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lunes, 1 de abril de 2013

Día 239: Planeta Grande

Silencio en la línea. De pronto el mundo es muy grande y silencioso. Un amargo trago de saliva se escurre ardiente por mi garganta. Sé volar y le ordeno a mi cuerpo salir disparado por la ventana del cuarto, pero nada de eso sucede. Sigo sentado en la silla. De fondo sólo se percibe el zumbido de una zapatilla de enchufes conectada hasta el tope; la energía pasando a una alta velocidad. Con el dedo índice y pulgar me peino las cejas, cerrando los ojos con fuerzas buscando dejar en blanco la mente y esperando que de pronto aparezca la solución clara y brillante. Pero tiene razón: no puedo resolverlo todo. Y volar es una bala trabada en una pistola llamada impotencia, caliente por disparar hasta más no poder. Entonces "Retroceder el tiempo" se esconde como un cobarde. Nada sirve en un momento así. Miro el cielo hacia el sur entre las persianas del cuarto y un manto de nubes marrón oscurece más la penosa escena. Estoy solo y con las manos vacías, qué extraña sensación. 
El hermano de Elizabeth falleció. Era autista. No supo explicar qué tenía. Cuando llegó al centro asistencial el día jueves, los doctores declararon una gastritis  Lo devolvieron a casa. Preocupada, mamá lo volvió a llevar el día viernes. Ahora a una clínica con las esperanzas de tener un diagnóstico que explicara porqué el pequeño no tenía apetito, no jugaba y en ocasiones perdía el equilibrio. Claramente no era gastritis. Los médicos, profesionales y personas de vocación, declararon la presencia de una otitis, haciendo caso omiso al dolor de cabeza que reclamaba el niño tocándose la misma. La madre pidió exámenes más rigurosos. Una otitis no hace que un niño pierda el apetito o el equilibrio. Pero los doctores expresaron: "Es complicado tratar a un paciente con las características de su hijo. Un autista no se dejaría examinar" y se negaron a chequearlo una vez más. 
"Podrían haberlo sedado" pensé mientras Elizabeth relataba lo sucedido.
Mamá e hijo volvieron a casa, en paralelo una infección comenzaba a comerse lentamente el cerebro del hermano de mi amiga.
Son las dos de la madrugada de un frío sábado. La dueña de casa se levantó a ver cómo estaba su pequeño. Al tocarlo, éste último no reaccionó. Su cuerpo estaba helado. La infección había hecho lo suyo.
A las cuatro de la madrugada el celular de Elizabeth sonó en medio de la oscuridad. Era su abuela con malas noticias. 

Lo más fácil es rendirse. Es el camino más corto. El atajo. Y como el atajo da más rápido con el final, seria lo más fácil de tomar. Pero se lo impido. En mis manos sólo tengo un celular y palabras que quizás de poco y nada servirán. Poco puedo hacer. Me dice que tiene que colgar. Ni siquiera la puedo abrazar. Su madre la necesita. 
"Pinchame si necesitas algo. Lo que sea" le alcanzo a decir.
"Yo te pincho"

Que planeta tan grande.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Día 221: El Deseo

Cuando cerré los ojos para pedir el deseo antes de apagar la vela de mi torta, me costó creer que pedí:
"Que todo siga igual, por favor"

domingo, 23 de diciembre de 2012

Día 220: El Reemplazante

El reemplazante es un tipo de mirada sincera y sencilla. Me saludó fijándome una inquisitiva mirada, con un sutil apretón de manos, queriendo decir "Sé quién eres" Yo le sonreí disimulado, diciéndole "Yo sé también quién eres tú"
Durante la velada le clavé tres cuarto de mi mirada. Caballero se acerca. Delicado la toca. Sensual le dice algo al oído. Debería haber saltado sobre su cuello como el mejor ninja y debería haberle rebanado la yugular, tomar su cabeza y llevarla a la mesa, pero algo me detiene. El verla a ella me detiene. Casi un año después noto que la historia cambió y regreso atrás no hay. Ella es feliz. Él la hace feliz. Y eso me deja tranquilo. 
Algunas historias terminan. Otras empiezan. Emilia se queda dormida en mi pecho.

Me llama tarde al celular. Se da trescientas mil vueltas para preguntarme "¿Hubo alguien?"
Con un dolor en el alma le digo "No. No vi a nadie"

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Día 213: Esta Noche

Esta noche me acuesto titulado legalmente en el sistema de educación chilena. Poco emotiva ceremonia. Mis viejos sentados en las filas de sillas de más padres que orgullosos o no esperaban a que sus hijos bajarán con el cartón. Me pregunto en estos momentos si ese es el sentido de la vida, recibir un cartón, ser aludido por tus pares, ser reconocido. No es  sentido de la vida. Entonces arriba del metro voy buscándole el sentido a todo esto. Terminaban dos años y medio de qué. ¿Son dos años y medio? ¿No serán catorce años de camino? No me quiero dejar atrapar por las encrucijadas del ser, del a dónde vamos. No soy así. Me relajo esta noche. Me tiendo sobre la cama. Después de serlo todo, soy nadie. Después de darlo todo, no tengo qué dar. Termina un ciclo larguísimo. Es algo parecido a saltar del avión ¿Abrir o no el paracaídas?
Es cuando recuerdo que estos dos años y medio sólo son la piedra de una muralla que recién comienzo a levantar. La verdad me trae tranquilidad. 
Al frente varias puertas por abrir. En mi mano no hay llave alguna. Ya llegará.
  

viernes, 16 de noviembre de 2012

Día 212: Pedazos de Tiempo

Viejos recuerdos. Antiguos momentos. El hombre en la etapa senil es cuando más los experimenta. ¿Por qué? Será que el cerebro seco comienza a tocar lo que está en el fondo del basurero. Las primeras experiencias. Las guerras que cambiaron el mundo. El primer amor. El largo camino a la escuela por el barrial y los pajaros que van volando hacia la cordillera. Desde la persepción hasta los confines de los baules sucios de la memoria, caminos van conectandose con resistencia hasta edificar el recuerdo, sus sonidos y los aromas, las sensaciones y las voces.
Yo soy bueno en eso como terrible para recordar lo que hice hace quince minutos.

Pasó por mi lado, me deslizó una desinteresada mirada y siguió con su paso. Me giré para ver en qué asiento de la micro se sentó, recordando y sintiendo que nuestro lazo había sido de alguna manera especial. Miré hacia el frente procurando olvidar su presencia, ya que como me ha ocurrido el último tiempo, ella no me había recordado. Lo primero que se me vino a la mente fue su rostro sin igual. El terrible momento de un accidente o la tragica consecuencia de una mal formación en el periodo de su gestación le habían dejado una hendidura en su mejilla izquierda, afectando el ojo y el pomulo del mismo costado y parte de su mandibula superior. Sin embargo, tal falencia en su cara no impedían que el brillo y calidez de sus ojos despidieran el reflejo del alma de una mujer con un corazón y bondad gigantescos. Algo me hizo bajar de mi asiento.
Caminé siempre observandola, esperando tocar alguna fibra de su memoria, pero nada. Entonces me pregunté si era yo el que había cambiado mucho o tenía que esperar poco de una mujer que todos los años graduaba a más de cien hombres. La segunda opción era la más aterrizada. Me senté al frente de ella. Comenzó a incomodarse. Yo no sabía cómo hablarle. Quizás pensaba que me estaba fijando en su falla facial, admirandome de algo tan horrible. Pero no era así, estaba observando la ternura en sus ojos que no se degradaba con el tiempo y el del cómo una mujer lograba verse bella con solo destellar un aura de paz.
"Disculpe ¿Usted fue profesora del Borgoño, cierto?" le pregunté.
De inmediato me sonrió.
"Todavia" me contestó.
"Yo fui alumno suyo" le dije "En tercero y cuarto medio"
Su sonrisa se dulcificó más. Sus ojos se rebalsaron en ternura.
"No me acuerdo" declaró.
Sonreí para mis adentros. No podía pedir recordar memorias de pedazos de tiempo perdidos en los millones de segundos que separaban a la escena en donde ibamos viajando con la de ella enseñandome castellano.
"Inclusive fui ayudante suyo" le lanzé para ver si picaba el recuerdo.
"Generalmene los alumnos que son mis ayudantes son muy sobresalientes." exclamó.
Entonces tampoco recordaba que confabulé en contra suya para boicotear una de sus pruebas semestrales.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Día 209: El Intento

Jack:

Querido Jack. ¿Por dónde parto? Quiero partir contándote que a continuación te relataré la triste y penosa historia de un experimento, de un intento, de una teoría, de una hipótesis. 
¿Cómo partió? Partió a base de dos pensamientos. El primero y el que tiene directa conexión contigo, era el de probar salir y relacionarme con otro circulo totalmente diferente al que habíamos creado los dos. (A la mierda el vocabulario correcto). Carretear y compartir con personas diferentes a las que venía viendo hace tantos años. Y el segundo, más que un pensamiento, era una espíritu de escape. Quería borrar algunos malos sucesos del día.
El lugar del intento fue en la casa de Elen ... ¿Te acuerdas de ella? Supongo que sí. La wueá es que llego con dos botellas de cerveza. Naturalmente te conviertes en el "observado". Los ojos del pequeño grupo te recorren el cuerpo, la sonrisa, la forma de hablar y el modo en que miras. Se genera la primera impresión, acompañada del tono de voz. No hablo como hablaba contigo. Es decir, no digo "culiao", "maricón", "saco wuea" y todo el resto de garabatos que te decía a ti. Sonrío como siempre eso si. Tampoco hay que aparentar ser de otro planeta. Ser nuevo significa también contar pedazo de tu historia personal. En eso se gasta tiempo. Hay más miradas serias y contemplativas que risas y tallas. Y hay que ser reciproco. O sea, preguntar qué hacen los que te preguntaron a ti. Y mientras van pasando los minutos, los deseos de tenerte al lado con un vaso del mismo copete que yo estoy tomando van creciendo. Tener de la mano a Emilia. Escuchar la risa de Isabella. Pero nada de eso está. Entonces busco no desconcentrarme en el momento de integración. El círculo ya no es tan desconocido, pero aún así me siento un extraño.
La anfitriona pasa y me baila un rato. A esas horas el carrete ya está más poblado. Personas que no saludaste comparten cerca tuyo. Yo voy en el vaso no sé cuanto de no sé qué. Ya he compartido más risas, más vivencias y más anécdotas. Bailo con otras personas. Río más. Pero cosas tan buenas tienen como destino un rápido final. De pronto me encuentro sentado en un silla, escuchando temas que no me interesan y ya el círculo deja de importar. Fue un buen intento.
Tomo mi chaqueta. La dueña de casa borracha se cuelga de mi cuello y se despide. Me dice que la llame cuando llegue. Con vergüenza te declaro que son las tres de la madrugada. Debería estar contigo arreglando el mundo aferrado al borde una mesa y un vaso de chela. Pero no, voy bajando avenida El Peral. Voy solo. A mi derecha casas se pierden en la inmensidad de las calles y los techos. A mi izquierda parsimonioso un océano de grillos  se hace presente como el único sonido perceptible. Voy pensando en las tamañas estupideces que a estas horas deberíamos estar conversando.
En estos momentos me siento un tanto patético. Y me río, me río de mí.

Fue un buen intento. Por lo menos las imágenes se van quedando pegadas cuando muevo los ojos. Eso quiere decir que llegué lejos.

viernes, 5 de octubre de 2012

Día 202: El 14

Cuando me bajo del taxi, el primer recuerdo que me detiene es el de la escena de ella corriendo lejos de mí. Moría por tener un auto y romper las calles para ayudarla, pero lo único que tenía en mi billetera era el pase de básica de Pablo. Debería estar tomando la micro, pero prefiero verla hasta que se pierda de mi vista. Prometí nunca más dejarla sola.
Ahora camino medio ansioso, medio apurado, con su regalo colgando de las manos. La noche me acompaña cómplice, como Isabella al celular. Hace unas dos horas había terminado de cruzar todo Santiago para llegar ahí. Hace media hora la había llamado para asegurarme que no se durmiera.
Me senté en una banca en la plaza de la esquina de su pasaje. Está medio dormida, medio despierta, esperando a que llame. Esperando a que coma. Esperando a que descanse. Esperando a verme, porque el miércoles había sido un día medio raro, pero por raro que sea, se queda. En una moto scooter llegan dos hombres. Se escabullen en la oscuridad y comienzan a perderse en el vicio.
Yo estoy a unos diez metros de ella, tratando de explicarme porqué la amo tanto, recordando que ella ya había dejado de hacerse esa pregunta. Ella está en el sillón pensando que estoy a cincuenta kilómetros. Hoy es una noche dulce, de sorpresa, una noche para olvidar que somos humanos. Es una noche para pensar que somos algo más.
Marco su número en el celular.
"¿Por qué no sales a la calle? Estoy afuera de tu casa" le digo.
Ella no me creyó... hasta que llegó a la reja.

martes, 2 de octubre de 2012

Día 201: Cabro Chico

Y para llenar el vacío de las Navidades, me compro cosas por internet con despacho a domicilio.

No hay sensación más exquisita que pasar el día entero esperando a que el regalo llegue a la casa.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Día 200: Pasión

Mi vieja me cuenta que cuando tenía cuatro años, me escondía en mi pieza y en voz alta relataba historias que se me venían a la mente.

Si no es pasión ¿Entonces qué es?

sábado, 22 de septiembre de 2012

Día 198: Extraño

Encuentro absurdo y contradictorio ese llano deseo de querer que las cosas sean como antes. Es como decir "No estoy contento con lo que estoy viviendo" Algo parecido a embellecer el sentimiento de arrepentimiento con algún suceso especifico de la vida. Creo que es mejor decir que a veces extraño momentos e historias que se escribieron de forma natural. Echo de menos aquellas situaciones que nacían de buenas intenciones y de problemas fortuitos. Tardes de libertad, llenos de energía, de risa. Noches eternas hasta el amanecer y con ganas de más. No había barreras.
Entonces de pronto crecimos y en cinco años sucedieron tantas cosas, que creo que nos costó darnos cuenta. Nos subimos al tren de la vida, sin frenos, apostando a acertar o a equivocarnos. 
Y hoy, hoy se va deteniendo y al final ya podemos ver cuanto camino hemos recorrido.

Emilia tocó esos recuerdos que se extrañan y que con ganas se quieren volver a vivir. Mientras dormía, yo me quedé pensando que hermoso sería volver a escuchar a Isabella. Quizás no lo recuerda, pero una vez me la pillé en un carrete de dueños desconocidos y estuvimos horas hablando de los problemas, colgados de un vaso de ron, buscando darles solución.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Día 197: Tradición

Fiestas Patrias 2009

Entrando a Septiembre, pensé que la tradición no iba a ser tradición. Jack a miles de kilómetros en Arica iba a dejar de ser participe, y con él ya no iba a ser tan tradición. Iban a ser cuatro años de las fondas en Calera y al parecer Isabella y yo íbamos siendo los únicos miembros vivos de la instancia. Pero Bonita, tan terca y porfiada, siempre en contra de las leyes, realizó una congregación y compró los pasajes de avión que traen a mi amigo de vuelta.
Ahora juntos salen a comprar una bebida para acompañar el almuerzo del 19, día de las glorias de las fuerzas armadas.

De mil hoja fue la torta que compré junto a Emilia para celebrar el cumpleaños de mi vieja. Y aunque escondió como media hora la vela para que no le cantáramos los 47, al final igual disfrutamos del manjar de pastel. Entonces mi madre se pilla con esa etapa en que le avisan que está pronta a cumplir la mitad de siglo y que de ahí para adelante es sólo una cuenta regresiva y un aviso; es corta la vida y hay que disfrutarla.

Jack llegó a eso de las ocho de la noche a Santiago. Su vuelo sufrió un desperfecto técnico en Iquique. Estuvo dos  horas esperando a que se resolviera. Lo saludo con el mismo apretado abrazo de hace tres meses. Ahora está más compuesto. Más presente. Victima de un cansancio obvio y de un tostado característico del norte de nuestro territorio.
Y aunque costó, pero salió, a eso de las once de la noche junto a Isabella, su madre y su hermana, Jack y su madre y Emilia y sus dos hermanas, nos encontramos compartiendo el tan amargo Terremoto con algo de granadina para suavizar. Iba terminando así un fin de semana largo algo necesario. Un respiro en medio de la historia que tan rápido se precipitó. Una regresión exquisita a los origines del grupo, con la importante presencia de mi ángel.
Al final de la noche, después de compartir un té con los pollos, fuimos a caer a la cama en un merecido descanso. Las horas pasaron. La luz volvió a cubrir Santiago. Emilia estaba de nuevo ahí. No necesitaba nada más.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Día 196: Déjalo

Estoy despierto en medio de una noche fría y silenciosa. Son quizá la una de la madrugada. Concentrado en el notebook me encuentro, cuando escucho a Ignacio quejarse lenta y prolongadamente del frío. Le pongo atención al sonido que, aunque normal, me pone en estado de alerta. 
Sin perder el tiempo, el camarote en donde duerme comienza a azotarse de menos a más, como si de un terremoto se tratara. Mas alerta me puse, esperando sentir a que mi cama comenzara a moverse con el vaivén del sismo. Pero nada de eso sucede. Es sólo el camarote de Ignacio que se sacude con violencia y energía. Es sólo él. Es él. 
Lanzo el notebook para quitarme las tapas de la cama. Salto de la cama. Abro la puerta. El camarote se golpea con fuerzas contra la pared y el closet. Cuando voy cruzando el pasillo, le doy un grito a mi mamá. Abro la puerta, enciendo la luz. El cuerpo de Ignacio me da la espalda. El cuerpo de Ignacio parece estar sufriendo una descarga eléctrica de alta energía. Me subo a la cama de Pablo y lo tomo de los hombros. En ese llega mi papá y dice 
"Dios mío" lo dice quebrándose al final.
Mi viejo no se quiebra. Eso no existe. Mi viejo no se cae. Mi viejo no se derrota. Mi viejo es puro fierro y hierro. Una muralla impenetrable. No conoce la palabra "perder". Esto es una maldita pesadilla de Lovecraft, pienso. Y como todo está en el piso, lo único que puedo hacer es salirme y llegar mi pieza. Pablo me toma de la mano y me acompaña.
"Tranquilo, hijo" le dice mi padre.
Mi padre nunca nos dice "hijo". Por primera vez siento que estoy en un mundo paralelo. 
Entonces vuelvo a la pieza. Ahora la convulsión es más leve, pero sostenida. Me acerco y le observo los ojos. Su mirada esta fija, perdida en algún error de su cerebro. Es cuando noto algo terrorífico. No respiraba.
"No respira, papá" le digo
Mi viejo asiente. Hay que esperar.
Llévate mi vida, pienso. Llévate mi vida, que él no se merece esto. Déjalo respirar. Para con esto. Por favor, para con esto. Suéltalo. Déjalo respirar.
Pablo me mira y asustado se pone a llorar. El camarote aún temblaba. Ignacio aún no podía respirar. Todos estamos esperando, esperando a que el siguiente segundo decidiera qué iba a suceder con él. Yo no puedo resistir. Me tapo los oídos y decido que el desenlace que pienso no es el que quiero.
En eso se escucha una manguera succionar los fragmentos de una limpieza bucal en una clínica dentista. En eso se escucha una cañería mal tapada. En eso se escucha una aspiradora tratando de tragar mucho polvo. En eso, alguna parte consiente del cerebro de mi hermano decide que aún no es tiempo y que hay que respirar. Entonces su vía aera se abre y el aire comienza a pasar.
El camarote se dejó de mover. Sus sistema muscular se soltó. 
La noche se silenció más. 

domingo, 12 de agosto de 2012

Día 187: Título

El título del correo reza "Resultados Examen de Título Carrera Técnico en Telecomunicaciones"
Si el corazón late a 120 pulsaciones por minuto, el mío era el motor de una locomotora. 
El primer recuerdo que dispara mi mente es el del día cuando entré por primera vez a una clase en DUOC. Un tipo delgado, de terno y lentes me hace pasar. Me siento no sabiendo todo lo que iba a vivir.
"Tú eres el mas inteligente del mundo" me alentó Emilia.
Sin pensarlo tanto, abrí el correo. No quise respirar. Quería correr, cerrar los ojos, saltar y sentir la tierra tocando mis pies al otro lado del abismo otra vez.
Instintivamente, mis ojos se focalizaron de golpe en la palabra destacada en rojo "Reprobado" 
Recordé las horas sin sueño. Las horas de estudio. Los segundos que pasaba tratando de concentrarme en leer y no en pensar qué iba a pasar si no aprobaba. Pensé en la primera prueba; un fiasco. Pensé en la segunda; una inyección de tranquilidad. Y recordé la tercera; una base de confianza.
Leo los rut's de los reprobados. Sólo hay uno que parte en 17 millones. Los otros dos comienzan en 16 millones. Leo tres veces el rut que parte con 1 y 7. No es el mío. Quiero levantar los ojos y ver la miradas de todos los que esperaban el resultado y sonreírles. No decir nada más. Quiero entrar a mi pieza y caer de espaldas sobre mi cama. Quiero levantarme, salir al balcón y ver el mar, mientras que ella me atrapa con un abrazo y un beso en el cuello.
De bajo de un lamentable 3,6 está mi 5,2. La segunda mejor nota del grupo. Lo único que puedo hacer es gritar. Mi pupilo me mira sonriendo.
"¡Me titulé!" y empuño las manos hacia el cielo.
Le agradezco a Dios, si es que me echó una ayudita.
Llamo a mi vieja. Llamo a mi viejo. Llamo a Emilia. Abro el notebook y le escribo a Jack. Esa misma noche deberíamos haber salido con Isabella a tomarnos una cerveza para celebrar, como siempre lo hacíamos. Pero sólo puedo escribir.

Todo terminaba. Todo comenzaba.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Día 186: Otras Vidas

Emilia sueña que vive en tiempos inmemorables, cuando los vestidos eran grandes y los vehículos eran carretas tiradas por caballos, cruzando tierrales de caminos hacia la costa. Los hombres andaban con suspensores y las damas eran damas y las putas, putas.
Está tendida sobre una pradera de trigales, acompañada de un naranjo atardecer. Es entonces cuando aparece la silueta de un hombre que le da la espalda.
"No entiendo quién será" me dice intrigada. "No sé qué significa"
"Quizás en la siguiente vida, soñarás que estás en una fiesta en Diciembre y verás a un hombre que te está dando la espalda. No recordarás nada. Entonces te vas a hacer la misma pregunta que te estás haciendo ahora" le dije.

Emilia dibuja una pequeña curva en sus labios y sus ojos brillan como el filmamento más palpitante de estrellas. No es necesario que diga lo que siente.

sábado, 4 de agosto de 2012

Día 185: Así

Así cuando sonreías sin razón. Así cuando me servías con cariño un trago, mezclando el momento con conversación para disimular el nerviosismo de la situación. Así cuando me mirabas sin importar que el resto tratara de entender qué iba a pasar. Así cuando bailábamos rogando que hubiera un cariño casual. Así cuando no me querías soltar.

Así, cuando no quieres que el mundo siga girando y todos desaparezcan; así te quiero, y te voy a abrazar para ver si puedo hacer que el mundo pueda girar otra vez.

martes, 31 de julio de 2012

Día 184: Adiós Regimiento

Adiós Regimiento. Te dejo caminando. Al frente el horizonte plano y nebuloso me espera. No sé qué ocurrirá mañana. Tus brazos son protectores; nada me haría daño. ¿Pero es vida la vida sin sufrimiento? Me enseñaste a caminar solo, y te lo demuestro partiendo, dejándote atrás, silencioso y omnipotente. Me enseñaste lo que era el amor. Lo que era perderlo. Viví mis tiempos, mis procesos. Me dejaste hacer y deshacer. Saciaste mi hambre agresiva e imparable. Me mostraste que nada cambia, sólo se transforma para volver al origen. Me dijiste que no era malo. Sólo estaba herido. Necesitaba aprender. Me enseñaste, Regimiento y no sabes lo agradecido que estoy. Tus años me devolvieron la esencia. Me dejaron creer en mí. 
El tiempo pasó, querido amigo. Crecí. La oscuridad fue derrotada por la luz de mi alma. Son pocas las cosas que me pueden derribar. Ahora necesito saber hasta donde puedo llegar. Necesito aprender el doble. Sufrir el doble. Desilusionarme. Creer que el amor real no existe. Vagar por el libertinaje. Y volver al origen otra vez. Necesito saber hasta donde puedo llegar. Pero tranquilo. Tengo la suficiente fuerza y coraje para creer que puedo mucho más que cuando llegué a ti. Soy un niño en cuerpo de hombre, pero créeme que puedo deducir cómo es la vida. Deja que otros me enseñen a descubrir que hay más allá de tus cimientos.

Cuando vuelva, estarás orgulloso de mí.

Hoy, 31 de Julio, después de 3 años y medio, dejo Tottus Plaza Puente Alto 2, para embarcarme camino a la Central. Gracias a todos los que estuvieron en mis procesos. Nunca dejé de aprender y espero nunca dejar de hacerlo.

sábado, 28 de julio de 2012

Día 183: Ida y Vuelta

El tiempo y la causa dejó que viniera por dos semanas a la capital. Estaba flaco y negro. Su mirar no era el mismo. Estaba sumido en un misterio sin resolver, tirado al final de algún cuartucho olvidado. Hablaba poco, perdido en recuerdos oscuros, en posibles vidas, en posibles anhelos. Yo lo miraba de lejos. No lo quería invadir. 
El tiempo pasó. Se fue poniendo viejo, como dice la trasandina. Como tararea Emilia cuando sale el sol y después de ponerse. La sonrisa le abandonó la boca. El cigarro se adueñó de ella. Y un gesto de distancia me se paró de su lado. Me cobijé en la esperanza de Isabella, que tanto me calma con su temple y me dice que lo esperemos.

Ahora llamo a Jack. Está en el aeropuerto. Entonces asumo que ahora sí no sabemos cuándo volverá. Hace tres días nos habíamos tomado un pisco, conversando como lo hacíamos hace cuatro años; de la vida, de nuestras compañeras y de lo que viene. Las primeras horas de su estancia habían sido el resultado del proceso de acople a esta realidad tan rica en cariño y palabras de aliento. Pero su esencia no se había perdido en ningún sentido. Sólo era la muralla que había formado los últimos cinco meses.
Quizás cuando lo vuelva a ver. Quizás en que momento de la historia volverá a aparecer.
Estos escritos pierden a uno de sus protagonista. 
Me dice que me cuide. Yo le digo que nos veremos pronto, pero aún no. Me dice que cuide a Emilia. Miro el mar, luego la observo a ella; está tendida en la cama esperando la hora para volver a Santiago. Me giro nuevamente hacia el horizonte. Testarudo el sol no quiere irse a China.
"Te amo, güeón. Buen viaje".
Silencio en la línea.

jueves, 28 de junio de 2012

Día 175: Rocío de Invierno

Hace un año, Emilia iba peligrosamente a unos centímetros míos, en los brazos de su novio. Entonces me pasa su cartera excusando que se la llevara porque ella ya iba incomoda dentro del vehículo. Yo iba en la puerta trasera derecha del Nissan del padre de Jack. Me pasó su cartera, alojando esa sonrisa en sus labios que me decía "Quiero escapar contigo"
Le corrí la mirada y observé la Gran Avenida perdiéndose atrás. Luego la observé y miré sus finos labios. Nunca los había tocado. Íbamos a bordo de nuestro propio mundo. Entonces comencé a revolver el interior de su cartera, vociferando que las entrañas de tan extraño bolso eran misterios sin resolver aún. Ella sólo sonreía, sin dejar de observarme. Era algo catastrófico sentir sus ojos sobre mi ser.
Fue cuando encontré el perfume. Tenía la forma de un frasco alargado y rectangular, todo transparente. Emilia lo cogió en sus manos, lo destapó y peligrosamente, como siempre le gustaba que fuera, dejó escapar un rocío del aroma sobre mi muñeca. Yo le despedí una mirada de admiración y miedo. Los demás no entendían y ni siquiera sospechaban. Agité el brazo y tomé su aroma. 
Fue inolvidable.

Anoche Emilia tomaba el mismo frasco de perfume y nuevamente vertía en mi muñeca un poco de rocío. Olí su aroma y cerré los ojos al recordar su dulce y electrizante sensación recorrer mis sentidos. Ahora me plantó un beso en los labios y demoró un tanto en separarse. Luego me mira y me sonríe. 
Me sonríe igual que hace un año.

domingo, 17 de junio de 2012

Día 174: Los que van Terminando

Esa tarde en silencio y oculto crucé Santiago bajo la mirada tempestuosa de una tarde fría y oscura, atenta a mi caminar. De pronto había pensando en Emma y sentí que me hacía falta. Con la cara cubierta con una bufanda, metí las manos en mis bolsillos y procuré apurar el paso. La noche estaba próxima.
Los sovurbios de la ciudad se encontraban siempre inmersos en esa suspensiva tranquiladad, inhospitos de alegría, con sus pasajes azules de humedad, penumbrosos de soledad. Llenos de casas apiladas, como cobijandose del frío.
Golpee fuerte a su puerta. Ella abrió y una nube invisible de gas me retorció la nariz.
"Mami" le dije un poco mareado "Hay mucho olor a parafina"
"Es que recién prendí la estufa, hijo" me contestó.
"Tení que tener cuidado" le refuté, abriendo las ventanas.
"¡Tanta cuestión!" se quejó "De algo hay que morirse

martes, 5 de junio de 2012

Día 171: Sangurucho

Con Jack, después de la pega y el instituto, íbamos al 14 y nos comprábamos un sangurucho de treinta centímetros en Subway. Le pegábamos la mascada al pan, con carne, con tomate, con aceitunas, con pastas varias. Nos comprábamos la bebida más grande y ahí pasábamos la tarde. 
Si no había plata para Subway, comprábamos un sandiwch de dudosa procedencia en la feria de Las Canteras, en donde una señora de pelo crespo, resguardada por un carrito, preparaba con carne asada y lechuga el emparedado, y con su Coca de litro y medio nos íbamos para su casa.
Y si ya quedaban pocos días para fin de mes, tirábamos dos paquetes de tallarines y le echábamos harta mantequilla, a demás de la infaltable Coca-Cola.
Eran tardes geniales, con conversaciones largas y películas medias tristonas, pero geniales. 
El otro día las recordé, cuando pasé frente a Subway.
"Aquí comíamos con Jack" le dije a Emilia "Nos comíamos los medios sanguruchos"
Otras veces nos tomábamos una cerveza o un ron en las noches. Y cuando ya preparábamos algo más armado y más contundente, Bonita nos acompañaba a reír un rato, a hablar de la vida.
Tardes alargadas, noches eternas, bajo el humo de sus cigarros y el acompañamiento de algún tema viejo.

Jack llega en diecinueve días más de Arica. Parece que fue ayer cuando nos despedimos en el paradero. Han pasado cinco meses desde ese día. Cinco meses en donde más ha crecido que ha retrocedido. Me contó que ya sabe disparar sin que le tiemble la mano, reducir a individuos y esposar muñecas. 
"Que estai grande cabro culiao" le dije.
"Lo único que quiero es estar allá, verte a ti y a Isabella. Quiero sólo llegar" me contestó.