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jueves, 24 de enero de 2013

Día 226: Brujas

La señora nos miró sonriente y me dijo:
"¿Ella es tu novia?"
Nos miramos y nos reímos.
"No. Somos amigos" contestamos ambos a coro.
La dueña de la óptica no cedió terreno y enérgica vaticinó:
"Pero siendo amigos se parte" 

Un año y algo después Emilia duerme entre mis brazos. Pronto nos iremos de viaje.
A veces nos acordamos de esa bruja.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Día 198: Extraño

Encuentro absurdo y contradictorio ese llano deseo de querer que las cosas sean como antes. Es como decir "No estoy contento con lo que estoy viviendo" Algo parecido a embellecer el sentimiento de arrepentimiento con algún suceso especifico de la vida. Creo que es mejor decir que a veces extraño momentos e historias que se escribieron de forma natural. Echo de menos aquellas situaciones que nacían de buenas intenciones y de problemas fortuitos. Tardes de libertad, llenos de energía, de risa. Noches eternas hasta el amanecer y con ganas de más. No había barreras.
Entonces de pronto crecimos y en cinco años sucedieron tantas cosas, que creo que nos costó darnos cuenta. Nos subimos al tren de la vida, sin frenos, apostando a acertar o a equivocarnos. 
Y hoy, hoy se va deteniendo y al final ya podemos ver cuanto camino hemos recorrido.

Emilia tocó esos recuerdos que se extrañan y que con ganas se quieren volver a vivir. Mientras dormía, yo me quedé pensando que hermoso sería volver a escuchar a Isabella. Quizás no lo recuerda, pero una vez me la pillé en un carrete de dueños desconocidos y estuvimos horas hablando de los problemas, colgados de un vaso de ron, buscando darles solución.

domingo, 12 de agosto de 2012

Día 187: Título

El título del correo reza "Resultados Examen de Título Carrera Técnico en Telecomunicaciones"
Si el corazón late a 120 pulsaciones por minuto, el mío era el motor de una locomotora. 
El primer recuerdo que dispara mi mente es el del día cuando entré por primera vez a una clase en DUOC. Un tipo delgado, de terno y lentes me hace pasar. Me siento no sabiendo todo lo que iba a vivir.
"Tú eres el mas inteligente del mundo" me alentó Emilia.
Sin pensarlo tanto, abrí el correo. No quise respirar. Quería correr, cerrar los ojos, saltar y sentir la tierra tocando mis pies al otro lado del abismo otra vez.
Instintivamente, mis ojos se focalizaron de golpe en la palabra destacada en rojo "Reprobado" 
Recordé las horas sin sueño. Las horas de estudio. Los segundos que pasaba tratando de concentrarme en leer y no en pensar qué iba a pasar si no aprobaba. Pensé en la primera prueba; un fiasco. Pensé en la segunda; una inyección de tranquilidad. Y recordé la tercera; una base de confianza.
Leo los rut's de los reprobados. Sólo hay uno que parte en 17 millones. Los otros dos comienzan en 16 millones. Leo tres veces el rut que parte con 1 y 7. No es el mío. Quiero levantar los ojos y ver la miradas de todos los que esperaban el resultado y sonreírles. No decir nada más. Quiero entrar a mi pieza y caer de espaldas sobre mi cama. Quiero levantarme, salir al balcón y ver el mar, mientras que ella me atrapa con un abrazo y un beso en el cuello.
De bajo de un lamentable 3,6 está mi 5,2. La segunda mejor nota del grupo. Lo único que puedo hacer es gritar. Mi pupilo me mira sonriendo.
"¡Me titulé!" y empuño las manos hacia el cielo.
Le agradezco a Dios, si es que me echó una ayudita.
Llamo a mi vieja. Llamo a mi viejo. Llamo a Emilia. Abro el notebook y le escribo a Jack. Esa misma noche deberíamos haber salido con Isabella a tomarnos una cerveza para celebrar, como siempre lo hacíamos. Pero sólo puedo escribir.

Todo terminaba. Todo comenzaba.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Día 186: Otras Vidas

Emilia sueña que vive en tiempos inmemorables, cuando los vestidos eran grandes y los vehículos eran carretas tiradas por caballos, cruzando tierrales de caminos hacia la costa. Los hombres andaban con suspensores y las damas eran damas y las putas, putas.
Está tendida sobre una pradera de trigales, acompañada de un naranjo atardecer. Es entonces cuando aparece la silueta de un hombre que le da la espalda.
"No entiendo quién será" me dice intrigada. "No sé qué significa"
"Quizás en la siguiente vida, soñarás que estás en una fiesta en Diciembre y verás a un hombre que te está dando la espalda. No recordarás nada. Entonces te vas a hacer la misma pregunta que te estás haciendo ahora" le dije.

Emilia dibuja una pequeña curva en sus labios y sus ojos brillan como el filmamento más palpitante de estrellas. No es necesario que diga lo que siente.

sábado, 28 de julio de 2012

Día 183: Ida y Vuelta

El tiempo y la causa dejó que viniera por dos semanas a la capital. Estaba flaco y negro. Su mirar no era el mismo. Estaba sumido en un misterio sin resolver, tirado al final de algún cuartucho olvidado. Hablaba poco, perdido en recuerdos oscuros, en posibles vidas, en posibles anhelos. Yo lo miraba de lejos. No lo quería invadir. 
El tiempo pasó. Se fue poniendo viejo, como dice la trasandina. Como tararea Emilia cuando sale el sol y después de ponerse. La sonrisa le abandonó la boca. El cigarro se adueñó de ella. Y un gesto de distancia me se paró de su lado. Me cobijé en la esperanza de Isabella, que tanto me calma con su temple y me dice que lo esperemos.

Ahora llamo a Jack. Está en el aeropuerto. Entonces asumo que ahora sí no sabemos cuándo volverá. Hace tres días nos habíamos tomado un pisco, conversando como lo hacíamos hace cuatro años; de la vida, de nuestras compañeras y de lo que viene. Las primeras horas de su estancia habían sido el resultado del proceso de acople a esta realidad tan rica en cariño y palabras de aliento. Pero su esencia no se había perdido en ningún sentido. Sólo era la muralla que había formado los últimos cinco meses.
Quizás cuando lo vuelva a ver. Quizás en que momento de la historia volverá a aparecer.
Estos escritos pierden a uno de sus protagonista. 
Me dice que me cuide. Yo le digo que nos veremos pronto, pero aún no. Me dice que cuide a Emilia. Miro el mar, luego la observo a ella; está tendida en la cama esperando la hora para volver a Santiago. Me giro nuevamente hacia el horizonte. Testarudo el sol no quiere irse a China.
"Te amo, güeón. Buen viaje".
Silencio en la línea.

jueves, 28 de junio de 2012

Día 175: Rocío de Invierno

Hace un año, Emilia iba peligrosamente a unos centímetros míos, en los brazos de su novio. Entonces me pasa su cartera excusando que se la llevara porque ella ya iba incomoda dentro del vehículo. Yo iba en la puerta trasera derecha del Nissan del padre de Jack. Me pasó su cartera, alojando esa sonrisa en sus labios que me decía "Quiero escapar contigo"
Le corrí la mirada y observé la Gran Avenida perdiéndose atrás. Luego la observé y miré sus finos labios. Nunca los había tocado. Íbamos a bordo de nuestro propio mundo. Entonces comencé a revolver el interior de su cartera, vociferando que las entrañas de tan extraño bolso eran misterios sin resolver aún. Ella sólo sonreía, sin dejar de observarme. Era algo catastrófico sentir sus ojos sobre mi ser.
Fue cuando encontré el perfume. Tenía la forma de un frasco alargado y rectangular, todo transparente. Emilia lo cogió en sus manos, lo destapó y peligrosamente, como siempre le gustaba que fuera, dejó escapar un rocío del aroma sobre mi muñeca. Yo le despedí una mirada de admiración y miedo. Los demás no entendían y ni siquiera sospechaban. Agité el brazo y tomé su aroma. 
Fue inolvidable.

Anoche Emilia tomaba el mismo frasco de perfume y nuevamente vertía en mi muñeca un poco de rocío. Olí su aroma y cerré los ojos al recordar su dulce y electrizante sensación recorrer mis sentidos. Ahora me plantó un beso en los labios y demoró un tanto en separarse. Luego me mira y me sonríe. 
Me sonríe igual que hace un año.

martes, 5 de junio de 2012

Día 171: Sangurucho

Con Jack, después de la pega y el instituto, íbamos al 14 y nos comprábamos un sangurucho de treinta centímetros en Subway. Le pegábamos la mascada al pan, con carne, con tomate, con aceitunas, con pastas varias. Nos comprábamos la bebida más grande y ahí pasábamos la tarde. 
Si no había plata para Subway, comprábamos un sandiwch de dudosa procedencia en la feria de Las Canteras, en donde una señora de pelo crespo, resguardada por un carrito, preparaba con carne asada y lechuga el emparedado, y con su Coca de litro y medio nos íbamos para su casa.
Y si ya quedaban pocos días para fin de mes, tirábamos dos paquetes de tallarines y le echábamos harta mantequilla, a demás de la infaltable Coca-Cola.
Eran tardes geniales, con conversaciones largas y películas medias tristonas, pero geniales. 
El otro día las recordé, cuando pasé frente a Subway.
"Aquí comíamos con Jack" le dije a Emilia "Nos comíamos los medios sanguruchos"
Otras veces nos tomábamos una cerveza o un ron en las noches. Y cuando ya preparábamos algo más armado y más contundente, Bonita nos acompañaba a reír un rato, a hablar de la vida.
Tardes alargadas, noches eternas, bajo el humo de sus cigarros y el acompañamiento de algún tema viejo.

Jack llega en diecinueve días más de Arica. Parece que fue ayer cuando nos despedimos en el paradero. Han pasado cinco meses desde ese día. Cinco meses en donde más ha crecido que ha retrocedido. Me contó que ya sabe disparar sin que le tiemble la mano, reducir a individuos y esposar muñecas. 
"Que estai grande cabro culiao" le dije.
"Lo único que quiero es estar allá, verte a ti y a Isabella. Quiero sólo llegar" me contestó.