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sábado, 22 de septiembre de 2012

Día 198: Extraño

Encuentro absurdo y contradictorio ese llano deseo de querer que las cosas sean como antes. Es como decir "No estoy contento con lo que estoy viviendo" Algo parecido a embellecer el sentimiento de arrepentimiento con algún suceso especifico de la vida. Creo que es mejor decir que a veces extraño momentos e historias que se escribieron de forma natural. Echo de menos aquellas situaciones que nacían de buenas intenciones y de problemas fortuitos. Tardes de libertad, llenos de energía, de risa. Noches eternas hasta el amanecer y con ganas de más. No había barreras.
Entonces de pronto crecimos y en cinco años sucedieron tantas cosas, que creo que nos costó darnos cuenta. Nos subimos al tren de la vida, sin frenos, apostando a acertar o a equivocarnos. 
Y hoy, hoy se va deteniendo y al final ya podemos ver cuanto camino hemos recorrido.

Emilia tocó esos recuerdos que se extrañan y que con ganas se quieren volver a vivir. Mientras dormía, yo me quedé pensando que hermoso sería volver a escuchar a Isabella. Quizás no lo recuerda, pero una vez me la pillé en un carrete de dueños desconocidos y estuvimos horas hablando de los problemas, colgados de un vaso de ron, buscando darles solución.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Día 197: Tradición

Fiestas Patrias 2009

Entrando a Septiembre, pensé que la tradición no iba a ser tradición. Jack a miles de kilómetros en Arica iba a dejar de ser participe, y con él ya no iba a ser tan tradición. Iban a ser cuatro años de las fondas en Calera y al parecer Isabella y yo íbamos siendo los únicos miembros vivos de la instancia. Pero Bonita, tan terca y porfiada, siempre en contra de las leyes, realizó una congregación y compró los pasajes de avión que traen a mi amigo de vuelta.
Ahora juntos salen a comprar una bebida para acompañar el almuerzo del 19, día de las glorias de las fuerzas armadas.

De mil hoja fue la torta que compré junto a Emilia para celebrar el cumpleaños de mi vieja. Y aunque escondió como media hora la vela para que no le cantáramos los 47, al final igual disfrutamos del manjar de pastel. Entonces mi madre se pilla con esa etapa en que le avisan que está pronta a cumplir la mitad de siglo y que de ahí para adelante es sólo una cuenta regresiva y un aviso; es corta la vida y hay que disfrutarla.

Jack llegó a eso de las ocho de la noche a Santiago. Su vuelo sufrió un desperfecto técnico en Iquique. Estuvo dos  horas esperando a que se resolviera. Lo saludo con el mismo apretado abrazo de hace tres meses. Ahora está más compuesto. Más presente. Victima de un cansancio obvio y de un tostado característico del norte de nuestro territorio.
Y aunque costó, pero salió, a eso de las once de la noche junto a Isabella, su madre y su hermana, Jack y su madre y Emilia y sus dos hermanas, nos encontramos compartiendo el tan amargo Terremoto con algo de granadina para suavizar. Iba terminando así un fin de semana largo algo necesario. Un respiro en medio de la historia que tan rápido se precipitó. Una regresión exquisita a los origines del grupo, con la importante presencia de mi ángel.
Al final de la noche, después de compartir un té con los pollos, fuimos a caer a la cama en un merecido descanso. Las horas pasaron. La luz volvió a cubrir Santiago. Emilia estaba de nuevo ahí. No necesitaba nada más.

domingo, 12 de agosto de 2012

Día 187: Título

El título del correo reza "Resultados Examen de Título Carrera Técnico en Telecomunicaciones"
Si el corazón late a 120 pulsaciones por minuto, el mío era el motor de una locomotora. 
El primer recuerdo que dispara mi mente es el del día cuando entré por primera vez a una clase en DUOC. Un tipo delgado, de terno y lentes me hace pasar. Me siento no sabiendo todo lo que iba a vivir.
"Tú eres el mas inteligente del mundo" me alentó Emilia.
Sin pensarlo tanto, abrí el correo. No quise respirar. Quería correr, cerrar los ojos, saltar y sentir la tierra tocando mis pies al otro lado del abismo otra vez.
Instintivamente, mis ojos se focalizaron de golpe en la palabra destacada en rojo "Reprobado" 
Recordé las horas sin sueño. Las horas de estudio. Los segundos que pasaba tratando de concentrarme en leer y no en pensar qué iba a pasar si no aprobaba. Pensé en la primera prueba; un fiasco. Pensé en la segunda; una inyección de tranquilidad. Y recordé la tercera; una base de confianza.
Leo los rut's de los reprobados. Sólo hay uno que parte en 17 millones. Los otros dos comienzan en 16 millones. Leo tres veces el rut que parte con 1 y 7. No es el mío. Quiero levantar los ojos y ver la miradas de todos los que esperaban el resultado y sonreírles. No decir nada más. Quiero entrar a mi pieza y caer de espaldas sobre mi cama. Quiero levantarme, salir al balcón y ver el mar, mientras que ella me atrapa con un abrazo y un beso en el cuello.
De bajo de un lamentable 3,6 está mi 5,2. La segunda mejor nota del grupo. Lo único que puedo hacer es gritar. Mi pupilo me mira sonriendo.
"¡Me titulé!" y empuño las manos hacia el cielo.
Le agradezco a Dios, si es que me echó una ayudita.
Llamo a mi vieja. Llamo a mi viejo. Llamo a Emilia. Abro el notebook y le escribo a Jack. Esa misma noche deberíamos haber salido con Isabella a tomarnos una cerveza para celebrar, como siempre lo hacíamos. Pero sólo puedo escribir.

Todo terminaba. Todo comenzaba.

sábado, 28 de julio de 2012

Día 183: Ida y Vuelta

El tiempo y la causa dejó que viniera por dos semanas a la capital. Estaba flaco y negro. Su mirar no era el mismo. Estaba sumido en un misterio sin resolver, tirado al final de algún cuartucho olvidado. Hablaba poco, perdido en recuerdos oscuros, en posibles vidas, en posibles anhelos. Yo lo miraba de lejos. No lo quería invadir. 
El tiempo pasó. Se fue poniendo viejo, como dice la trasandina. Como tararea Emilia cuando sale el sol y después de ponerse. La sonrisa le abandonó la boca. El cigarro se adueñó de ella. Y un gesto de distancia me se paró de su lado. Me cobijé en la esperanza de Isabella, que tanto me calma con su temple y me dice que lo esperemos.

Ahora llamo a Jack. Está en el aeropuerto. Entonces asumo que ahora sí no sabemos cuándo volverá. Hace tres días nos habíamos tomado un pisco, conversando como lo hacíamos hace cuatro años; de la vida, de nuestras compañeras y de lo que viene. Las primeras horas de su estancia habían sido el resultado del proceso de acople a esta realidad tan rica en cariño y palabras de aliento. Pero su esencia no se había perdido en ningún sentido. Sólo era la muralla que había formado los últimos cinco meses.
Quizás cuando lo vuelva a ver. Quizás en que momento de la historia volverá a aparecer.
Estos escritos pierden a uno de sus protagonista. 
Me dice que me cuide. Yo le digo que nos veremos pronto, pero aún no. Me dice que cuide a Emilia. Miro el mar, luego la observo a ella; está tendida en la cama esperando la hora para volver a Santiago. Me giro nuevamente hacia el horizonte. Testarudo el sol no quiere irse a China.
"Te amo, güeón. Buen viaje".
Silencio en la línea.

martes, 5 de junio de 2012

Día 171: Sangurucho

Con Jack, después de la pega y el instituto, íbamos al 14 y nos comprábamos un sangurucho de treinta centímetros en Subway. Le pegábamos la mascada al pan, con carne, con tomate, con aceitunas, con pastas varias. Nos comprábamos la bebida más grande y ahí pasábamos la tarde. 
Si no había plata para Subway, comprábamos un sandiwch de dudosa procedencia en la feria de Las Canteras, en donde una señora de pelo crespo, resguardada por un carrito, preparaba con carne asada y lechuga el emparedado, y con su Coca de litro y medio nos íbamos para su casa.
Y si ya quedaban pocos días para fin de mes, tirábamos dos paquetes de tallarines y le echábamos harta mantequilla, a demás de la infaltable Coca-Cola.
Eran tardes geniales, con conversaciones largas y películas medias tristonas, pero geniales. 
El otro día las recordé, cuando pasé frente a Subway.
"Aquí comíamos con Jack" le dije a Emilia "Nos comíamos los medios sanguruchos"
Otras veces nos tomábamos una cerveza o un ron en las noches. Y cuando ya preparábamos algo más armado y más contundente, Bonita nos acompañaba a reír un rato, a hablar de la vida.
Tardes alargadas, noches eternas, bajo el humo de sus cigarros y el acompañamiento de algún tema viejo.

Jack llega en diecinueve días más de Arica. Parece que fue ayer cuando nos despedimos en el paradero. Han pasado cinco meses desde ese día. Cinco meses en donde más ha crecido que ha retrocedido. Me contó que ya sabe disparar sin que le tiemble la mano, reducir a individuos y esposar muñecas. 
"Que estai grande cabro culiao" le dije.
"Lo único que quiero es estar allá, verte a ti y a Isabella. Quiero sólo llegar" me contestó. 

lunes, 12 de marzo de 2012

Día 146: David

Por lo único que creo que te tengo cariño es porque pusiste en mi vida a las personas que tenían que estar en ella. Fue lo que pensé cuando anoche Isabella me dijo que eramos un puto triangulo, y sin uno, somos nada más que una insignificante línea sin dirección. 
Jack estaba a miles de kilometros pensando en lo mismo.

jueves, 1 de marzo de 2012

Día 143: Flasback


La puesta de sol ya se aproximaba como un toque de pincel más para el recuerdo nitido. Podía respirar el aire de la montaña en plena costa, observando como a lo lejos se perdía la hilera de cerros plomos, acariciados por la luz de un sol agotado, los cuales borrosos se adentraban en el oceano. Le ensañaba a Ignacio como controlar al equino que montaba dirección al sur, sobre la arena que irrespetuosa nos dificultaba el andar, mientras que tibio en mis ojos se posaba la escena de el Cajón del Maipo. Era el último día de camping. Jack e Isabella trotaban a mi lado sobre las yeguas que había dispuesto el cuidador del establo para que pudieramos dar una vuelta. Había sido un fin de semana extraño.

Cuando volvimos esa tarde desde La Serena, observé mi celular en busca de algun mensaje o una llamada perdida. Efectivamente, habían tres llamadas perdidas de mi amigo. De inmediato cargué el dinero que tenía destinado para comunicarme con mi preciosa en Santiago y lo llamé. Me comentó un poco estresado que los días de entramiento como Carabinero iban un tanto exigidos. La disciplina y el control eran compañeros desagradables del día a día. Y como a mi madre, le provocaba un tanto de angustia ver a Los Andes tan café y arenesco. La playa la tiene a un cruce de calle, sin embargo ha estado sólo una vez en contacto con su arena, la mañana que los habían sacado a trotar bajo el sol emperador del norte. 
Me dijo que me había estado llamando.
"Dejo el celular en la casa, Jack. Es en caso de que tenga que contestar llamadas que no quiero" le expliqué.
Le conté también que estaba pasando algunos días en Coquimbo con mi familia. Y también le comenté de mi atropellada primera noche junto a Emilia.
"Te pasó lo mismo que a mí"
"Lo mismo, güeón"
"Estabas pensando en muchas cosas" me dijo.
"No lo sé. Ya pasó. Da igual"
Fue entonces que me comentó que también había estado llamando a Isabella, pero que no había encontrado respuesta.
"No sé, hermano. No he hablado con ella. Pero a penas llegue a Santiago, le preguntaré"
Obviamente quería una respuesta inmediata. Yo no la tenía. Y sinceramente tampoco quería llegar a la capital a buscarla. Sólo recé para que fuera un mal entendido. Un celular descargado o perdido.
"¿Sabes? Hoy pasee en caballo con Ignacio en El Faro y me acordé del fin de semana que pasamos en..." le estaba contando, cuando dejé de escuchar la interferencia caracteristica de una llamada por celular.
Miré la pantalla del movil y noté que la llamada se había cortado.
Me había quedado sin dinero.
Sonreí para mis adentros. Pero la preocupación me abordó al instante. Lo sentí solo. Lo sentí desamparado. Hablaba sin cansarce, como si no tuviera a quién contarle todo lo que estaba viviendo.


lunes, 6 de febrero de 2012

Día 135: Nos veremos... pero aún no, aún no

La tarde se oscureció bajo la tempestad de la angustia y la agonía de la espera. Los segundos avanzaban lentos, desformando los rostros ahogados en un grito de suplica. "Quedate" pensabamos. "Vuela alto". En el momento que se tenía que hablar, quedamos sin palabras. El cuerpo y el corazón, dolido por una herida que costará sanar, no aceptaban tal difícil situación. Era un complicado domingo en la tarde. Quedaban pocas horas para que Jack partiera rumbo al norte.
Estuvimos toda la noche del sábado con él, compartiendo con amigos de la infancia, su prima y los padres de Isabella. Bebimos hasta las cinco de la mañana. Luego vino el merecido descanso. Al otro día en la mañana, partimos dirección al centro de Santiago a comprar lo último que quedaba de la lista que le habían pedido en la escuela de Carabineros. Calcetines color verde olivo y forros de cuaderno del mismo tono.  

A esos de las seis la casa había quedado desprovista de visitas. Su familia partía rumbo a sus hogares y al final de la batalla en la cual se habían convertido las últimas horas, sólo quedamos Bonita, su madre, Ignacio y yo. Sólo quedaba el tan aborrecido adiós. Había que partir. Entonces Isabella fue la primera en irse. No queriendo interrumpir lo que para ambos fue una dolorosa despedida, me quedé en el living recordando lo vivido los últimos cuatro años, preguntandome si las cosas podían ser diferentes.
"Obvio que sí" me dijo Dones. "El problema fue que ninguno se atrevió a cambiar las cosas"
Tenía toda la maldita razón. Entonces me hice la misma pregunta, pero con respecto a mí ¿Las cosas podían ser diferentes?... Dones no tuvo que responder.

Media hora más tarde, me mojaba el pelo en el baño de la casa, para después ocultar la mirada tras los lentes de sol. A medida que iba guardando mis cosas, más iba creciendo ese incomodo e infaltable nudo en la garganta ¿Qué chucha hay ahí que duele cuando se experimenta la pena o el dolor? Siempre me ha intrigado. Ignación tomó su bolso, yo el mío y salimos a Lo Martinez a esperar la micro.
En el paradero no dijimos nada. No podiamos decir nada. No habían palabras.Tal vez no lo sentimos como un adiós, si no como un hasta luego. El sol avisaba que el día ya terminaba. En eso la micró llegó a la avenida.

Nos paramos. Nos abrasamos. Y nos dijimos que nos veriamos pronto... pero aún no, aún no.

domingo, 29 de enero de 2012

Día 132: Hasta Luego

Anoche soñé que perdía a Emilia. Era la misma sensación de duda e incertidumbre que sentí alguna vez con Pelirroja. Caminaba hacía mí y torció la vista tras sus gafas. La llamaba con desesperación y no me miraba. Sus ojos estaban clavados en la presencia de un hombre que desde lejos la miraba. Entonces más fuerte le gritaba y menos entendía porqué me dejaba. La duda era un barro que me tapó las narices. 

De repente Jack me llamó y me dijo que lo habían posicionado en Arica para cursar el año de formación en la escuela de Carabineros. De pronto noto que es el único amigo hombre que tengo. Mi mejor amigo. Y ahora estaba a punto de emprender el vuelo a cumplir sus sueños. Recordé cuando tenía 5 y el 7. Salíamos después de almuerzo en bicicleta a la Mestranza de San Bernardo. La vez que estuvimos en medio de una balacera. Cuando veiamos pornografía a escondidas de nuestros padres. Esos momentos de grandeza al empinanrse una botella de cerveza. Los consejos cuando como jil andaba llorando por alguna mujer. Los asados con la botella de bebida de litro en la mesa. Ir al persa. Ir al centro. Descubrimos a tropiesos lo que era la vida. Lo que era sufrir y haber estado a punto de elegir el camino equivocado. Entonces a veces me pregunto qué es. ¿Destino? ¿Hay algo que con el dedo empujó los horizontes y los cuela junto al de las personas que hoy viven la historia junto a nosotros? Fue una noche de invierno cuando llevé a Jack al sur de esta ciudad, la misma noche que conoció a Isabella.

Desperté con el sabor amargo de una noche de sueños y pesadillas. La mente da y quita. Recordé el día anterior. La tarde nos había devorado por completo y en la clandestinidad de besos y caricias, declaramos querernos, aunque no quepamos en el espacio y en la vida que vivimos.

Ilegales en una realidad equivocada.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Día 119: Estar

(La duplicación de los nombres con la historia anterior, es mera coincidencia. El relato a continuación es real)

La fobia a los temblores me dejó debajo del marco de mi puerta la madrugada del martes. Poco a poco el movimiento fue cesando y los perros se tranquilizaron. Mi corazón paró de golpetear con alegocia en mi pecho y la calma volvió. Aún atrapado por el sueño de las cuatro, volví a la cama y busqué ser envuelto por ese momento en que la adrenalina del miedo te abandona el cuerpo. Ese instante de relajo. Sin embargo no me pude volver a dormir. Algo había en el espacio que se mantenía inquieto y movedizo. Era algo queriéndome decir "Sucedió" Hasta lo podía escuchar susurrarme al oído.

Reíamos como siempre con María. Conversábamos de la vida y la pega. Era un martes en la mañana ajetreado y caluroso. En eso Jack me llamó al celular.
"Te llamo de vuelta" le dije y colgué.
Tomé el móvil.
"¿Qué pasó?"
"Falleció el tío de Isabella"
Silencio al final de la noche. La madrugada se oscureció más de lo debido a los ojos de Emilia. Un vacío le tragó el corazón y todo fue dolor. Todo se hizo lento, lento como la onda que se esparce en el agua después que la gota cayó. Lento como un beso esperado. Lento y negro. Negro y triste. El viento era el único sonido perceptible. Lo demás era todo sollozo. Fin de la historia y el luchador dio su último suspiro sobre su lecho de descanso. No sonrió ni se frunció. Sólo dejó de ser. Dejó de estar. Dio el paso que nadie conoce. Dejó de luchar.
Me di mil vueltas. Fui nadie. No sabía si actuar como me lo dictaba el corazón o hacer lo que me decía la cabeza. Entonces daba más vueltas, para apaciguar el calor de la lucha entre mis sensaciones y mis razones. Tomé el celular y pensé en llamarla, pero me arrepentí. Lo dejé caer sobre el escritorio. Otra vuelta más y volví a coger el movil. Ahora pensé en llamar a Isabella. Tenía que estar igual de mal. Sin embargo la voz de mi amigo me detuvo.
"La llamé y no me contestó"
No era el momento de decir palabras que quizás no servirían de mucho en un momento así.
Entonces me senté. Karina colgaba de su angustia. La quería abrasar y estaba tan lejos. Estaban jodidamente tan lejos las tres. Tomé el teléfono y llamé a mi viejo. Le conté lo sucedido.
"Hoy pasaré la noche donde Jack" le dije.
"Cuidate"

La noche llegó tan rápido como las noticias en la tarde. Isabella adolorida se quedó colgada de mi cuello.
"Gracias, amigo" me dijo acongojada.
Yo sólo pude quedarme ahí, observando detrás a pequeños grupos de personas conversando bajo las penumbras de los arboles. Era el último lugar en el mundo donde quería estar y a la vez no quería alejarme de ahí. La oscuridad se hacía grande al lado de la angustia y el dolor por lo sucedido. Caminamos lento. No quería entrar de los primeros. Topar mi mirar con la de Emilia tendría un resultado que no quería conocer. A Jack también le costó entrar. Él tampoco quería conocer el resultado de su encuentro. Entonces decenas de miradas curiosas se fijaron en nuestro llegar. Que largo fue el pesame de los padres de mi amigo a los padres de mi amiga. Luego pasamos nosotros y una larga mesa se desparramaba hacia la penumbra de la parte del patio en donde la bombilla de luz no alcanzaba a iluminar. Aferrada a ella expectantes la gran familia de Isabella comía algo después del largo y extraño día que murió tras la llegada de la noche. Y de entre ellos apareció Emilia.

Estar, aunque las palabras no amortiguen el dolor. Estar y sólo respirar. Nada más. Sonreímos y les dimos algunos segundo más de oxigeno. Porque aunque no se quiera, hay que seguir. Y esa idea cuesta formularla.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Día 91: Tradición

Capítulo 18: Salir
Primera Parte
Acaba de morir el 16. Mi madre cumplió cuarenta y cuatro y por discutir con mi viejo, no hubo once en familia ni felices cumpleaños. Son las doce con siete minutos de la madrugada del 17 de Septiembre. Mañana me veré con Jack, Isabella y Karina. Viajaremos a Calera de Tango, un pueblo oculto en medio de la oscura Cordillera de La Costa. Habrá fondas y empanadas. Encuentros y espectativas. Es una celebración más del dieciocho de Septiembre, a un año del Bicentenario, a un año del la última celebración que para mí va a ser innolvidable.Y es extraño estar sentado aquí sabiendo los días que se vienen. Mañana temprano tengo que ir a DUOC y después a Tottus. Estaré toda la tarde ahí y luego a la casa de Isabella. Pasaremos toda la noche juntos y al otro día tengo que ir donde mi abuela. El sábado a trabajar, y el domingo lo mismo. Extraño también es sentir con Jack las ansias de pasar la noche con ellas ¿Por qué? Es la rara sensación de quizás saber que todo será espectacular ¿Pero que puede tener de espectacular, si las siguiente horas se convertiran en una avalancha de vivídos recuerdos? No lo sé. Tan sólo es así.

Capítulo 71: Bicentenario
Desde el capítulo recordado ha pasado exactamente un año. Un año en donde han pasado miles de cosas. Y es divertido comenzar este 16 de Septiembre del 2010, fecha en que conmemoran 200 años desde la junta de gobierno que impulsó a hombres a formar una patria, adelantar un poco lo que ocurrirá. A ver si un año después las cosas son tan distintas.
Celebramos, con una torta de mocca que compré hoy en la tarde, el cumpleaños de mi madre. Parece que cumple 46. Preferio no preguntarle. Mañana abro el Tottus a eso de las ochos de la mañana, y en la tarde, junto a Camila, nos vamos a San Bernardo a la casa de Isabella. De ahí, junto a Jack, Karina y amigos de las chicas, partiremos, como el año pasado, a las fondas de Calera de Tango.
Sólo espero que el estrés de los 7 días seguidos de trabajo se me borre del cuerpo cuando vea su sonrisa y quizá el vestido que se compró la otra vez. 


Estoy escribiendo desde mi oficina. Son las 10:50 de la mañana del que será un largo 17 de Septiembre y el supermercado abajo está lleno hasta la trastienda. Pido disculpa si no escribí el día de ayer como la tradición lo solicitaba, y es que es poco decir que llegué muerto a casa después de la jornada vivada en la tarde. Experimenté mi primer "18 de Septiembre" como encargado de informática, frente a un sistema que se portó como las güeas y no me dejó partir hasta pasado las diez de la noche, con cajas que se caían, clientes puteandome y un sistema que caprichoso se rehusó a trabajar como la fecha lo amerita. Hoy, ya con 3 horas de funcionamiento, todo ha corrido bien.
Esta vez mi viejo fue el que compró la torta. Era de chocolate con cubierta de mermelada. Yo aporté con algunas cosas para picar y a eso de las once de la noche compartiamos los cincos en la pequeña mesa del desayuno. Y es que, sin decirlo, nos gusta estar más juntos, por no decir apretados, riendo y comentando como corrió el día. Son pocos los momentos que tenemos para compartir. Así que los que se dejan ver, los aprovechamos lo más que podemos.
También es tradición que hoy me despida de ellos y les diga que nos vemos mañana donde mis abuelos, porque Jack e Isabella estarán esperandome en las fondas de Calera, como lo venimos haciendo hace tres años. Un año después las cosas han cambiado drasticamente y me dibuja una sonrisa en el rostro el hoy estar tranquilo y contento. Decidí estar solo por un buen tiempo y darme la oportunidad de reconstruirme de todo lo que pasó y volver a vivir con las energias que en algún momento me abandonaron. Hoy vivo para mí y son contadas con los dedos de una sola mano las veces que pierdo el tiempo enredandome en problemas que no valen la pena. Tengo a mi familia y tengo a mi par de güeones que hoy más que nunca celebraremos nuevamente un cumpleaños de Chile.

martes, 5 de julio de 2011

Día 74: Nuevas Memorias

Pega, casa, pega, casa, día entero en la casa, pega, casa, pega, casa, pega, casa, pega, casa, pega, casa, día entero en la casa, pega, casa, pega, casa, quizás un copete. Tal vez un baile toda la noche. Quizás besos... sólo quizás. El día entero con la caña. Pega otra vez. La casa está donde mismo. Y todo esto multiplicado por seis meses. Ya debe ser un poco más. El sol sale timido. Después se suelta el mariconzote y comienza a quemar la faz de las Lomas. Debes en cuando las nubes le arruinan el show y pintan sobre el cielo obras de artes como las de hoy en la mañana. Debes en cuando la vida me da un nuevo recuerdo. Una visita de Belinda. Los tiernos ojos de Isabella rindiendose. La filosofia de Jack. Y vuelve otra vez a reproducirse la misma cinta: pega por la mierda, un rato de descanso en la casa, otra vez la pega y todos buscandote el error; la quinta pata al gato, una pelicula en casa... la pega otra vez. Multiplicado por muchos, muchos días. Mi memoria es volatil. Me acuesto y todo lo del día anterior se borró. Me levanto y mi cerebro, como con el switch del modo automatico activado en on busca el último recuerdo que viví y es más recurrente. Noches caminando de la mano. Incomodos momentos de silencio. Las millones de pregunta en las que me ahogué cuando todo acabó. El arrepentimiento por haber sido mejor. Los únicos archivos legibles alojados en mi cerebro son aquellos ratos en que reíamos por cualquier estupidez. La cinta corre. Mi imaginación dibuja el momento en que me llama y me dice "¿Podemos hablar?" y corre a mis brazos sin decir nada. 
Me golpeo y me digo No. Basta.

"No he creado nuevas memorias" le dije a Jack "Debes en cuando estoy solo y me acuerdo de güeás o voy por la calle y revivo momentos de la nada. Y es porque no he vivido nada que sea más allá de estar en  la pega o la casa. Es siempre lo mismo y mi cabeza no se hace problemas y asimila todos esos días en un sólo recuerdo. En cambio, lo que pasó antes de estos seis meses lo recuerdo como si hubiese ocurrido ayer, dejandome experimentar sensaciones y aromas..."
"Es el problema de no poder tener la mente distraida en otras cosas" dijo él, fumando de su cigarro.

La mente es como un toca disco trabado. Cuando no lo estés ocupando, irá a esos últimos recuerdos que te marcaron para siempre y los pondrá frente a ti. Nunca puede estar sin tocar algun compás.
Pobre de ti si no has creado nuevas memorias.

martes, 28 de junio de 2011

Día 72: Entendí


(Hazle click a los links. Te dejarán conocer más del personaje)

Incondicional. Te amo. Quizás nunca te lo he dicho a la cara, porque tal vez me ponga a llorar como una niñita. Y esa no es la idea. El otro día me di cuenta cuanto te amaba y entendía a la vez. Abrí la mente y sentí como lograba encajar todas las cosas que habían sucedido estos dos años y algunos meses más. Podía verte frente a mí, sonriendo con esos labios que sólo dibujas para mí. Una sonrisa única. Una mirada angelical, aunque los malditos digan que es de mentira. Yo le creo a esos ojos, digan lo que digan, te creeré incluso si me mientes. Te sostendré si tu misma te disparas. Ahogaré tu pecho si no me quieres decir lo que te pasa. Estaré ahí cuando no quieras que esté. Porque tal vez también seamos el vicio del otro, pero de una forma no tan nociva.
Sé que fue la marca. Ahora lo entiendo, porque me tuvo que pasar a mí para lograr cachar qué era no poder desprenderse de algo, aunque existieron mil veces en que cortaste el hilo. Sé que es ver como la hierba crece aunque la podes de raíz para que no vuelva a nacer. Siento como es no poder quitarse de la imagen el cuerpo del otro y apagar ese volcán... ese imán caliente y violento que te hace volver, chocar, sufrir, destruirse el corazón. Pensar en que las cosas pueden cambiar en cualquier momento.
Te amo. No sabía que tanto y me di cuenta en una noche fría como las que están pasando ahora. Te daría el mundo si la vida te quita todo.
"Isabella me mandó un mensaje" me dijo Jack "Está en la posta con la mamá"...

Para Isabella... mi Bonita.

martes, 31 de mayo de 2011

Dia 62: Impotencia

Segunda Parte y Final

"... Así se puede estar más preparado. Las cosas no nos impresionarán tanto cuando sucedan..."

Sudada e impotente, Elizabeth lloraba en mi pecho. Yo la tenía abrazada, dándole ese apoyo que poco sirve en situaciones en donde sientes que la injusticia te pateó hasta el cansancio en el suelo. 
No conociendo mucho de la disciplina, la argentina había dado golpes que descontaban puntos. Son los llamados low kicks, de los cuales debe haber acertado como cinco, si no más.  Eran peligrosos golpes de pie que iban al interior de los muslos, los que no fueron descontados de la puntuación final. Sin embargo, La Negra la tuvo la mayoría de la pelea sobre las cuerdas, dándole golpes a la cabeza y al estomago, haciendo que el gimnasio entero estallara en fervor y gritos.
Pero su hambre de triunfo y casi perfectos movimientos, no fueron suficientes para las calificaciones del juez brasileño, chileno y argentino. Obviamente, el que dio el 30 a 29 para Argentina fue el arbitro trasandino.
Impotencia era lo que le ahogaba el corazón y los pensamientos. La calentura de poder haber seguido dando golpes, sobre todo a una argentina, tontas güeonas con el ego por el cielo, le recorría electrizante el cuerpo, dejándole asomar lágrimas llenas de ira. Haberle arrebatado el título de campeona sudamericana habría sido mejor.

"... Si tropiezas o te va mal, el porrazo no será tan fuerte, previamente sabiendo que podía suceder. Nunca hay que ver todo color de rosa, porque en cualquier momento todo puede derrumbarse "

Hubo un fuerte problema, tan fuerte para hacerlo caer de esa forma. Quizás la explosión de una bomba a la que le quedaba pocos segundos. Jack estaba perdido en la pena y la exaltación del momento. De repente se vio haciendo algo, pero la pata ya estaba metida y no pudo revertir la situación.
Yo estaba a kilómetros y él sólo necesitaba una voz amiga. Pero no nos dejó de recoger el corazón, y digo nos porque Isabella también estaba al lado escuchando.

sábado, 28 de mayo de 2011

Día 61: Perder

Mi Negra
(Hazle click a los enlaces. Te permitirá conocer más del personaje)

Primera Parte

Mi viejo siempre dice:
"Para poner un negocio, hay que saber que pueden pasar muchas cosas malas. Nos pueden robar. Nos pueden estafar. Nos puede ir mal en la venta. Y montón de leceras más..."

"Maria Isabel de Argentina... 28 puntos" dijo el locutor. "Elizabeth de Chile... 28 puntos"
No sé si sentí alivio o emoción. El primer arbitro había decretado empate. Se sintió un murmullo general en todo el gimnasio.
"Segundo arbitro" dijo el hombre y un silencio nervioso se apoderó del lugar "Maria Isabel de Argentina... 28 puntos. Elizabeth de Chile... 28 puntos"
Hubieron algunas exclamaciones. La pelea había sido pareja, pero quedó la sensación que Elizabeth había conectados más golpes que la Argentina. El último arbitro definiría todo.
El locutor tomó la hoja de puntajes y se tomó un extraño tiempo para decir los resultados.
"Último arbitro. Elizabeth de Chile... 29 puntos. Maria Isabel de Argentina... 30 puntos. ¡Ganadora, Maria Isabel!"
Los únicos sacos de güeas que se pusieron a celebrar fueron los dos entrenadores argentinos y Maria Isabel. A parte de ellos, el gimnasio entero se quedó en silencio. Elizabeth, no satisfecha, esbozó una forzada sonrisa y abrazó a la ganadora. Con Ignacio nos miramos, lamentando lo ocurrido.
La Negra me había avisado hace unas dos semanas que vendría a Santiago el segundo fin de semana de Mayo a participar de un torneo de disciplinas de combate, en compañía de su federación de boxeo. Sería una pelea más para su corta carrera como boxeadora. Una gota más de experiencia. Pero no así menos importante. Invité a Ignacio para que me acompañara y también para que ambos se conocieran.
Con ella me encontré el día anterior a la noche de la pelea. Estaba tranquila, con ese desplante de parsimonia de siempre, y mentalizada a ganar. Sin embargo, la contienda no era cualquier encuentro. Finalmente, Elizabeth disputaría un título sudamericano y la defensora del trofeo era una argentina de 27 años, con dos de experiencia en el campo. Sin embargo, mi amiga estaba tranquila.

"... Entonces, para que el porrazo no duela tanto, hay que ser realistas y de antemano saber que pueden suceder muchas cosas. No esto diciendo que hay que ser negativos. Eso te impediría instalar un negocio. Pero sí saber qué cosas pueden pasar..." 

El sábado pasado viajé a San Bernardo a ver a Isabella e Ibzeen. Con Karina nos reuniríamos más tarde en una disco cercana. Compramos tres cervezas para partir la noche, que a ratos amenazó con dejar caer una tempestad. Estábamos compartiendo en el comedor de Ibzeen, cuando mi celular comenzó a sonar en el banano. Dejé el vaso en la mesa y saqué el móvil. Ya habían cortado y en la pantalla había un mensaje que decía:
"Llamada perdida de Jack"
Ingresé al registro de llamadas perdidas y extrañado disqué su número.
Cuando se abrió la línea, mi amigo, aflijido y desesperado, lloraba al otro lado de ella.
"Karev, quedó la cagá"...

jueves, 21 de abril de 2011

Día 44: De repente

Fue de repente. Había vuelto de Los Vilos. Aún olía a mar en mis narices. Joselyn me llamó y me hizo bajar.
"¿Por qué estás en Contraloría?" le pregunté.
"Mauricio renunció" me dijo. La noticia me calló en frío "Si todo sale bien, yo quedaré a cargo de Contraloría, y tú de Informática.

De repente Jack me dijo "Voy a entrar la escuela de Carabineros"
Un viaje a Viña del Mar, donde su tío, lo dejó con la idea enganchada. Hace semanas que andaba en la búsqueda de nuevos horizontes. El hermano de su padre, oficial en la SIP, le conversó los beneficios y lo fácil que podría ser ingresar a la corporación. Me quedé impresionado a escucharle tan decidido, dispuesto a dejarlo todo, aunque le doliera el alma dejar todo acá.

Abrió los brazos y me abrazó. Era ese dulce olor y su suave cara otra vez. Sentí que era una parte del ciclo. Al parecer necesitamos discutir para que el reencuentro al tiempo sea más exquisito. Isabella se veía hermosa como siempre.

No quise hablar en los últimos capítulos del ascenso. En el blog pasado lo hice y todo quedó en Nada. Ahora  no lo hice, y ahora escribo esto como encargado de informática. El proceso demoró un mes, entre la aceptación por parte del gerente zonal, la entrevista psicológica en la central y el anuncio de las rentas, esto último sucedido del martes pasado. Así que de repente la capitán se fue a un buque y yo me quedé con el barco, aceptando a mi corta edad un reto demasiado grande. 
Pero que más da, ya estoy sentado en el puesto y nadie será capaz de hacerme salir de ahí. Es por mí y para mí. Más allá del cargo y la plata, es un momento que me tiene demasiado contento.

De repente no quiero ser exagerado, pero todo va demasiado bien.

lunes, 21 de marzo de 2011

Día 33: Léeme la Mente

"Tiempo sin salir" le dijo Demian, entrando al baño.
"Ene tiempo sin salir po'" agregó Guzt, mientras que se hidrataba el pelo, observándose en el espejo. "Quiero puro salir"
"¿Te puedo acompañar?" le preguntó Demian.
"¿En serio?" Guzt sonrió extrañado. 
Demian era el único que se acercaba amistoso al que era el rebelde del grupo. Nunca se oponía a su actitud ágil e incisiva. Siempre apoyó su política de resurgimiento en los tiempos de oscuridad en los que se vio inmerso el grupo. Y nunca dudó en defender su persona cuando Karev y Dones lo atacan por su actuar.
Los tiempos ahora son diferentes. Habían sido semanas arduas por motivo del cambio de puesto en el trabajo y no se había sentido en toda su plenitud la luz del cambio sufrido por los cuatros. Estaban con las mentes despejadas. Habían vuelto al camino perdido. Ahora los objetivos estaban claros. Era tiempo de relajarse un poco.
"Vamos. Pero no te quiero como lapa. Hoy día quiero bailotear harto y no quiero que me andí espantando a las ladys" agregó riendo.
"Tú tranquilo. Yo voy a andar en la mía"
"Así me gusta, Demian. Bien obediente"

La disco elegida por Ester fue la Xsezo. Gutz había pisado por última vez aquel lugar en Mayo del año pasado, junto a Karev, Isabella y Jack. Ahora lo hacía en compañía de Demian, viendo el momento como un reencuentro con las cosas que alguna vez perdió.
"Muchos recuerdos" dijo Demian, mientras bebía de su Sprite.
"Pero aquí estamos" dijo Guzt, respirando profundo.
Habían nuevos aires. 
La pista de baile estaba convertida en una caja llena de cuerpos sudados y excitados moviéndose al son de la música, mezclados en alcohol y jolgorio. Tiempos de desenfrenos. Hombres y mujeres se rosaban para encender más el momento y nadie criticaba lo que hacía el de al lado. Era un tipo de liberación hipocrita, porque era difícil poder moverse con tanta gente revolviéndose a tu alrededor. Así que no quedaba más que acercarse hacia la compañera de baile. Pegarsele para que el resto no te pasara a llevar.
En eso la mirada de Guzt se topó con otra que no esperaba. Quitó la vista y siguió bailando. Sin embargo, seguía sintiendo la fuerte presencia de aquella mirada. Se despedía de los tiernos ojos de una mujer de cuerpo casi perfecto, piel morena y una envidiable altura. Su pelo castaño oscuro y liso se acostaba radiante sobre su espalda y su cintura se guardaba curvada dentro de sus apretados jeans.
"Hay sólo un problema" le dijo Demian a Guzt.
"Ya lo vi"
El problema era un tipo de la misma edad de él quizás, de mirada oscura y brazos fuertes. Era su novio, el cual la protegía y celaba demarcando una fuerte barrera a su alrededor.
"¿Quieres saber qué piensa?" le preguntó el vidente.
"Ojalá pudiera saber, porque no entiendo la insistencia de su mirar" contestó Guzt, cruzando fugaces miradas con la morena.
"Déjame entrar en ti y sabrás" sugirió Dones.
"Yo sabía que erai gay, güeón" bromeó Guzt.
"Deja de decir estupideces y relájate" le dijo y desapareció.
En eso Guzt escuchó miles de voces que casi lo obligaron a arrancar del lugar. Fingió que nada pasaba y siguió bailando con su compañera. El problema fue que el ruido dentro de su cabeza era demasiado; la música y los que parecían ser murmuros se mezclaban provenientes de todas las direcciones como viejas que protestaban pegandole a las cacerolas.
"Hacelos callar" le pidió a Demian.
El ruido desapareció. Sólo quedó el retumbante sonido de la música en el ambiente.
"Eran los pensamientos de las personas que están acá" dijo.
"Así es" respondió.
"¿Y porqué Karev no quiere de esto?" preguntó casi excitado por el momento.
"Porque no cree en mí" contestó con palabras un tanto oscurecidas "Ahora enfocate en la mente que quieres escuchar" 
Guzt siguió bailando, torciendo la cintura al bum de los bajos de la canción que sonaba. Su compañera no sabía que para él no existía.
"Deja de mirarlo" escuchó de repente. Era la mente de su observadora "Mira para otro lado. O por lo menos disimula... No tenía idea que vendría"
Aquello era verdad. Para muchos integrantes en el grupo era desconocida la información de que Guzt asistiría a la fiesta.
"Entonces no es primera vez que me mira"
"Parece que no"
"Voy a llegar a la casa. Bajaré el colchón y dormiremos ahí. Ojalá que nos vallamos rápido, para..."
Era la mente del novio. Bailaba cerca de ella, siempre cuidándola de que nadie se atreviera a acercarse. Dejaba sentir la sensación de que no la soltaría en toda la noche, imaginando a cada momento lo que le haría al llegar a casa. Tuvo que salir de su cabeza.
"Que está fuerte este güeá"
"Wuoooo"
"Por la chucha, me llegó la regla"
"Me quiero ir y este gil no se pega nunca la avispá"
"¿Cómo estará mi hijo?"
"Sería peligroso meterse con ella" le dijo Demian.
"Él igual mira. Debe cachar que lo estuve mirando" pensaba ella.
"¿Por qué cresta soy del gusto de las minas comprometidas? ¿No puede aparecer una sin compromiso? Una niña de sonrisa linda, que esté estudiando algo relacionado con comercio. No sé. Siempre es la misma güeá" dijo un muy apestado Guzt.

Al final igual hubo un momento de baile con ella y otro de conversación. Estudió algo relacionado con la rama de la psicología y tenía un nombre harto raro. Pero a Guzt no le importaba... tan sólo observaba su atractiva sonrisa y el ir y venir de su mirar.



viernes, 28 de enero de 2011

Día 12: Las Maletas

Me gustaba jugar a que Isabella era mi mamá cuando íbamos a la playa. La primera vez que salimos fue a Algarrobo, a la casa de sus abuelos. Fuimos por un fin de semana y algo más en Febrero del 2008 a escaparnos del agobiante calor que viene azotando sin tregua desde hace unos veranos a la cuenca santiaguina. Me decía que me sentara en la mesa a tomar a desayuno y yo le preguntaba si podía salir con los chicos en el auto al Quisco.
El 2009 vivimos las inolvidables vacaciones en Los Vilos. Cinco días carreteando hasta las seis de la madrugada en la playa, riendo, cantando y escribiendo a fuego en nuestras memorias los momentos que nos aferrarían a ese lugar. Ahora Jack también formaba parte de la historia y si no mal recuerdo el amorío de ambos estaba comenzando. Almorzábamos en la playa para no perder el tiempo y en las tardes, frente a la puesta de sol espectacular que ofrecía el balneario nortino, nos sentábamos en bancas de piedras, mientras bebíamos de una cerveza de litro para apagar la sed. Recuerdo que nos quedábamos en silencio, observando el momento en que el disco durazno chocaba cataclisticamente con la poderosa presencia del océano temible, sin hacer el más mínimo ruido, dejando sólo escuchar la respiración de los que estábamos ahí. Las gaviotas planeaban descuidadas las olas que subían y bajaban sin pedirle permiso a nadie, colándose en los roqueríos, bañando las casas de los habitantes acuáticos.
Me cuesta entender por qué tengo tan grabado ese momento. Es como si lo estuviera viviendo ahora, sintiendo como la fina y helada brisa marina me acaricia el rostro, porfiada de no irse.
Y el año pasado, el 2010, un mes antes del terremoto, dejando a Yessenia en Santiago, partimos sólo los tres a Duao. No fue tan memorable como las dos anteriores salidas, pero tampoco menos importante. Duao fue de los tres y de nadie más. Fue íntimo. Más cercano.

Un record. Isabella y Jack llevan más de tres meses distanciados. No recuerdo que en algún punto de la historia hayan estado tanto tiempo distanciados.... No, no recuerdo. Quizás ésta es la definitiva y de verdad tomen sus rumbos y adiós relación. El problema es que tal separación condiciona al grupo, algo inevitable, y por lo mismo Bonita se quedará bajo el bus este verano.
Está todo listo para partir a Tomé. Pasaremos los días con una cercana de la madre de Jack y el fin de semana nos reuniremos con Elizabeth. Esperadas y deseadas vacaciones por el motivo de reencuentro con La Negra y también porque será el descanso de un año que no dio tregua. Un alivio para echar a correr la cinta otra vez y darle al año que ya comenzó. El lunes fui a buscar la carpa donde un tío para pasar una noche en la playa con los chicos y el martes compramos los pasajes con Jack. Está todo listo. Pero será raro llegar ese día al terminal y sentir que falta alguien.
Las maletas faltaran y las risas ya no ahogaran como siempre el aire y las vidas de todos. Es desconectarse de cuajo de algo que se venía haciendo desde hace mucho tiempo. Años de algo casi necesario, aunque no tiene que existir nada necesario en ti, sólo el aire y la comida. Son las consecuencias de mezclar amor y amistad dentro de un mismo círculo. Los daños colaterales dan como resultado esto, tener que partir a un viaje sin uno menos y hacerse el tonto, sabiendo que ya nada va a ser como antes.

Pero así es esta güeá de vida. En dos años más nos vamos a estar riendo de esto.

lunes, 24 de enero de 2011

Día 11: El Pasado Eterno

Su sonrisa siempre me atrapa. Se alisó el pelo para la ocasión. Sus ojos resplandecían como nunca. La abracé fuerte y le deseé un feliz cumpleaños. Brillaba como una estrella fugaz en el firmamento. Era el centro de la atención y despedía una contagiante estela de felicidad. Era su día y en la fiesta concurrida, llena de rostros amigos, ella era la protagonista.

Recuerdos de niñez me atraparon la mañana que Jack me llamó. Abría la puerta para entrar a buscar su cartera y David me decía que la habían dejado afuera, en la banquita al lado de la puerta. Era la última vez que lo vería. De eso hace más de un año y medio. Ahora mi amigo me contaba sorprendido por el celular que hace unos días le había golpeado la puerta. Lo último que habíamos sabido de él era que Nadia, su polola y conviviente, estaba sufriendo una devastadora enfermedad y que tuvieron que volver a El Puelche, porque los gastos médicos de ella absorbieron todo el dinero que tenían y no les alcanzó para pagar el arriendo.
"Güeón, le dio cáncer" me dijo Jack.
El metro, lento y ruidoso, se sumergió en las profundidades del túnel que conectaba con estación Vicuña Mackena, y todo fue oscuridad. Al frente mío, una rubia asqueada observaba mi cara de impacto. 
"¿Y cómo está?" fue lo único que pude preguntar.
"Está bien. Pero casi se nos va, Karev" dijo Jack.

"Entonces disfrutó harto las vacaciones" le dije.
Su hermana tecleaba incesantemente el teclado, como hipnotizada por la pantalla o poseída por ésta.
"Siii" contestó.
Y ese momento incomodo de silencio nos atrapó sin dejar que nos defendiéramos. Nadie dice nada y a la misma vez ambos buscamos qué preguntar. El problema fue que él ganó el duelo con una pregunta que me descolocó a tal punto que casi caí de hocico al suelo.
"¿Cómo está Jack?"
"Eeeh-ee... está bien. Se quedó en casa con don Jack porque están solos los dos en casa" respondí, rogando que no haya notado el titubeo.
"Aaah" contestó.

"Al principio le dijeron que era una amigdalitis. Pero después siguió con los dolores en la garganta y comenzó a sentir mareos. Así que se pagó una consulta por la isapre y ahí le pillaron el linfoma en la garganta. Estuvo seis meses con quimio, güeón" 
La gente subía y yo no podía decir nada. Era segunda vez en menos de un año que sabía que un amigo se había sometido a un tratamiento tan nocivo como la quimioterapia y no estuve ni siquiera cerca de enterarme. A demás, David no era cualquier amigo. Eramos íntimos, fraternales. Tan sólo pasó el tiempo y nuestras vidas tomaron rumbos en direcciones garrafalmente distintos y la comunicación se perdió. Una serie de eventos desafortunados. Sin embargo, creo que es normal perder a personas en el inicio de la toma de riendas de nuestras vidas. Mal que mal, nos enfocamos más en otras cosas. 
"¿Ahora está bien?" le pregunté.
"Si, pero te tengo otra noticia"
"¿Qué pasó?"
"Va a ser papá"

"¿Y el peor es nada?" le preguntaron.
No supo contestar. Me quiso mirar, pero decidió no girarse.
"Esta noche estoy soltera"
"¿Y tu amigo?" me atajó Betsabeth, pasándome un vaso de vodka con Sprite.
"No vino" le contesté cortante.
"Si sé que no vino" me dijo íronica "¿Por qué no vino?"
"¿Cómo tan agüeoná?" le preguntó Guzt y luego se giró a ver a Isabella.
Betsabeth sólo pudo descargar una mirada de aceptación.

Nadia tenía ovarios poliquisticos. Es decir, las posibilidades de concebir a un bebé eran casi nulas. David logró acertar al pequeño porcentaje y ahora un pequeño Davicito viene en camino. 
"Nos queremos juntar todos. El Juan, el Pardo y el Veas. Es hora ya de reencontrarnos, y hacer un asao" 
"Obvio po'" le dije contento. 
No hay nada como los reencuentros. 

lunes, 17 de enero de 2011

Día 7: Hambre

"Siento que todo está roto" decía Peter, bebiendo de su vaso de cerveza "Por el cuerpo me recorren unas ganas inagotables de estar con otra mina. Quiero puro serle infiel, güeón. Quiero salir de ahí. Ya no quiero verle más la cara a ese viejo culiao"
"¿Y sabí por qué sentí eso?" le preguntó Guzt.
Peter negó con la cabeza, esperando a escuchar las respuestas que necesitaba.
"Porque nunca en tu vida te has preocupado de ti. Has aguantado para hacer feliz a los demás y no te has encargado de preguntarte qué es lo que te falta a ti"
Peter llamó a eso de las cuatro a Guzt, cuando el sol está comenzando a bajarse del cielo, pero quema como si un tren a carbón gigantesco estuviera cruzando el aire al revés y llenara con todo su humo la atmósfera. Al contestarle, le informó de la fiesta que ofrecerían en Pueblo Solo el día viernes, porque también asistiría Evan y Cecilia y sería entretenido tenerlos a todos ahí y verse después de tanto tiempo. El moreno estaba trabajando y se le hacía difícil hablar, así que casi susurrando contestó que no podía porque con Irene irían de camping el fin de semana.
"Te estaba llamando, perrito, porque necesito juntarme contigo a conversar" Le dijo "Estoy chato, güeón"
Guzt lo último que quería era seguir dándoselas de psicólogo el verano. Ya tenía bastante con Jack, Isabella, Ibzeen y otros personajes que se le cruzaban como si fuera el último Freud en el mundo. Así que lo empezó a evitar diciéndole que tenía que salir, que hacía mucha calor y que el carrete del viernes en la noche sería una buena oportunidad para hablar. Pero Peter ofreció una dolida resistencia. En realidad estaba mal y necesitaba urgente una voz que apaciguara su angustia. A Guzt, como nunca en el año, le floreció su lado amable.
"A las ocho en la Argentina" le dijo y colgó.

Irene es una muchacha de media estatura. Del tipo de mujer medio, de las poblaciones violentas. Lindos ojos, pelo desordenado, pequeños senos y un trasero deseable. Guzt no sabe en que momento la dejó de ver como una amiga y la comenzó a desear como a una mujer. Quizás fueron todas esas noches en que la consoló al verla llorar por las constantes peleas con Peter. Era sólo cosa de darle un beso y con sus caricias borrar todo el sufrimiento. Y de pasada devolverle la mano al moreno por todas las veces que ya le había sido infiel. El problema era que Dones y yo siempre le habíamos advertido de todos los problemas que podría acarrearle el hecho de meterse con ella. Al fin y el cabo era su amiga y polola de su amigo. 
Pero todos sabemos que a Guzt le importa un pepino lo que digamos nosotros. Así que ahí estaba en el Club Therieyd, con Irene fumando aburrida del momento y a Peter a su derecha, escuchando al moreno hablar de Concepción, Dichato y Tomé ya que existía la posibilidad de un viaje a principios de Febrero. Eran al rededor de las nueve de la noche ya. Y Guzt sólo podía observar como los labios de Irene se deslizaban lentos y mojados por el filtro de su cigarro después de darle una aspirada, imaginando como esa boca le daría el "sí" el día que él le pedirá que se vallan a olvidar del mundo en algún motel barato.
"Al baño" le dijo de repente Dones"A-ho-ra"
Guzt, sin decir nada, pero descargandole una potente mirada de ira, se disculpó y partió al baño.
"Sólo tres palabras: Ella es tu amiga" le dijo Dones.
"Esas son cuatro" le dijo Guzt.
"Da lo mismo. Sólo te pido que pienses con la cabeza y no con el pene. Ella es tu amiga y él tu amigo. Sería anti-natural que te metieras con ella. Porque si estás pensando que le vas a hacer una favor, estás muy equivocado"
Dones estaba un tanto alterado. Era raro verlo así porque su desplante era siempre el de un tipo calmado y siempre con aires de culto, pero no era de él enojarse tan fácil. Por otro lado, Guzt odiaba que lo sermonearan y sobre todo en materia de relaciones de este tipo. En realidad, odiaba que se metieran en su vida y cuestionaran sus acciones.
"No me la voy a comer hoy día..." dijo el orgulloso.
"Y nunca" le interrumpió Dones.
Guzt, queriendo atravesarle el estomago con una cuchilla, tan sólo pudo hacerle un desprecio y salió del baño.
En la mesa del Club, Irene se alistaba para retirarse.
"¿Te vas?" le preguntó Guzt.
"Si. Tengo a mi hija con mi mamá en la casa y si llego más tarde me van a hacer ataos" le dijo dándole un beso en la mejilla.
La vio alejarse por el pasillo de mesas hasta la salida, observando su pantalón de tela y la polera roja que le envolvía el dorso. Algún día te quitaré toda esa ropa, pensó y luego se sentó a hablar con Peter.
"¿Qué pasa, compadre?"
"Siento que todo está roto" decía Peter, bebiendo de su vaso de cerveza "Por el cuerpo me recorren unas ganas inagotables de estar con otra mina. Quiero puro serle infiel, güeón. Quiero salir de ahí. Ya no quiero verle más la cara a ese viejo culiao"
"¿Y sabí por qué sentí eso?" le preguntó Guzt.
Peter negó con la cabeza, esperando a escuchar las respuestas que necesitaba.
"Porque nunca en tu vida te has preocupado de ti. Has aguantado para hacer feliz a los demás y no te has encargado de preguntarte qué es lo que te falta a ti" 
Guzt sabía que hablaba desde la parte más oscura de su corazón, moviendo las piezas a favor de él para que las acciones y las consecuencias lo llevaran a tener a Irene entre sus brazos. A veces se admiraba del modo de trabajo de su perversa mente. En otras le asustaba. Pero más allá de todo lo que deseaba y ansiaba, al frente había una verdad irrefutable: Peter era su amigo y eso nunca iba a cambiar.
"Lo que tienes que hacer es sólo empezar a pensar en tu felicidad. Uno lucha toda la vida por las personas y por su bienestar, hasta que llega el momento en que te traicionan y no los vuelves a ver nunca más. Nadie puede ser necesario en tu vida. Tampoco te digo que no quieras a tus cercanos, pero no pueden ser necesarios. Vuelcate a pensar en ti y en lo que necesitas ahora" le dijo Guzt.
Peter le sonrió y le dio las gracias.
Agradece que no me voy a meter con tu mujer, pensó Guzt.