme la Mente

"Tiempo sin salir" le dijo Demian, entrando al baño.
"Ene tiempo sin salir po'" agregó Guzt, mientras que se hidrataba el pelo, observándose en el espejo. "Quiero puro salir"
"¿Te puedo acompañar?" le preguntó Demian.
"¿En serio?" Guzt sonrió extrañado. 
Demian era el único que se acercaba amistoso al que era el rebelde del grupo. Nunca se oponía a su actitud ágil e incisiva. Siempre apoyó su política de resurgimiento en los tiempos de oscuridad en los que se vio inmerso el grupo. Y nunca dudó en defender su persona cuando Karev y Dones lo atacan por su actuar.
Los tiempos ahora son diferentes. Habían sido semanas arduas por motivo del cambio de puesto en el trabajo y no se había sentido en toda su plenitud la luz del cambio sufrido por los cuatros. Estaban con las mentes despejadas. Habían vuelto al camino perdido. Ahora los objetivos estaban claros. Era tiempo de relajarse un poco.
"Vamos. Pero no te quiero como lapa. Hoy día quiero bailotear harto y no quiero que me andí espantando a las ladys" agregó riendo.
"Tú tranquilo. Yo voy a andar en la mía"
"Así me gusta, Demian. Bien obediente"

La disco elegida por Ester fue la Xsezo. Gutz había pisado por última vez aquel lugar en Mayo del año pasado, junto a Karev, Isabella y Jack. Ahora lo hacía en compañía de Demian, viendo el momento como un reencuentro con las cosas que alguna vez perdió.
"Muchos recuerdos" dijo Demian, mientras bebía de su Sprite.
"Pero aquí estamos" dijo Guzt, respirando profundo.
Habían nuevos aires. 
La pista de baile estaba convertida en una caja llena de cuerpos sudados y excitados moviéndose al son de la música, mezclados en alcohol y jolgorio. Tiempos de desenfrenos. Hombres y mujeres se rosaban para encender más el momento y nadie criticaba lo que hacía el de al lado. Era un tipo de liberación hipocrita, porque era difícil poder moverse con tanta gente revolviéndose a tu alrededor. Así que no quedaba más que acercarse hacia la compañera de baile. Pegarsele para que el resto no te pasara a llevar.
En eso la mirada de Guzt se topó con otra que no esperaba. Quitó la vista y siguió bailando. Sin embargo, seguía sintiendo la fuerte presencia de aquella mirada. Se despedía de los tiernos ojos de una mujer de cuerpo casi perfecto, piel morena y una envidiable altura. Su pelo castaño oscuro y liso se acostaba radiante sobre su espalda y su cintura se guardaba curvada dentro de sus apretados jeans.
"Hay sólo un problema" le dijo Demian a Guzt.
"Ya lo vi"
El problema era un tipo de la misma edad de él quizás, de mirada oscura y brazos fuertes. Era su novio, el cual la protegía y celaba demarcando una fuerte barrera a su alrededor.
"¿Quieres saber qué piensa?" le preguntó el vidente.
"Ojalá pudiera saber, porque no entiendo la insistencia de su mirar" contestó Guzt, cruzando fugaces miradas con la morena.
"Déjame entrar en ti y sabrás" sugirió Dones.
"Yo sabía que erai gay, güeón" bromeó Guzt.
"Deja de decir estupideces y relájate" le dijo y desapareció.
En eso Guzt escuchó miles de voces que casi lo obligaron a arrancar del lugar. Fingió que nada pasaba y siguió bailando con su compañera. El problema fue que el ruido dentro de su cabeza era demasiado; la música y los que parecían ser murmuros se mezclaban provenientes de todas las direcciones como viejas que protestaban pegandole a las cacerolas.
"Hacelos callar" le pidió a Demian.
El ruido desapareció. Sólo quedó el retumbante sonido de la música en el ambiente.
"Eran los pensamientos de las personas que están acá" dijo.
"Así es" respondió.
"¿Y porqué Karev no quiere de esto?" preguntó casi excitado por el momento.
"Porque no cree en mí" contestó con palabras un tanto oscurecidas "Ahora enfocate en la mente que quieres escuchar" 
Guzt siguió bailando, torciendo la cintura al bum de los bajos de la canción que sonaba. Su compañera no sabía que para él no existía.
"Deja de mirarlo" escuchó de repente. Era la mente de su observadora "Mira para otro lado. O por lo menos disimula... No tenía idea que vendría"
Aquello era verdad. Para muchos integrantes en el grupo era desconocida la información de que Guzt asistiría a la fiesta.
"Entonces no es primera vez que me mira"
"Parece que no"
"Voy a llegar a la casa. Bajaré el colchón y dormiremos ahí. Ojalá que nos vallamos rápido, para..."
Era la mente del novio. Bailaba cerca de ella, siempre cuidándola de que nadie se atreviera a acercarse. Dejaba sentir la sensación de que no la soltaría en toda la noche, imaginando a cada momento lo que le haría al llegar a casa. Tuvo que salir de su cabeza.
"Que está fuerte este güeá"
"Wuoooo"
"Por la chucha, me llegó la regla"
"Me quiero ir y este gil no se pega nunca la avispá"
"¿Cómo estará mi hijo?"
"Sería peligroso meterse con ella" le dijo Demian.
"Él igual mira. Debe cachar que lo estuve mirando" pensaba ella.
"¿Por qué cresta soy del gusto de las minas comprometidas? ¿No puede aparecer una sin compromiso? Una niña de sonrisa linda, que esté estudiando algo relacionado con comercio. No sé. Siempre es la misma güeá" dijo un muy apestado Guzt.

Al final igual hubo un momento de baile con ella y otro de conversación. Estudió algo relacionado con la rama de la psicología y tenía un nombre harto raro. Pero a Guzt no le importaba... tan sólo observaba su atractiva sonrisa y el ir y venir de su mirar.



lunes, 28 de febrero de 2011

Dia 24: El Límite

En la vida hay... hay dos tipos de límites. Están los que se cruzan todo el tiempo y no cambian nada y los que se cruzan una vez y lo cambian todo. Es casi imposible impedir cruzar los primeros, ya que tan sólo al levantarse por la mañana se está cruzando un límite. Así de simples e insignificantes. Son como los segundos del tiempo. No son tomados en cuenta como las fechas, pero existen para que estas otras existan. En consecuencia, aquellos inverosímiles límites que cruzas constantemente, viven para que llegues a cruzar ESE límite que lo cambiará todo. La diferencia es que sabes que ocurrirá si lo cruzas y qué se perderá en el acto.

Yo observé como cruzaban el límite y en tal hecho me perdieron a mí.  

lunes, 17 de enero de 2011

Día 7: Hambre

"Siento que todo está roto" decía Peter, bebiendo de su vaso de cerveza "Por el cuerpo me recorren unas ganas inagotables de estar con otra mina. Quiero puro serle infiel, güeón. Quiero salir de ahí. Ya no quiero verle más la cara a ese viejo culiao"
"¿Y sabí por qué sentí eso?" le preguntó Guzt.
Peter negó con la cabeza, esperando a escuchar las respuestas que necesitaba.
"Porque nunca en tu vida te has preocupado de ti. Has aguantado para hacer feliz a los demás y no te has encargado de preguntarte qué es lo que te falta a ti"
Peter llamó a eso de las cuatro a Guzt, cuando el sol está comenzando a bajarse del cielo, pero quema como si un tren a carbón gigantesco estuviera cruzando el aire al revés y llenara con todo su humo la atmósfera. Al contestarle, le informó de la fiesta que ofrecerían en Pueblo Solo el día viernes, porque también asistiría Evan y Cecilia y sería entretenido tenerlos a todos ahí y verse después de tanto tiempo. El moreno estaba trabajando y se le hacía difícil hablar, así que casi susurrando contestó que no podía porque con Irene irían de camping el fin de semana.
"Te estaba llamando, perrito, porque necesito juntarme contigo a conversar" Le dijo "Estoy chato, güeón"
Guzt lo último que quería era seguir dándoselas de psicólogo el verano. Ya tenía bastante con Jack, Isabella, Ibzeen y otros personajes que se le cruzaban como si fuera el último Freud en el mundo. Así que lo empezó a evitar diciéndole que tenía que salir, que hacía mucha calor y que el carrete del viernes en la noche sería una buena oportunidad para hablar. Pero Peter ofreció una dolida resistencia. En realidad estaba mal y necesitaba urgente una voz que apaciguara su angustia. A Guzt, como nunca en el año, le floreció su lado amable.
"A las ocho en la Argentina" le dijo y colgó.

Irene es una muchacha de media estatura. Del tipo de mujer medio, de las poblaciones violentas. Lindos ojos, pelo desordenado, pequeños senos y un trasero deseable. Guzt no sabe en que momento la dejó de ver como una amiga y la comenzó a desear como a una mujer. Quizás fueron todas esas noches en que la consoló al verla llorar por las constantes peleas con Peter. Era sólo cosa de darle un beso y con sus caricias borrar todo el sufrimiento. Y de pasada devolverle la mano al moreno por todas las veces que ya le había sido infiel. El problema era que Dones y yo siempre le habíamos advertido de todos los problemas que podría acarrearle el hecho de meterse con ella. Al fin y el cabo era su amiga y polola de su amigo. 
Pero todos sabemos que a Guzt le importa un pepino lo que digamos nosotros. Así que ahí estaba en el Club Therieyd, con Irene fumando aburrida del momento y a Peter a su derecha, escuchando al moreno hablar de Concepción, Dichato y Tomé ya que existía la posibilidad de un viaje a principios de Febrero. Eran al rededor de las nueve de la noche ya. Y Guzt sólo podía observar como los labios de Irene se deslizaban lentos y mojados por el filtro de su cigarro después de darle una aspirada, imaginando como esa boca le daría el "sí" el día que él le pedirá que se vallan a olvidar del mundo en algún motel barato.
"Al baño" le dijo de repente Dones"A-ho-ra"
Guzt, sin decir nada, pero descargandole una potente mirada de ira, se disculpó y partió al baño.
"Sólo tres palabras: Ella es tu amiga" le dijo Dones.
"Esas son cuatro" le dijo Guzt.
"Da lo mismo. Sólo te pido que pienses con la cabeza y no con el pene. Ella es tu amiga y él tu amigo. Sería anti-natural que te metieras con ella. Porque si estás pensando que le vas a hacer una favor, estás muy equivocado"
Dones estaba un tanto alterado. Era raro verlo así porque su desplante era siempre el de un tipo calmado y siempre con aires de culto, pero no era de él enojarse tan fácil. Por otro lado, Guzt odiaba que lo sermonearan y sobre todo en materia de relaciones de este tipo. En realidad, odiaba que se metieran en su vida y cuestionaran sus acciones.
"No me la voy a comer hoy día..." dijo el orgulloso.
"Y nunca" le interrumpió Dones.
Guzt, queriendo atravesarle el estomago con una cuchilla, tan sólo pudo hacerle un desprecio y salió del baño.
En la mesa del Club, Irene se alistaba para retirarse.
"¿Te vas?" le preguntó Guzt.
"Si. Tengo a mi hija con mi mamá en la casa y si llego más tarde me van a hacer ataos" le dijo dándole un beso en la mejilla.
La vio alejarse por el pasillo de mesas hasta la salida, observando su pantalón de tela y la polera roja que le envolvía el dorso. Algún día te quitaré toda esa ropa, pensó y luego se sentó a hablar con Peter.
"¿Qué pasa, compadre?"
"Siento que todo está roto" decía Peter, bebiendo de su vaso de cerveza "Por el cuerpo me recorren unas ganas inagotables de estar con otra mina. Quiero puro serle infiel, güeón. Quiero salir de ahí. Ya no quiero verle más la cara a ese viejo culiao"
"¿Y sabí por qué sentí eso?" le preguntó Guzt.
Peter negó con la cabeza, esperando a escuchar las respuestas que necesitaba.
"Porque nunca en tu vida te has preocupado de ti. Has aguantado para hacer feliz a los demás y no te has encargado de preguntarte qué es lo que te falta a ti" 
Guzt sabía que hablaba desde la parte más oscura de su corazón, moviendo las piezas a favor de él para que las acciones y las consecuencias lo llevaran a tener a Irene entre sus brazos. A veces se admiraba del modo de trabajo de su perversa mente. En otras le asustaba. Pero más allá de todo lo que deseaba y ansiaba, al frente había una verdad irrefutable: Peter era su amigo y eso nunca iba a cambiar.
"Lo que tienes que hacer es sólo empezar a pensar en tu felicidad. Uno lucha toda la vida por las personas y por su bienestar, hasta que llega el momento en que te traicionan y no los vuelves a ver nunca más. Nadie puede ser necesario en tu vida. Tampoco te digo que no quieras a tus cercanos, pero no pueden ser necesarios. Vuelcate a pensar en ti y en lo que necesitas ahora" le dijo Guzt.
Peter le sonrió y le dio las gracias.
Agradece que no me voy a meter con tu mujer, pensó Guzt.