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sábado, 28 de mayo de 2011

Día 61: Perder

Mi Negra
(Hazle click a los enlaces. Te permitirá conocer más del personaje)

Primera Parte

Mi viejo siempre dice:
"Para poner un negocio, hay que saber que pueden pasar muchas cosas malas. Nos pueden robar. Nos pueden estafar. Nos puede ir mal en la venta. Y montón de leceras más..."

"Maria Isabel de Argentina... 28 puntos" dijo el locutor. "Elizabeth de Chile... 28 puntos"
No sé si sentí alivio o emoción. El primer arbitro había decretado empate. Se sintió un murmullo general en todo el gimnasio.
"Segundo arbitro" dijo el hombre y un silencio nervioso se apoderó del lugar "Maria Isabel de Argentina... 28 puntos. Elizabeth de Chile... 28 puntos"
Hubieron algunas exclamaciones. La pelea había sido pareja, pero quedó la sensación que Elizabeth había conectados más golpes que la Argentina. El último arbitro definiría todo.
El locutor tomó la hoja de puntajes y se tomó un extraño tiempo para decir los resultados.
"Último arbitro. Elizabeth de Chile... 29 puntos. Maria Isabel de Argentina... 30 puntos. ¡Ganadora, Maria Isabel!"
Los únicos sacos de güeas que se pusieron a celebrar fueron los dos entrenadores argentinos y Maria Isabel. A parte de ellos, el gimnasio entero se quedó en silencio. Elizabeth, no satisfecha, esbozó una forzada sonrisa y abrazó a la ganadora. Con Ignacio nos miramos, lamentando lo ocurrido.
La Negra me había avisado hace unas dos semanas que vendría a Santiago el segundo fin de semana de Mayo a participar de un torneo de disciplinas de combate, en compañía de su federación de boxeo. Sería una pelea más para su corta carrera como boxeadora. Una gota más de experiencia. Pero no así menos importante. Invité a Ignacio para que me acompañara y también para que ambos se conocieran.
Con ella me encontré el día anterior a la noche de la pelea. Estaba tranquila, con ese desplante de parsimonia de siempre, y mentalizada a ganar. Sin embargo, la contienda no era cualquier encuentro. Finalmente, Elizabeth disputaría un título sudamericano y la defensora del trofeo era una argentina de 27 años, con dos de experiencia en el campo. Sin embargo, mi amiga estaba tranquila.

"... Entonces, para que el porrazo no duela tanto, hay que ser realistas y de antemano saber que pueden suceder muchas cosas. No esto diciendo que hay que ser negativos. Eso te impediría instalar un negocio. Pero sí saber qué cosas pueden pasar..." 

El sábado pasado viajé a San Bernardo a ver a Isabella e Ibzeen. Con Karina nos reuniríamos más tarde en una disco cercana. Compramos tres cervezas para partir la noche, que a ratos amenazó con dejar caer una tempestad. Estábamos compartiendo en el comedor de Ibzeen, cuando mi celular comenzó a sonar en el banano. Dejé el vaso en la mesa y saqué el móvil. Ya habían cortado y en la pantalla había un mensaje que decía:
"Llamada perdida de Jack"
Ingresé al registro de llamadas perdidas y extrañado disqué su número.
Cuando se abrió la línea, mi amigo, aflijido y desesperado, lloraba al otro lado de ella.
"Karev, quedó la cagá"...

viernes, 6 de mayo de 2011

Día 51: El Último Tropiezo

Parte Final

Dones y Karev desaparecieron otra vez. Guzt no tuvo que noquearlos y tampoco esconderlos. Tan sólo el deseo de una viciosa sensación superó todos los parametros y su escencia se apoderó de los demás, tomando el control de la realidad y sus acciones. De los cuatros, el más tenáz y codicioso se quedaba con el poder, y se nota. Se nota en su forma de decir las cosas; siempre buscando una segunda intención. Y es adrenalinico para él pensar que casi nada lo detendrá.

"Me quedo"
Guzt no entendía muy bien esa extraña sensación de falsedad y excitación que conllevaba el acto de quedarse. Falsedad, porque lo dijo molesto, como si le hubiesen arruinado la noche, porque quería bailar y divertirse. Y excitación, porque se quedarían sólos... toda la noche, con un departamento entero para ellos.
Los demás se hicieron de sus chaquetas y salieron a buscar un taxi.
Él se sentó en uno de los sillones. Ella lo hizo en el otro. Se sentía demasiado silencio, después de todo el ajetreo de rizas y vasos chocando. Había tanta paz, que se lograba escuchar el agitado golpeteo de los corazones de ambos. Ninguno decía nada. Se hacían los tontos. Así era el juego. De a poco se iban deborando la situación, dejando que el jugo de la intriga se escurriera por sus labios, sintiendo ese extraño nudo de nerviosismo en el estomago de sólo imaginar donde iban a estar en la siguiente media hora.
"Sabes que el copete en exceso te hace mal. No entiendo tu actitud de querer ir más allá" la retó Guzt sinicamente.
"Si te quedaste porque te doy pena, te puedes ir" le dijo ella.
"¿Crees que me quedé por pena?" le preguntó él, mirandola directamente a los ojos, sabiendo con exactitud la forma en que tiene que mirarla para que ella le crea.
Ella no pudo decir nada. Estaba entregada a volver a caer, a tropezar con esa deliciosa piedra llamada vicio.
Como la niña asustadiza que corre a los brazos de su protector, se levantó del sillón y se sentó en sus piernas. No le dijo nada. No necesitaba decir nada. Con los labios comenzaron a rozarce el rostro y a acariciarse suavemente, justo y tal como le gustaba al otro. El departamento se silenció aún mas...
Fue la última vez que se vieron.

"¿Tu pololo sabe que saliste?" le preguntó Guzt.
"No, no tiene idea" contestó ella con una risitia demoniaca.

martes, 3 de mayo de 2011

Día 50: Taquicardia

Parte Dos

Un tímido beso. Sus ojos tienen ese cautivante brillo, que llegaba a hacer que se perdiera en laberintos penumbrosos. Delgada, pero tangible. Jack sonreía burlesco al lado de él. Salieron sin decir nada. Era el juego previo: no pescarse, para después pescarse. El centro de la ciudad era movido a esas horas de la noche; los vehículos se desplazaban a alta velocidad, llenos de diversión y conversaciones, dirección Bellavista. Los trabajadores arropados por el frío de madrugada, se agolpaban dándose calor entre todos bajo el paradero, esperando la troncal que los llevará en una hora de viaje de regreso al tan anhelado hogar, imaginando la escena de sus hijos durmiendo bien tapados. Los edificios iluminados por sección y ventanas con cortinas sucias forman el camino hacia la carretera. 
Esa noche se fueron caminando.

Karev cerró nervioso la ventana de conversación en Facebook.
"¿Qué onda?" le preguntó Guzt.
"Ella pololea. En enero se casarán. No puedo seguir con esto"
Guzt quedó boquiabierto, no entendiendo la estúpida e ingenua actitud de él. A su parecer, lo que sucedía no era algún tipo de pecado capital. Era sólo diversión. Un rato de goce.
"Estás siendo demasiado extremista" le dijo, abriendo nuevamente la ventana "Déjame esto a mí"
"Como quieras" contestó Karev y salió del cuarto.

Jugaron al alcohólico y destructivo juego llamado "La Cultura Chupistica". En realidad así partieron. Jack no se caracteriza por ocupar lo que sabe en situaciones de presión, así que perdió en reiteradas ocasiones. Los compañeros de David, de variadas edades y situaciones sociales, hicieron el peso en el juego. Guzt no se guardó ningún arma y sacó a relucir todo lo que sabía en cultura. Ella perdía de adrede, quizás. En el departamento, cercano a estación Santa Ana, había de la fermentación que se pidiera. Pero lo que más se bebía era whisky y tequila. Una poderosa y nociva combinación.
En eso, viene el momento en que de repente algunos se paran al baño, se forman grupos de conversación, de un lado hay risas, en el otro hay seriedad y otros desaparecen. Un güeón te habla como si se conocieran de toda la vida. Guzt se reía con los compañeros de David y debes en cuando conversaba con ella. En un rato más partirían a la disco. Ahí iban a bailar, a rozarse y besarse ebrios como siempre ocurría, olvidando todo el dolor. 
Fue cuando entre rizas y críticas de cine, que Jack y ella desaparecieron de escena.

"Ayer hablé con ella" le dijo Joselyn a Karev "Parece que la cosa va en serio"
"No creo" respondió Karev ecéptico "El otro día le tiré un palo pa' ver si picaba, y me respondió negativamente"
"Estás mal, Karev. Ayer hablamos y me dijo que no sabía como responder a las cosas que le decías. Acuérdate que nunca a gorreao al marido. Tú sabí que a todos les cuesta la primera vez po'"
Hubieron rizas espontaneas por la talla.
"Entonces la trataré con delicadeza" dijo Guzt, apoderándose del teléfono.

Gutz prometió perder interés en la desaparición de ambos. Eran grandes y podían hacer lo que quisieran. En eso apareció Jack con un rostro de preocupación.
"Guzt, acompáñame. Ella no está bien de salud"...

domingo, 1 de mayo de 2011

Día 49: Revoluciones

Parte Uno

Había pasado antes. El mundo no se percató, pero sucedió. La revolución llega cuando el alma de Guzt se agita con agonía y quiere volver a emerger. Lo hizo hace unos dos años. Y ahora volvió a ocurrir.

"Entonces nos juntamos en La Cisterna" le dijo Dones.
"Si, choro. En La Cisterna"
La noche estaba oscura para hacer maldades, como dice la canción, pero Karev tomó la decisión de respetar lo que había con la candidata a quedarse con el puesto de novia.
Sólo sería una noche de un incomodo reencuentro, un par de bailes y volvería a Puente Alto. Nada más. Sólo tocar el límite y regresar. A demás, hace tiempo que no veía a David. Ese era el objetivo; verlo a él y no ser víctima de un tropiezo casual.
Karev colgó su celular y se colocó la chaqueta. En eso algo pesado y frío se dejó caer sobre nuca y cayó de bruces al suelo. Su vista se nubló penosamente y sólo pudo ver los pies de él.
"Lo siento" le dijo Guzt.
Dones sintió el caer de algo pesado, pero no tomó en cuenta. Siguió lavándose los dientes. Fue cuando en el reflejo del espejo apareció la misteriosa presencia del rebelde del grupo, con su mirada tenaz y una pequeña sonrisa de adrenalina en los labios. Dones sólo alcanzó a soltar el cepillo de dientes para poder defenderse, pero Guzt ya lo había noqueado con el martillo de su padre.
Los arrastró a los dos al sub-mundo y los dejó escondidos ahí.
Demían le había dicho que venía un extenso periodo en que él y Dones desaparecerían por deseo de Karev. No le pudo decir que ocurriría, sólo los hechos con respectó a su persona. Entonces Guzt no lo pensó dos veces y preparó un plan perfecto para divertirse la última noche de su existencia. Sería una noche junto a la única mujer que sabía como hacerle para divertir.


"¿Karev y Dones?" le preguntó Jack, cuando se encontraron en La Cisterna.
"Les salió otro carrete a última hora"
A Guzt no le costaba mentir.
Tomaron la Línea dos dirección Mapocho. Aquella noche sería inolvidable...


(Un especial saludo a mis amigos de Singapur y Malasia)
(A special greeting to my friends in Singapur and Malasia)

lunes, 25 de abril de 2011

Día 46: La Relevión de Los Nerds


Creo que todos en algún momento de nuestras vida sufrimos el tan famoso bulling. Ya sea por nuestro desempeño escolar, por alguna condición fisica o simplemente por ser como somos.
Cuando yo tenía cuatro años, al comienzo del despertar de mi consciencia sufría este tipo de ataque por parte de un niño de seis años, al que le decían el Pachagua. No preguntes por qué le decían así a un niño de seis años, de mirada vacía, cara de gorila y un pelo negro chamuscado sobre la mollera. Sólo sé que sus manos regordotas gozaban de encontrarse con mis delicadas mejillas, y con las de muchos otros niños.
Era el Nelson de la población. El temido. Ese que la hacía de malo cuando jugabamos a los policias y los ladrones. Aquel niño que no iba a ningún cumpleaños, porque era un total desagrado.
Quizás por eso era tan ofensivo. Tal vez era el grito de un pequeño demonio queriendo ser aceptado en algún paraiso. Yo creo que su cara de gorilón le jugaba mucho en contra.
Da igual.
La cosa es que un día me encontraba jugando con una amiga y con mi autitos de juguetes en mi jardín, y llegó el Pachagua a la reja de la casa. Mi mami estaba en la patio fumandose un cigarro, y no escuchaba mis gritos de auxilio.
"Dejame entar" me dijo con una voz de un cabro de quince.
"No" le dije a punto de ponerme a llorar.
Le tenía un miedo atróz.
"Quiero jugar con tus autitos"
"Andate" le gritó mi pequeña amiga.
"Sí, andate" me uní yo.
En eso, su mente de ogro, tomó la perilla de la puerta y comenzó a abrirla lentamente.
Es difuso el recuerdo, pero lo único que puedo decir es que me vi tomando una piedra, y después de darme un pequeño impulso se la lancé. Tenía cuatro años. Poseía unos flacuchentos brazos y una punteria despreciable. Sin embargo, la pesada roca atravesó los delgados barrotes de la reja y le rompió un ojo y la nariz.
El Pachagua no lloró. No conocía el dolor. Sólo sintió la sangre escurrir por su rostro, mientra nos miraba con su particular mirada perdida. Luego dio la media vuelta y se marchó.
"Karev" me dijo atonita mi amiga "Le dijiste güeón"
Decir garabatos en esa época era un pecado capital.

lunes, 21 de marzo de 2011

Día 33: Léeme la Mente

"Tiempo sin salir" le dijo Demian, entrando al baño.
"Ene tiempo sin salir po'" agregó Guzt, mientras que se hidrataba el pelo, observándose en el espejo. "Quiero puro salir"
"¿Te puedo acompañar?" le preguntó Demian.
"¿En serio?" Guzt sonrió extrañado. 
Demian era el único que se acercaba amistoso al que era el rebelde del grupo. Nunca se oponía a su actitud ágil e incisiva. Siempre apoyó su política de resurgimiento en los tiempos de oscuridad en los que se vio inmerso el grupo. Y nunca dudó en defender su persona cuando Karev y Dones lo atacan por su actuar.
Los tiempos ahora son diferentes. Habían sido semanas arduas por motivo del cambio de puesto en el trabajo y no se había sentido en toda su plenitud la luz del cambio sufrido por los cuatros. Estaban con las mentes despejadas. Habían vuelto al camino perdido. Ahora los objetivos estaban claros. Era tiempo de relajarse un poco.
"Vamos. Pero no te quiero como lapa. Hoy día quiero bailotear harto y no quiero que me andí espantando a las ladys" agregó riendo.
"Tú tranquilo. Yo voy a andar en la mía"
"Así me gusta, Demian. Bien obediente"

La disco elegida por Ester fue la Xsezo. Gutz había pisado por última vez aquel lugar en Mayo del año pasado, junto a Karev, Isabella y Jack. Ahora lo hacía en compañía de Demian, viendo el momento como un reencuentro con las cosas que alguna vez perdió.
"Muchos recuerdos" dijo Demian, mientras bebía de su Sprite.
"Pero aquí estamos" dijo Guzt, respirando profundo.
Habían nuevos aires. 
La pista de baile estaba convertida en una caja llena de cuerpos sudados y excitados moviéndose al son de la música, mezclados en alcohol y jolgorio. Tiempos de desenfrenos. Hombres y mujeres se rosaban para encender más el momento y nadie criticaba lo que hacía el de al lado. Era un tipo de liberación hipocrita, porque era difícil poder moverse con tanta gente revolviéndose a tu alrededor. Así que no quedaba más que acercarse hacia la compañera de baile. Pegarsele para que el resto no te pasara a llevar.
En eso la mirada de Guzt se topó con otra que no esperaba. Quitó la vista y siguió bailando. Sin embargo, seguía sintiendo la fuerte presencia de aquella mirada. Se despedía de los tiernos ojos de una mujer de cuerpo casi perfecto, piel morena y una envidiable altura. Su pelo castaño oscuro y liso se acostaba radiante sobre su espalda y su cintura se guardaba curvada dentro de sus apretados jeans.
"Hay sólo un problema" le dijo Demian a Guzt.
"Ya lo vi"
El problema era un tipo de la misma edad de él quizás, de mirada oscura y brazos fuertes. Era su novio, el cual la protegía y celaba demarcando una fuerte barrera a su alrededor.
"¿Quieres saber qué piensa?" le preguntó el vidente.
"Ojalá pudiera saber, porque no entiendo la insistencia de su mirar" contestó Guzt, cruzando fugaces miradas con la morena.
"Déjame entrar en ti y sabrás" sugirió Dones.
"Yo sabía que erai gay, güeón" bromeó Guzt.
"Deja de decir estupideces y relájate" le dijo y desapareció.
En eso Guzt escuchó miles de voces que casi lo obligaron a arrancar del lugar. Fingió que nada pasaba y siguió bailando con su compañera. El problema fue que el ruido dentro de su cabeza era demasiado; la música y los que parecían ser murmuros se mezclaban provenientes de todas las direcciones como viejas que protestaban pegandole a las cacerolas.
"Hacelos callar" le pidió a Demian.
El ruido desapareció. Sólo quedó el retumbante sonido de la música en el ambiente.
"Eran los pensamientos de las personas que están acá" dijo.
"Así es" respondió.
"¿Y porqué Karev no quiere de esto?" preguntó casi excitado por el momento.
"Porque no cree en mí" contestó con palabras un tanto oscurecidas "Ahora enfocate en la mente que quieres escuchar" 
Guzt siguió bailando, torciendo la cintura al bum de los bajos de la canción que sonaba. Su compañera no sabía que para él no existía.
"Deja de mirarlo" escuchó de repente. Era la mente de su observadora "Mira para otro lado. O por lo menos disimula... No tenía idea que vendría"
Aquello era verdad. Para muchos integrantes en el grupo era desconocida la información de que Guzt asistiría a la fiesta.
"Entonces no es primera vez que me mira"
"Parece que no"
"Voy a llegar a la casa. Bajaré el colchón y dormiremos ahí. Ojalá que nos vallamos rápido, para..."
Era la mente del novio. Bailaba cerca de ella, siempre cuidándola de que nadie se atreviera a acercarse. Dejaba sentir la sensación de que no la soltaría en toda la noche, imaginando a cada momento lo que le haría al llegar a casa. Tuvo que salir de su cabeza.
"Que está fuerte este güeá"
"Wuoooo"
"Por la chucha, me llegó la regla"
"Me quiero ir y este gil no se pega nunca la avispá"
"¿Cómo estará mi hijo?"
"Sería peligroso meterse con ella" le dijo Demian.
"Él igual mira. Debe cachar que lo estuve mirando" pensaba ella.
"¿Por qué cresta soy del gusto de las minas comprometidas? ¿No puede aparecer una sin compromiso? Una niña de sonrisa linda, que esté estudiando algo relacionado con comercio. No sé. Siempre es la misma güeá" dijo un muy apestado Guzt.

Al final igual hubo un momento de baile con ella y otro de conversación. Estudió algo relacionado con la rama de la psicología y tenía un nombre harto raro. Pero a Guzt no le importaba... tan sólo observaba su atractiva sonrisa y el ir y venir de su mirar.



jueves, 17 de marzo de 2011

Día 31: Hermanos

Me dijo que el único local que había de completos y churrascos ahora aceptaba tarjetas de débitos. Donde vivimos, hay apenas unos 6 almacenes, y ese es el único donde venden comida chatarra. Así que, como era viernes en la noche, le dije que fuéramos a comprar unos As, ya que se los debía desde la tarde que me había acompañado a comprar la antena para el televisor. Mi madre le dijo que que abrigara y obedeció.

A Ignacio, y a la familia entera, le costó recuperarse de lo sucedido en Mayo del año pasado. Su epilepsia, sin razón alguna, había vuelto sin pedirle permiso a nadie. El núcleo cayó en crisis como hace mucho tiempo no lo hacía y costó volver a pararse. Sobre todo a mi hermano. No concebía la idea de que aquella maldita y negra pesadilla haya vuelto. Se suponía no volvería a aparecer después de la intervención radiologica a la cual lo habían sometido. Pero la vida, lamentablemente, como ocurre casi siempre, se dio el gusto de decir otra cosa. 
Ignacio pagaría caro las consecuencias.

No sé de quién vino el comentario. Yo me echaba la billetera al bolsillo para ir por los As, cuando alguien dijo "... que le sirva para cambiar esa cara de poto que tiene"
"Si po' Ignacio, deberías ya dejar de andar así" dijo Don Karev.
Mi viejo ya le había dado un sermón por el caracho. Y es que mi hermano tuvo que hacer octavo básico otra vez. Era eso que lo tenía así.

Me partía el alma verlo partir a esas consultas. Recordaba esas tardes cuando llegaban con él en brazos y mi vieja lloraba por los resultados de diagnósticos que yo a la edad de ocho o nueve años no entendía. Sin embargo, en esos momentos no nos decíamos mucho. En realidad, con Ignacio al principio la relación siempre fue tirante y chocábamos mucho. Ahora, sobre tiempos en que ya no tenemos diez y cinco, si no veintiuno y dieciséis, respectivamente, la relación mejoró sustancialmente, y no me guardé el apoyo en los momentos que lo necesitó. Mal que mal, se había quedado atorado en medio de la línea ferroviaria y el tren había chocado su auto sin previo aviso. Nos necesitaba a todos tirando de la cuerda que lo afirmaba para no caer a ese hoyo que se lo estaba tragando. Quizás tocó fondo y eso le costó el año escolar.

No somos de decirnos "te amo" o "te quiero" cuando nos despedimos. Si no mal recuerdo, han sido muy pocas las veces que se lo he dicho a mi madre. Menos a mi viejo. Las expresiones no van con la familia. Somos bien frío por ese lado. Pero cuando hay uno que cae, ahí estamos todos, sin excepción. 
"Ya estás en esto" le decía mi padre, refiriéndose a la repetición de curso "Pero no podí encerrarte en tu mundo. No vas a conseguir nada así. Debes ser fuerte y echarle para adelante, no más. La vida es así y no podemos echarnos a morir porque fallamos otra vez. Hay que persistir y si es necesario volver a caer, te caes, pero hazlo sabiendo que diste todo de ti"
Cuando don Karev habla, nadie más lo hace. Su tronante voz hace que los corazones se recojan.
Ignacio asintió, dispuesto a tomar el desafío, espero. 
Ojalá que sepa que todos estamos apoyándolo, esperando a que triunfe, aunque nadie lo diga.

jueves, 3 de marzo de 2011

Día 26: Buen Aniversario

Nos detuvimos en el semáforo del Monserrat. No le dije nada porque sabía que su paladar no era de cursilerías o cosas parecidas. No era importante para ella escuchar de mi boca lo que mi corazón decía. Era tercera vez que salíamos. Mucho menos me quería escuchar. El rojo fue inusualmente largo. Me tomó la mano y apoyó su cabeza en su brazo posicionado sobre la ventana del piloto del vehículo. En Eyzaguirre no había otro auto.
"Te eché de menos, Karev" dijo con los ojos brillosos.
Dio verde.
Me soltó, sin yo poder decirle algo y avanzó en primera. En eso un camión chocó nuestras vidas. Nos volcamos entremedio de vidrios rotos y fierros retorcidos. Jugué mal las cartas y la perdí.

"Chica" le dije desde mi ventana "Llámame"
Se acercó a la caja 16 y levantó el auricular del teléfono de facturas. Marcó el 2240 y mi teléfono de escritorio sonó. 
"Deja de bostezar" me dijo. Desde donde ella está me puede ver en la oficina de informática.
"Es una lagaña" le dije, rascandome el ojo "Oye, no voy a poder ir a almorzar contigo" 
"¿Por qué?" preguntó extrañada.
"Josy me dijo que tenía que ir ahora"
"Pero si ella está en contraloria" me interrumpió.
"Sí, pero sigue siendo la jefa de informática. Lo que pasa es que después tengo que volver a terminar los informes y tengo que ir ahora a comer"
"Pucha... bueno. Tendré que ir con la Eli"
"Si... oye... eeemmm... vamos a estar de Aniversario" le dije
Se giró a mirarme con una nerviosa sonrisa en el rostro. Obviamente no sabía de lo que hablaba.
"¿De qué?" me preguntó.
"Aniversario... cumplimos un año..."
Obviamente, a los oídos de cualquier persona, escucharnos decir que iremos a celebrar el aniversario de nuestro primer año da para pensar que celebraremos un año de relación, y de ser así tendría que haber dicho que hubo un receso y que no hubo descuento de tiempo, que estuvimos con parejas distintas y bla bla bla. Pero no es así.
"¿Un año?" me preguntó.
"Sí... un año"
"¿Cuándo es?"
"El año pasado fue un martes, pero ahora cae día miércoles" le dije.
"¿Querí ir a tomar?" me preguntó riendo.
"Obvio. El domingo que viene, hace un año, a eso de las once de la noche, te bajaste del colectivo. Así que el próximo miércoles, hace un año, fue cuando terminamos... bueno, en realidad, cuando tú terminaste conmigo"
Rió más y luego un silencio la abordó. Me miró y me dijo.
"Bueno, vamos a tomar"

martes, 1 de marzo de 2011

Día 25: La Desconocida

Inerte me doy vueltas por la casa. Es de madrugada. Un perro nervioso ladra a lo lejos. Las ideas divagan, deseosas de mezclarse en un momento único. Tanto silencio, parece haber detenido el tiempo. Pero mañana, por una obligación desconocida, hay que empezar a vivir una vida...

Fue movido por un deseo gigantesco. Tan inmenso, que transformó la realidad y lo dejó en aquel fragmento de tiempo. Era aquella calurosa tarde de sábado. El suceso ya estaba encima y sólo restaban unos diez minutos y un poco más para que ambos se conocieran. Sabía que era la única parte de su mente que tenía la capacidad de poder viajar por el espacio-tiempo y muchas cosas más. Por eso estaba ahí. Karev había logrado controlarlo y ahora tenía una misión entre las manos: evitar el momento. El problema era que al cambiar el hecho, otra vida se crearía y él se iría con aquella realidad. Aún así, el deseo de su dueño era más fuerte. Me contó que lo vio subirse al colectivo y la desesperación lo abordó.
No lo pensó y corrió a detener un vehículo.
"Es un recuerdo y somos propietarios de él. Podemos hacer lo que se nos antoje" me dijo.
"¿Qué chucha te pasa, güeón? le gritó el chófer acongojado. 
"Bajate altiro, conchetumare" le dijo Demian, mostrandole su arma.

No hay fuerza más poderosa en el Universo que la desesperación de una obsesión. Quería que la suya por quedarse con nosotros fuera más fuerte que la de Karev por no conocerla, pero la del jefe ganaba.
"Estoy seguro que Karev no tiene idea que pasó. Estoy seguro que no sabe que estuvo a punto de perderme" me decía apenado.
Cuando se suponía tenía que chocar el colectivo en que iba Karev, logró apagar el motor del auto y volvió a la realidad. No cambió nada. El jefe la conoció.

lunes, 24 de enero de 2011

Día 11: El Pasado Eterno

Su sonrisa siempre me atrapa. Se alisó el pelo para la ocasión. Sus ojos resplandecían como nunca. La abracé fuerte y le deseé un feliz cumpleaños. Brillaba como una estrella fugaz en el firmamento. Era el centro de la atención y despedía una contagiante estela de felicidad. Era su día y en la fiesta concurrida, llena de rostros amigos, ella era la protagonista.

Recuerdos de niñez me atraparon la mañana que Jack me llamó. Abría la puerta para entrar a buscar su cartera y David me decía que la habían dejado afuera, en la banquita al lado de la puerta. Era la última vez que lo vería. De eso hace más de un año y medio. Ahora mi amigo me contaba sorprendido por el celular que hace unos días le había golpeado la puerta. Lo último que habíamos sabido de él era que Nadia, su polola y conviviente, estaba sufriendo una devastadora enfermedad y que tuvieron que volver a El Puelche, porque los gastos médicos de ella absorbieron todo el dinero que tenían y no les alcanzó para pagar el arriendo.
"Güeón, le dio cáncer" me dijo Jack.
El metro, lento y ruidoso, se sumergió en las profundidades del túnel que conectaba con estación Vicuña Mackena, y todo fue oscuridad. Al frente mío, una rubia asqueada observaba mi cara de impacto. 
"¿Y cómo está?" fue lo único que pude preguntar.
"Está bien. Pero casi se nos va, Karev" dijo Jack.

"Entonces disfrutó harto las vacaciones" le dije.
Su hermana tecleaba incesantemente el teclado, como hipnotizada por la pantalla o poseída por ésta.
"Siii" contestó.
Y ese momento incomodo de silencio nos atrapó sin dejar que nos defendiéramos. Nadie dice nada y a la misma vez ambos buscamos qué preguntar. El problema fue que él ganó el duelo con una pregunta que me descolocó a tal punto que casi caí de hocico al suelo.
"¿Cómo está Jack?"
"Eeeh-ee... está bien. Se quedó en casa con don Jack porque están solos los dos en casa" respondí, rogando que no haya notado el titubeo.
"Aaah" contestó.

"Al principio le dijeron que era una amigdalitis. Pero después siguió con los dolores en la garganta y comenzó a sentir mareos. Así que se pagó una consulta por la isapre y ahí le pillaron el linfoma en la garganta. Estuvo seis meses con quimio, güeón" 
La gente subía y yo no podía decir nada. Era segunda vez en menos de un año que sabía que un amigo se había sometido a un tratamiento tan nocivo como la quimioterapia y no estuve ni siquiera cerca de enterarme. A demás, David no era cualquier amigo. Eramos íntimos, fraternales. Tan sólo pasó el tiempo y nuestras vidas tomaron rumbos en direcciones garrafalmente distintos y la comunicación se perdió. Una serie de eventos desafortunados. Sin embargo, creo que es normal perder a personas en el inicio de la toma de riendas de nuestras vidas. Mal que mal, nos enfocamos más en otras cosas. 
"¿Ahora está bien?" le pregunté.
"Si, pero te tengo otra noticia"
"¿Qué pasó?"
"Va a ser papá"

"¿Y el peor es nada?" le preguntaron.
No supo contestar. Me quiso mirar, pero decidió no girarse.
"Esta noche estoy soltera"
"¿Y tu amigo?" me atajó Betsabeth, pasándome un vaso de vodka con Sprite.
"No vino" le contesté cortante.
"Si sé que no vino" me dijo íronica "¿Por qué no vino?"
"¿Cómo tan agüeoná?" le preguntó Guzt y luego se giró a ver a Isabella.
Betsabeth sólo pudo descargar una mirada de aceptación.

Nadia tenía ovarios poliquisticos. Es decir, las posibilidades de concebir a un bebé eran casi nulas. David logró acertar al pequeño porcentaje y ahora un pequeño Davicito viene en camino. 
"Nos queremos juntar todos. El Juan, el Pardo y el Veas. Es hora ya de reencontrarnos, y hacer un asao" 
"Obvio po'" le dije contento. 
No hay nada como los reencuentros. 

viernes, 21 de enero de 2011

Día 10: Pasos (Parte 2)

“Es una cuestión de lógica” decía Dones “Te tomaste dos años de soltería cuando estuviste con Alejandría, con la cual duraste nueve meses, y cuando duras dos años en una relación, no te das ni siquiera dos horas para estar solo”
“Sólo ocurrió” me defendí.
“Es que no debería haber ocurrido. Deberías haber seguido tu proceso para poder reestructurarte. No tenías sensibilidad. No tenías tacto. Dos años de relación, contando los últimos meses para el olvido, te dejaron sin nada. Pero tú te quisiste involucrar con la señorita Yyy y no hubo rango de tiempo de reconstrucción. Ahora, no debes pensar que es algo que todos necesitan, pero lamentablemente a la mayoría le ocurre igual. Todos necesitamos de un tiempo para poder pensar en uno y volver a encantarse de querer estar con otra persona”
“¿Pero como yo no me di el tiempo entre Joan y Belén?” preguntó Guzt “Y lo más bien que lo pasé”
“Pero es que vo erí un caliente de mierda” le dijo Dones.
“Hombre. Soy hombre. Tengo libido. Algo que tú no tienes”
El sensato se giró hacia mí, ignorando al inmaduro de Guzt.
“El problema es que te volviste a equivocar cuando, después de terminar con Yyy, empezaste a pololear con Xxx. Más acabado estabas. Y tres meses después del fin de la dolida y destructiva relación con ella, estando en tu punto más bajo, comenzaste una relación con Zzz. Entonces… ¿De qué estamos hablando?”
Dones, dueño de la palabra y la razón, hablaba de pies sobre una base indestructible y argumentos con un peligroso filo. Sin lugar a dudas había logrado elevarse y observar desde las alturas el problema, cosa que yo no había podido.
“¿Entonces?” le pregunté, entregado a su idea.
“Yyy nunca debería haber existido en el tiempo que existió. Deberías haber esperado. Xxx era la indicada, pero como lo tuyo con Yyy había terminado hace poco, tampoco debería haber existido. Y para qué vamos a hablar de Zzz. Ella recibió los escombros de Karev. En resumen, estas últimas tres relaciones no deberían haber existido en el tiempo que vivieron” decretó.
Sumido en el silencio y bajo la mirada de ambos, me quedé encajando la idea, que aunque lo negara, era totalmente cierta. Ignoré mis pasos y ahora estaba ahí, buscando la luz, esperando a que un milagro me quitara la angustia, la que se fue borrando a medida que entendí que era lo que venía ahora.
“Debo estar solo”
“Por un buen tiempo” me dijo Dones “Ni siquiera tienes las fuerzas para pensar en otra persona, entonces ¿Para qué imponerselo?” 

viernes, 7 de enero de 2011

Día 4: Sub-Mundo

Dones y yo no nos podimos mover. Guzt nos quebró el equilibrio y se abalanzó sobre el cuello de Jack. Ambos cayeron de bruces al suelo y comenzaron a forcejear. Traté de separarlos, pero Dones me detuvo.
"Él necesita esto, Karev" me dijo apenado.
"¡Imbecil! ¡Idiota! ¡Eres un maldito idiota!" le gritaba Guzt con desesperación.
Jack logró sobreponerse y lo azotó contra el suelo.
"¡Escuchame!" le gritó Jack. "Queremos darnos una oportunidad. Ella quiere que confíe" dijo, buscando calmar la agitación de su respiración.
Por un momento la calma se hizo de las mentes y los tres tratamos de entenderlo, porque las caídas y las levantadas habían sido tantas, que resultaba difícil entender el nuevo retorno después de todo lo que había pasado. El problema era que Guzt era el más exaltado de todos, y no hayaba la forma de encajarse la pieza "Reconciliación", así que tomó nuevas fuerzas, se levantó y se abalanzó sobre Jack otra vez, dejándolo estampado bajo un seco ruido contra la pared.
"Muy bien. Tomaste tu decisión. Y la respetamos. Ahora tu respeta la nuestra. Nos aburrimos de seguir viendo como te hundes en la mierda. Así que ahora en adelante no queremos escuchar más del tema ¿Okey? Y no pidas más consejos y ni una mierda. Arreglatelas solo cuando llegue el momento en que caigas otra vez. Porque volverás a caer. Y la caída será más fuerte, teniendo que tú, solo, tener que volver a pararte. ¡Solo!"
"Guzt, calmate" le dije. "No sirve de nada gastar palabras una y otra vez, porque en un tiempo más nos vamos a ver en la misma situación"
Al parecer lo dicho calmó al orgulloso y se alejó del caído, siempre manteniéndole la mirada de desprecio y decepción. El sub-mundo por un momento se ahogó de calma otra vez. A lo lejos, en los pasadizos que daban con aquel oscuro y húmedo cuarto, se escuchaba el incesante caer de gotas y el cliqueo de las patitas de ratas asquerosas filtrándose por las paredes. Jack se recompuso, se ordenó la polera que Guzt había desordenado y volvió a levantarse. Obviamente no quería quedar con las palabras en la boca.
"Sé que no tengo el apoyo de ustedes" dijo "Lo acepto..."
"¿Y qué más querí, güeón?" le preguntó Guzt, interrumpiendole "¿Qué te aplauda? Te aplaudo po', culiao" le dijo y comenzó a aplaudir con fuerzas e ironía.
"Dejalo terminar" le detuvo Dones.
"Esto es mío. Me quedo con esto" continúo Jack. "Yo lo quise. Yo lo decidí. Si me voy a la mierda, me voy. No hay que hablar más del tema. Sólo me queda pedirles disculpas por todos esos momentos en que les pedí ayuda. Por haberles calentado la cabeza"
"No pidas disculpas" le dijo Dones.
"Disculpate a ti mismo" lo atacó Guzt.
"Prometiste..." le dije y algo me impidió seguir. Era aquel incomodo nudo en la garganta, ese que aparece en el momento menos apropiado "Prometiste tantas cosas, Jack... Yo sólo quiero saber dónde quedaron todas esas promesas ¿Qué querí que pensemos nosotros ahora?"
"Si este güeón no tiene idea donde está parao" lanzó Guzt.
"Sé que piensan que soy un imbecil. Lo sé. Sé que piensan que soy un conchesumadre. Que las estoy cagando otra vez. No tienen para que resfregarmelo en la cara, amigos" trató de defenderse con una voz tambaleante.
"Amigo no es el que te dice 'sí' a todas las cagás que te mandai" le dijo Dones.
"¡Lo sé, Dones!" gritó Jack, desesperandose. Eran demasiado los ataques "Sé que siempre han estado ahí. LO SE. Y es porque son los únicos güeones en esta cagá de país en los cuales confío. Cuando les pedí consejos, siempre hubo uno para mí. Y cuando me dicen las cosas, sean malas o buenas, me las como calladito. Ahora aperro solo. Lo sé. Lo tengo más que claro. Así que no los voy a güebiar más. Nunca más los voy a molestar"
Se había revestido con un escudo. Jack pensaba que lo queríamos hundir. Estaba equivocado. Lo queriamos sacar de aquel sub-mundo y llevarlo a la luz. Enseñarle a volver a caminar otra vez. Que pensara que era un espinilla en el culo era un error.
"No es que nos molestes" le dije "Eso nos da lo mismo. Lo que pasa es que nos duele verte sufrir ¿Entiendes? Duele. Duele más que la mierda. He pasado noches tratando de hacer que nunca se hayan conocido. Por ti. Porque te jodiste la mente y la vida y te hace ser nada. Me da lo mismo que pidas el consejo una y otra vez, Me da lo mismo que te caigas por un sueño. ¿Pero verte sufrir por esto? No... No lo aguantamos. Es tu dignidad la que se perdió. La que no está. Y yo te amo, güeón. Te lo juro. Pero ya no más. Es suficiente"
"Sé que están agotados. Cansados..." dijo.
"No estamos cansados" le interrumpió Dones "Estamos dolidos. Pero necesitas esto. Estar sin un apoyo... Caminar solo"
"Yo lo único que necesito es entederme a mi mismo. Y si eso incluye caminar solo, lo asumo"
"Sin nosotros, quizás entiendas mejor" le dije.
La oscuridad llenó el sub-mundo. El aire desapareció. Y la luz no entró.