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lunes, 1 de abril de 2013

Día 239: Planeta Grande

Silencio en la línea. De pronto el mundo es muy grande y silencioso. Un amargo trago de saliva se escurre ardiente por mi garganta. Sé volar y le ordeno a mi cuerpo salir disparado por la ventana del cuarto, pero nada de eso sucede. Sigo sentado en la silla. De fondo sólo se percibe el zumbido de una zapatilla de enchufes conectada hasta el tope; la energía pasando a una alta velocidad. Con el dedo índice y pulgar me peino las cejas, cerrando los ojos con fuerzas buscando dejar en blanco la mente y esperando que de pronto aparezca la solución clara y brillante. Pero tiene razón: no puedo resolverlo todo. Y volar es una bala trabada en una pistola llamada impotencia, caliente por disparar hasta más no poder. Entonces "Retroceder el tiempo" se esconde como un cobarde. Nada sirve en un momento así. Miro el cielo hacia el sur entre las persianas del cuarto y un manto de nubes marrón oscurece más la penosa escena. Estoy solo y con las manos vacías, qué extraña sensación. 
El hermano de Elizabeth falleció. Era autista. No supo explicar qué tenía. Cuando llegó al centro asistencial el día jueves, los doctores declararon una gastritis  Lo devolvieron a casa. Preocupada, mamá lo volvió a llevar el día viernes. Ahora a una clínica con las esperanzas de tener un diagnóstico que explicara porqué el pequeño no tenía apetito, no jugaba y en ocasiones perdía el equilibrio. Claramente no era gastritis. Los médicos, profesionales y personas de vocación, declararon la presencia de una otitis, haciendo caso omiso al dolor de cabeza que reclamaba el niño tocándose la misma. La madre pidió exámenes más rigurosos. Una otitis no hace que un niño pierda el apetito o el equilibrio. Pero los doctores expresaron: "Es complicado tratar a un paciente con las características de su hijo. Un autista no se dejaría examinar" y se negaron a chequearlo una vez más. 
"Podrían haberlo sedado" pensé mientras Elizabeth relataba lo sucedido.
Mamá e hijo volvieron a casa, en paralelo una infección comenzaba a comerse lentamente el cerebro del hermano de mi amiga.
Son las dos de la madrugada de un frío sábado. La dueña de casa se levantó a ver cómo estaba su pequeño. Al tocarlo, éste último no reaccionó. Su cuerpo estaba helado. La infección había hecho lo suyo.
A las cuatro de la madrugada el celular de Elizabeth sonó en medio de la oscuridad. Era su abuela con malas noticias. 

Lo más fácil es rendirse. Es el camino más corto. El atajo. Y como el atajo da más rápido con el final, seria lo más fácil de tomar. Pero se lo impido. En mis manos sólo tengo un celular y palabras que quizás de poco y nada servirán. Poco puedo hacer. Me dice que tiene que colgar. Ni siquiera la puedo abrazar. Su madre la necesita. 
"Pinchame si necesitas algo. Lo que sea" le alcanzo a decir.
"Yo te pincho"

Que planeta tan grande.

martes, 31 de mayo de 2011

Dia 62: Impotencia

Segunda Parte y Final

"... Así se puede estar más preparado. Las cosas no nos impresionarán tanto cuando sucedan..."

Sudada e impotente, Elizabeth lloraba en mi pecho. Yo la tenía abrazada, dándole ese apoyo que poco sirve en situaciones en donde sientes que la injusticia te pateó hasta el cansancio en el suelo. 
No conociendo mucho de la disciplina, la argentina había dado golpes que descontaban puntos. Son los llamados low kicks, de los cuales debe haber acertado como cinco, si no más.  Eran peligrosos golpes de pie que iban al interior de los muslos, los que no fueron descontados de la puntuación final. Sin embargo, La Negra la tuvo la mayoría de la pelea sobre las cuerdas, dándole golpes a la cabeza y al estomago, haciendo que el gimnasio entero estallara en fervor y gritos.
Pero su hambre de triunfo y casi perfectos movimientos, no fueron suficientes para las calificaciones del juez brasileño, chileno y argentino. Obviamente, el que dio el 30 a 29 para Argentina fue el arbitro trasandino.
Impotencia era lo que le ahogaba el corazón y los pensamientos. La calentura de poder haber seguido dando golpes, sobre todo a una argentina, tontas güeonas con el ego por el cielo, le recorría electrizante el cuerpo, dejándole asomar lágrimas llenas de ira. Haberle arrebatado el título de campeona sudamericana habría sido mejor.

"... Si tropiezas o te va mal, el porrazo no será tan fuerte, previamente sabiendo que podía suceder. Nunca hay que ver todo color de rosa, porque en cualquier momento todo puede derrumbarse "

Hubo un fuerte problema, tan fuerte para hacerlo caer de esa forma. Quizás la explosión de una bomba a la que le quedaba pocos segundos. Jack estaba perdido en la pena y la exaltación del momento. De repente se vio haciendo algo, pero la pata ya estaba metida y no pudo revertir la situación.
Yo estaba a kilómetros y él sólo necesitaba una voz amiga. Pero no nos dejó de recoger el corazón, y digo nos porque Isabella también estaba al lado escuchando.

sábado, 28 de mayo de 2011

Día 61: Perder

Mi Negra
(Hazle click a los enlaces. Te permitirá conocer más del personaje)

Primera Parte

Mi viejo siempre dice:
"Para poner un negocio, hay que saber que pueden pasar muchas cosas malas. Nos pueden robar. Nos pueden estafar. Nos puede ir mal en la venta. Y montón de leceras más..."

"Maria Isabel de Argentina... 28 puntos" dijo el locutor. "Elizabeth de Chile... 28 puntos"
No sé si sentí alivio o emoción. El primer arbitro había decretado empate. Se sintió un murmullo general en todo el gimnasio.
"Segundo arbitro" dijo el hombre y un silencio nervioso se apoderó del lugar "Maria Isabel de Argentina... 28 puntos. Elizabeth de Chile... 28 puntos"
Hubieron algunas exclamaciones. La pelea había sido pareja, pero quedó la sensación que Elizabeth había conectados más golpes que la Argentina. El último arbitro definiría todo.
El locutor tomó la hoja de puntajes y se tomó un extraño tiempo para decir los resultados.
"Último arbitro. Elizabeth de Chile... 29 puntos. Maria Isabel de Argentina... 30 puntos. ¡Ganadora, Maria Isabel!"
Los únicos sacos de güeas que se pusieron a celebrar fueron los dos entrenadores argentinos y Maria Isabel. A parte de ellos, el gimnasio entero se quedó en silencio. Elizabeth, no satisfecha, esbozó una forzada sonrisa y abrazó a la ganadora. Con Ignacio nos miramos, lamentando lo ocurrido.
La Negra me había avisado hace unas dos semanas que vendría a Santiago el segundo fin de semana de Mayo a participar de un torneo de disciplinas de combate, en compañía de su federación de boxeo. Sería una pelea más para su corta carrera como boxeadora. Una gota más de experiencia. Pero no así menos importante. Invité a Ignacio para que me acompañara y también para que ambos se conocieran.
Con ella me encontré el día anterior a la noche de la pelea. Estaba tranquila, con ese desplante de parsimonia de siempre, y mentalizada a ganar. Sin embargo, la contienda no era cualquier encuentro. Finalmente, Elizabeth disputaría un título sudamericano y la defensora del trofeo era una argentina de 27 años, con dos de experiencia en el campo. Sin embargo, mi amiga estaba tranquila.

"... Entonces, para que el porrazo no duela tanto, hay que ser realistas y de antemano saber que pueden suceder muchas cosas. No esto diciendo que hay que ser negativos. Eso te impediría instalar un negocio. Pero sí saber qué cosas pueden pasar..." 

El sábado pasado viajé a San Bernardo a ver a Isabella e Ibzeen. Con Karina nos reuniríamos más tarde en una disco cercana. Compramos tres cervezas para partir la noche, que a ratos amenazó con dejar caer una tempestad. Estábamos compartiendo en el comedor de Ibzeen, cuando mi celular comenzó a sonar en el banano. Dejé el vaso en la mesa y saqué el móvil. Ya habían cortado y en la pantalla había un mensaje que decía:
"Llamada perdida de Jack"
Ingresé al registro de llamadas perdidas y extrañado disqué su número.
Cuando se abrió la línea, mi amigo, aflijido y desesperado, lloraba al otro lado de ella.
"Karev, quedó la cagá"...

domingo, 8 de mayo de 2011

Día 52: Click's

(Hazle click a los enlaces... te llevarán a otros capítulos del blog)

Elizabeth, estoy conversando contigo en estos momentos por Messenger. Piensas que estás loca y no puedes encontrar lo que tienes. Quisiera contarte que yo también a veces siento que la vida no tiene sentido y que ni siquiera todo el buen rato que estoy pasando me hace sentir tranquilo. Al final todos quisiéramos estar en otro lado y simplemente entre "A" y "B" hay una gran distancia. Pero nos toca lo que una sucesión de cadenas nos dejó y a veces queda la sensación de que tanto hacer no sirve de nada.
(Esto lo escribí ese día que me conecté tarde. Sé que hoy estás mejor)

A veces deseo estar donde no debes estar, abrazándote y susurrándote que todo pasará.

Veía "Inception" cuando algo me hizo click y me bajaron unas fuertes ganas de ir al computador. Eran las dos de la madrugada y al entrar a mi Muro, un mensaje de Belinda decía algo cómo "Viví algo parecido al Capítulo 48"

viernes, 18 de febrero de 2011

Día 19: Previo Aviso

La cocina era ese acogedor cuarto rustico, bañada por muy poca luz, con muebles viejos y amarillentos envolviéndola, y absorbida por ese olor a caldo de vacuno. Habíamos ido a visitar a la madrina de la mamá de Jack los días que estuvimos en Tomé. A modo de información, Tomé es una comuna que está al norte de Concepción, la cual inevitablemente fue azotada por el terremoto del pasado 27 de Febrero. Para ser más exactos, la pequeña comuna se encuentra a 52 kilómetros de Cobquecura, pueblo en donde fue el epicentro de la devastadora catástrofe. Nosotros nos encontramos a 346 kilómetros del lugar del evento. Así que, con tan sólo saber cuál es la distancia de cercanía, se electrifica la piel estando en aquel lugar. Más aún al ver esos angustiantes silencios en la boca de los pobladores al hablar del momento y lo que sintieron. 

El 2009, después de volver de Los Vilos, en la semana del veinte de Febrero, me fui a quedar donde Jack porque su familia estaba de vacaciones... en el sur si no mal recuerdo. Era día sábado y estabamos preparandonos psicologicamente para levantarnos y hacer algo de desayuno. Cuando de repente se escuchó un ruido subterraneo. Era como el paso de un tren bajo tierra, pero por las cavernas de El Bosque no pasa ni el metro.
"Va a temblar" dijo Jack, poniendo atención al ruido, el cual se convirtió en un movimiento telurico.
Nos quedamos quietos. Quizá fue un grado 4, porque se diluyó rápidamente por el aire y en la memoria de ambos también.
Ahora, recordando, lo vemos como un previo aviso. La tierra un año antes ya avisaba lo que iba a suceder. Tal vez mera coincidencia.

El viernes, a casi un año del 8,8, Concepción se vio amenazado por otro temblor de una intensidad de 6,9. Cuando pasamos por Pichidangui con mis viejos y mis hermanos, creí escuchar a una flaite decir algo de un terremoto. Pero fue un rumor lejano. Al llegar a Los Vilos, Jack me llamó, abreviando lo más posible todas las oraciones de la información que me quería dar.
"Hubo un temblor fuerte en Conce. Llamé a mi tía y me dice que están bien. Están en los cerros. Llama a Elizabeth y me llamai de vuelta" me dijo.
Le contesté puros "ya ya" y colgamos.
La Negra estaba bien. Me dijo que fue aterrador vivir un temblor de tal magnitud. Mas encima estaba en el Homecenter trabajando y algunos de los productos en las estanterías cayeron al piso. Fue revivir una vez más lo que pasó esa noche.

Ojalá no sea otro previo aviso.

jueves, 17 de febrero de 2011

Día 18: No Ser de Acá

"Me pasó algo super extraño" me dijo. Yo me servía una Heineken "Cuando estaba en el baño, habían dos niñitas juntas. Recién habían salido y se estaban lavando las manos. Una de ellas me saludó. Parecía ser la mayor. Yo la saludé y luego miré a la otra, la cual se estaba alejando, pensando que eran hermanas... pensándolo" dijo, recalcando la palabra.
Asentí demostrando que entendía que pensó que eran hermanas.
"... entonces la que me saludó me dijo 'No somos hermanas. Somos primas'" me dijo anonadada .

"Mi vieja está super chocha" me dijo David. Hablabamos del embarazo de Nadia por teléfono "Pasó que dos días antes de que Nadia me contara que estaba esperando guagua, mi mamá soñó que estaba acostada y un niñito le venía a decir que se despertara, que ya venía. Le dijo abuelita. Y le decía que ya iba a llegar. Ese día me preguntó si Nadia estaba embarazada o algo y yo le dije que no. Y dos días después surgió la noticia"

"¿Por qué siempre me pasan cosas así?" me preguntó.
Le acaricié el rostro para darle tranquilidad, recordando que a mí también me envolvían las mismas interrogantes al principio. 
"Porque tienes la capacidad de transmitir lo que piensas y los que somos sensibles a esas energías, logramos escuchar lo que dice tu mente" le dije.
Me miró, demostrando que ya no se sentía una extraña en el terreno nuevo.
"¿Puedo intuir y equivocarme?" le pregunté.
"Sí" dijo atenta.
"Yo creo que piensas que... que mi presencia aquí tiene dos razones. Una es porque vine a vacacionar con Jack a la casa de su tía. Y la segunda es porque te vine a ver a ti. Entonces también piensas que si no hubiese sido porque nos ofrecieron venir a Tomé, quizás nunca hubiese venido y otra vez no nos habríamos visto. Y quizás en cuanto tiempo más nos habríamos visto. Así que dentro de ti hay sentimientos divididos. Es normal. Al final, quizás fue totalmente casualidad el venir. Pero a pesar de cómo se dieron las cosas, estoy contento de estar aquí, contigo en mi pecho y el cielo estrellado, sintiendo que serán unas vacaciones inolvidables"
No me dijo nada. Demian me sonrió. Eres un sabelotodo moduló con los labios.
Elizabeth me besó la mejilla y se volvió a acurrucar en mi pecho.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Día 17: Noches de Estrellas y Palabras

PARTE TRES

Entre el gran pedazo de humita y el kilo de tomate que había aportado, quedamos idiotas. La noche se hizo de todo el lugar y el concierto de la quinta banda orquestal de grillos de Hualqui se dejó sentir por todo el rededor. El camping estaba llenisimo cuando volvimos, dejándose ver carpas de sofisticada tecnología, parrillas copadas de carne jugosa y vehículos por doquier. No puedo mentir, deseamos en algún momento tener nuestra parrillita, un tenedor y un buen pedazo de lomo asandose sobre las brasas ardientes, un colchón y el inflador electrico que tenía el vecino, pero al rato decíamos "Aaaah.. filo. Total, venimos por una noche y cuando se va a acampar, se va a ACAMPAR"
Jack cortó con su navaja los hilos de las humas, el tomate y colgó su celular en una bolsa alrededor de un palo que atravesaba a nuestro lugar de campamento, para dar luz con su linterna incorporada. Al rato, anonadados con la sobrecogedora presencia de un cielo totalmente lleno de estrellas de todos los tamaños, en todas las direcciones, y como siempre la majestuosa Vía Láctea desparramándose por el medio del oscuro vacío, abrimos los sacos de dormir y nos echamos sobre el pasto. Elizabeth se acurrucó en mi pecho, David se acostó un tanto alejado y Jack se puso al otro lado mío. El ambiente, de familias disfrutando, era grato... acogedor. El cielo, gigantesco y silencioso, palpitaba con magia. Nadie decía nada. Y lo vuelvo a repetir, no podía pedir nada más. Un gran regalo. En mi celular sonaba música a lo lejos.
"¿Por qué no cansa verlas?" le pregunté a Jack.
"Porque tienen magia" contestó.
Sonreí levemente. No creo que me haya visto.
"¿Te gustaría llegar haya arriba y ver como son o qué hay?" me preguntó de repente.
"No sé... ¿Tú?"
"No po'... si no perdería todo el misterio"

jueves, 10 de febrero de 2011

Día 16: Amor Ajeno

Te juro que secretos y recuerdos no los venderé
No, no, no

PARTE DOS

Estuvimos a punto de devolvernos. No encontramos lugar en donde poder acampar. Habían sólo piscinas y lugares para el picnic, pero nada para poder pasar la noche. Sin embargo, uno propone... Elizabeth llegó y me pidió el vaso de jugo de frutilla natural que se había comprado.
"Encontré a un viejito que nos puede llevar a unos campings que hay más arriba. Nos cobra $2.500 por llevarnos y ver lugares" dijo decidida.
No le discutimos. A una mujer con voz decidida no se le discute. Tomamos nuestros bolsos y la seguimos hasta un pequeño furgón medio destartalado, color blanco, con un hombre de sonrisa eterna y un gorro de paja. Elizabeth las hizo de copiloto y nosotros tres nos acomodamos en el asiento de atrás. El tatita portaba en su oreja derecha uno de esos aparatos de plástico y silicona para poder escuchar sin problema, evidenciando el paso del tiempo en su cuerpo, junto a su arrugado rostro, al cual no se le podía borrar la sonrisa. Dirigió al Subarú fuera del centro del pueblo a la calle que las hacía de carretera rural y torció el rumbo dirección Cordillera. 
Por un momento temí por la vida de todos, tratando de mantener el equilibrio sobre la temeraria forma de manejar que tenía aquel característico hombre, el cual nos llevó por el típico serpenteo de los caminos del sur del país. Primero llegamos hasta unas parcelas custodiadas por la inquietante presencia de una abuela rechonchita y pelo encrespado por el calor del sol. Nos dejó entrar y mirar. La piscina no nos convenció. El sonriente chófer nos dijo que había otro camping un minuto más arriba. Y allá fuimos, y allí nos quedamos. El recinto contaba con tres piscinas, baños, duchas, un casino. Los lugares construidos para acampar eran de una considerable longitud, con pasto, una mesa de madera y un enchufe en caso de. 

Tarde de relajo y olvido. Estuvimos horas jugando en la piscina, disfrutando de los regalos de la naturaleza que envolvía al lugar. Estábamos a kilómetros de los edificios y de los problemas. Habíamos dejado, sin proponerlo, todo tipo de pensamiento referente a nuestras vidas, casi olvidando quienes eramos, sumergidos en el agua y el aire de los bosques que custodiaban el lugar. 
Después de una duchada, decidimos salir a buscar algún almacén o algo que se le pareciese, para llevar algo que llenara los estómagos sedientos de alimentos abundantes. Un sol tímido se dejaba ver lejano y apagado tras la imponente presencia de los frondosos y altos árboles que desfilaban silenciosos por el camino de dos vías que bajaba hasta el pueblo, cuidando quizás a las cientos de hectáreas que se desparramaban hasta donde la vista se pierde, cubiertas de plantaciones de choclos o haciéndola de casas de animales de granja. Avanzamos unos minutos de camino y llegamos a lo que era esa típica casa de campo, con paredes levantadas de adobe, abrasada por las extensas hojas de un parrón. Afuera, una mujer de unos treinta años nos esperaba detrás de una tierna mirada. Le preguntamos por las empanadas y las humitas que ofrecía en su improvisado cartel. Las primeras costaban $450 pesos, y para la suerte de David y la mía habían de camarón-queso. Las segundas costaban $500 pesos y eran del porte de un ladrillo. Sintiendo la suerte de haber encontrado un lugar barato, nos compramos dos empanadas cada uno. Las humas las dejaríamos para la noche. Pero no era lo único.
"¿Aquí hacen almuerzos?" preguntó Jack.
"Sí" contestó nuestra anfitriona "Hacemos porotos granados, tallarines y cazuela de gallina" 
"¿Cuanto sale?"
"Dos mil pesos"
En menos de un segundo, entre los cuatros intercambiamos miradas y sonrisas. Comerse un plato de una buena cazuela al precio ofrecido era casi un milagro. Tomamos la decisión de almorzar ahí al otro día, cuando regresáramos a Tomé. La comida elegida fue una cazuela de gallina de campo. David y yo no la habíamos probado, y ya que el paladar andaba en busca de lo campestre, de lo pueblerino, optamos por esa.
Mientras nos comíamos la segunda empanada, conversábamos de la suerte que habíamos tenido aquella jornada. De haber estado a punto de devolvernos, estábamos sentados en una mesa  bajo el parrón de una casa con rica y barata comida, siendo atendidos por la humilde voluntad de una mujer esforzada, viniendo recién de haber disfrutado una exquisita tarde de piscina. 
Fue en eso que apareció una centenaria mujer, de piel embalsamada por el sol de las doce del día, pelos blancos y algunos vestigios del castaño, ojos azules y labios temblorosos.
"La gallina de campo se demora cuatro horas en cocerse" dijo su carraspeada voz "Así que para cuando vengan mañana, ya va a estar listita. Yo quería preguntarles qué presa iban a querer"
Estoy completamente seguro que el hotel tiene que tener prestigio y cinco estrellas para que recién el mesero pueda hacer la misma pregunta que nos hizo aquella mujer. Yo no podía entender en dónde estaba la gente con una humildad así. Sin embargo, el hecho de estar en el campo ya ponía en el camino a personas que no se disponen, si no que les nace recibir a los visitantes de tal amable manera. Era simple amor ajeno, y nosotros ya no podíamos pedir más. David fue el único que pidió pechuga. Nosotros tres pedimos tuto... 

miércoles, 9 de febrero de 2011

Día 15: La Travesía del Verano

La travesía del verano uooh
El amor eterno del invierno a-ah
Con pasión y coraje haré este viaje contigo

PARTE UNO

En cinco días hicimos lo que se podría haber hecho en dos semanas. Tomamos el tiempo y lo acoplamos a tal punto de poder hacer todas las cosas que queríamos. Y nos faltó por hacer.
Nos bañamos en las playas del tranquilo Tomé. Nos tragamos Concepción: carreteamos en sus noches de distorsión junto a Elizabeth, la cual también nos llevó a conocer la plaza de armas, el mall, los tribunales, el edificio que se cayó el pasado 27 de Febrero y un montón de calles de los interiores de la segunda capital. Una verdadera travesía de cinco días, sin respiro, sin ceder un minuto. Inolvidable, quizás como Los Vilos. Tan extraño y lleno de sensaciones que se grabaron con más fuerza los días del inesperado fin de semana. 
Nos despertamos a las once de la mañana el día sábado. David había llegado a las seis de la madrugada al terminal Collao, y nosotros habíamos bailado toda la noche anterior. Estábamos cansados, así que cualquier oportunidad que se presentara para descansar o dormir un rato, era tomada sin dudar, para que al despertar siguiéramos con el frenético viaje.
Bolsos en las espaldas quemadas por el sol del día jueves, sacos de dormir y carpa en mano y partimos hacia Hualqui. El oleaje había estado algo furioso los últimos días, así que la idea de pasar una noche entera acampando a la orilla del mar se vio mermada. Elizabeth propuso viajar a un pequeño pueblito a una hora de Concepción, dirección sureste, conocido por su abundancia en piscinas y campings, para pasar la noche en un lugar seguro  y establecido. A diferencia de Tomé, las afueras de Concepción y rededores del río Bio-Bio estaban sumidas en un asqueroso y agobiante calor, fiel presagio de lo que costaría encontrar un lugar para pasar la noche...

lunes, 7 de febrero de 2011

Día 14: Familia

Somos seres de naturaleza coexistente. Son contadas con los dedos de una mano las veces que de verdad sirve hablar con la almohada y éste responde como una coherente psicóloga. Preferimos reír y llorar en compañía de una voz amiga. Cercana. Se nos abre el mundo cuando hay otro que nos puede escuchar y entender las cosas es menos difícil.
Es de valientes callar cuando se tiene que pedir ayuda.  

Es difícil entender por qué y cómo sucedieron las cosas. No podía pensar en nada más porque mi cuerpo me obligó a no pensar en nada y sólo podía sentir que la brisa fresca, teñida del aroma de los alerces y el agua bajo mis pies era una sensación que hace tiempo necesitaba sentir. Me desconecté de la vida y de mi ser. Estaba fuera de todo si y de la misma realidad. No estaba feliz, pero sí estaba tranquilo. Respirar era un tesoro codiciado. Hileras de árboles se desparramaban por los cerros que rodeaban al pequeño pueblo en donde pasaríamos la noche, separando al mundo moderno del pedazo de tiempo-espacio estacando ahí.
Elizabeth tomó su toalla y se alejó de nosotros en dirección a una siesta obligada. El sol, lento y perezoso, comenzaba a abandonar el cielo sureño, rendido a la oposición de aquellas tierras a despedir un calor parecido al de la capital.
"¿Por qué no acudiste a nosotros?" le pregunté a David.
Ocurrió que por esas cosas locas de la vida el Chico terminó con Nadia. Al parecer a la señorita le vino el momento de pataletas gratis y por montones. David no le aguantó. Un cumulo de situaciones lo obligó a poner más presión, y la presión de transformó en una sutil patada en el culo. El viernes, listo para ir a la disco en Concepción y más preparados aún para ir a acampar el sábado, nos llamó diciendo que quería viajar desde Santiago hasta Tomé. Quería mamarse seis horas de viaje sin dar explicación. Le dijimos que se viniera. A los del grupo nunca se les dice que no. Así que, con tintes de locura, a las 12 de la noche tomó un bus en el terminal Sur de Santiago y viajó toda la madrugada hasta el terminal Collao.
"No sé" me contestó mirando al vacío, buscando respuestas a su actitud "Creo que necesitaba estar solo. Simplemente me alejé y decidí lidiar yo con la enfermedad"
La pregunta hacía referencia al cáncer que había sufrido. Una blanca y silenciosa cicatriz se desplazaba cinco centímetros a lo ancho de la parte izquierda de su cuello. Iban a por un ganglio inflamado y se toparon con un pedazo de muerte. La barba se esforzaba por disimular la marca que le había dejado el tumor, recordándole que frente a la vida él no era nadie.
"¿Te sirvió de algo alejarte?" le pregunté.
"Sí" contestó seguro de lo que decía "Me sirvió para darme cuenta de que los necesité más que nunca" declaró "Y que, aunque suene cursi, al final ustedes son mi única familia"
Bajo la poderosa frase, la que nos atravesó sin anestesia, sólo pudimos quedarnos en silencio y escuchar como todo el bosque bailaba bajo el paso del viento hualquino.

No estamos acostumbrados a recorrer el oscuro camino a solas. Siempre necesitaremos de alguien que nos tome del brazo y apunte con una mano decida la linterna hacia el frente. Llenarse de silencio en tiempos de guerra, es batallar sólo contra todo un pelotón, con una exquisita tendencia a perder.




lunes, 31 de enero de 2011

Día 13: de los Buenos

Ayer se fue Evan. Subimos porque llenaría su botella con jugo y yo pasaría a comerme un pan con queso y jamón. Siempre hacíamos eso los fines de semana. Como Yessenia es su jefa, le pedíamos permiso e íbamos a la once a relajarnos un poco. En el grupo también está Cristián, un ex cajero, ahora supervisor de fin de semana. Un buen elemento, como nos dice Monica. Pocos condoros, mucha venta y demasiada responsabilidad. La apoyabamos como supervisores y eso terminó por destacarnos sobre la media. Después yo me fui a informática y Cristián fue ascendido a supervisor. Evan se quedó en cajas. El tiempo pasó y comenzamos a conocer a la empresa y su modo de trabajar con los empleados. Su trato. Fue ahí cuando empezó el desencanto.

En dos días nos vamos a Tomé con Jack. Ya está todo listo. A ratos voy ordenando el bolso, sacando las poleras y los boxers, mientras ordeno el cuarto de estudio porque hoy vendrá Nathalia a visitarme. Con la Gorda (le digo Gorda, porque ella siempre me dice Gordo, de cariño. Pero en realidad es una morena de un cuerpo envidiable) desde hace semanas que estábamos organizándonos para vernos, pero por esas extrañas cosas de la vida no lo lograbamos. Ahora, como yo me voy para Concepción, y quizás no vuelva como en dos semanas, vendrá a Las Lomas para pasar la tarde acá. Pero volvamos a lo del viaje. Llamé a Elizabeth el domingo desde la pega, porque después no la podré llamar hasta el miércoles, cuando lleguemos allá. Dejamos todo en claro lo que haremos y donde nos juntaremos. Totalmente anexo, me contó que había hablado con Felipe, después de cinco meses.
"Me llamó super tarde en la noche. Le contesté y cuando oí su voz se me revolvió todo el estomago. Nunca pensé que después de tanto tiempo me iba a volver a llamar"

Al principio, daban bonos por ventas y otras cosas. De a poco esos beneficios fueron sacados del sueldo, y éste bajó demasiado. Después era necesario que autorizaran las horas extras para poder recibir el pago correspondiente por ellas, y si tu jefe no lo hacía, no te las pagaban. Evan comenzó a desmotivarse por esto y muchas situaciones más. Comenzó a faltar y a mostrar su desagrado frente a la pega. Y lo entiendo. Al final, lo único que nos mantiene unidos ahí es que hay plata segura a fin de mes, a demás de estar en un grato ambiente de trabajo. Pero no se trabaja con ganas, y los que eran un buen elemento lo dejan de ser al no ver resultados frente al esfuerzo efectuado. Evan era de los buenos y la empresa no lo supo cuidar. Por lo mismo, los Buenos serán sólo leyendas. Nada más
Ahora parte a buscar sus sueños como actor, siendo recordado como uno de los Buenos.

Soñé que volvía con Pelirroja. Cuando desperté, recordé que hace mucho tiempo que no me acordaba de ella. Fue extraño y volví a sentir esa sensación de vacío cuando me hallé perdido en la cama. Pero la calma volvió y traté de explicarme por qué tan nauseabundo sueño. 
"Cuando corté, vi unos vídeos que tenía con él y me acordé de las güeás que nos reíamos y de lo bien que lo pasábamos. En realidad, no podíamos estar juntos. Él era de esos güeones que les gusta güebiar con muchas minas al mismo tiempo y yo no tenía tiempo ni cabeza pa' mamarme malos ratos" me dijo Elizabeth.
"¿No te pasó nada después de escuchar su voz?" le pregunté.
"Nooo. Uno a veces se acuerda. Eso es normal. Sólo fue la impresión de su llamado tan inesperado"
"Quizás nadie espera que lo vuelvan a llamar"
Estoy seguro que mi subconciente se acordó que Felipe llamó a Elizabeth y por eso soñé.

Mañana me voy a casa de Jack. Quizás no escriba por todo el periodo de vacaciones.  

viernes, 28 de enero de 2011

Día 12: Las Maletas

Me gustaba jugar a que Isabella era mi mamá cuando íbamos a la playa. La primera vez que salimos fue a Algarrobo, a la casa de sus abuelos. Fuimos por un fin de semana y algo más en Febrero del 2008 a escaparnos del agobiante calor que viene azotando sin tregua desde hace unos veranos a la cuenca santiaguina. Me decía que me sentara en la mesa a tomar a desayuno y yo le preguntaba si podía salir con los chicos en el auto al Quisco.
El 2009 vivimos las inolvidables vacaciones en Los Vilos. Cinco días carreteando hasta las seis de la madrugada en la playa, riendo, cantando y escribiendo a fuego en nuestras memorias los momentos que nos aferrarían a ese lugar. Ahora Jack también formaba parte de la historia y si no mal recuerdo el amorío de ambos estaba comenzando. Almorzábamos en la playa para no perder el tiempo y en las tardes, frente a la puesta de sol espectacular que ofrecía el balneario nortino, nos sentábamos en bancas de piedras, mientras bebíamos de una cerveza de litro para apagar la sed. Recuerdo que nos quedábamos en silencio, observando el momento en que el disco durazno chocaba cataclisticamente con la poderosa presencia del océano temible, sin hacer el más mínimo ruido, dejando sólo escuchar la respiración de los que estábamos ahí. Las gaviotas planeaban descuidadas las olas que subían y bajaban sin pedirle permiso a nadie, colándose en los roqueríos, bañando las casas de los habitantes acuáticos.
Me cuesta entender por qué tengo tan grabado ese momento. Es como si lo estuviera viviendo ahora, sintiendo como la fina y helada brisa marina me acaricia el rostro, porfiada de no irse.
Y el año pasado, el 2010, un mes antes del terremoto, dejando a Yessenia en Santiago, partimos sólo los tres a Duao. No fue tan memorable como las dos anteriores salidas, pero tampoco menos importante. Duao fue de los tres y de nadie más. Fue íntimo. Más cercano.

Un record. Isabella y Jack llevan más de tres meses distanciados. No recuerdo que en algún punto de la historia hayan estado tanto tiempo distanciados.... No, no recuerdo. Quizás ésta es la definitiva y de verdad tomen sus rumbos y adiós relación. El problema es que tal separación condiciona al grupo, algo inevitable, y por lo mismo Bonita se quedará bajo el bus este verano.
Está todo listo para partir a Tomé. Pasaremos los días con una cercana de la madre de Jack y el fin de semana nos reuniremos con Elizabeth. Esperadas y deseadas vacaciones por el motivo de reencuentro con La Negra y también porque será el descanso de un año que no dio tregua. Un alivio para echar a correr la cinta otra vez y darle al año que ya comenzó. El lunes fui a buscar la carpa donde un tío para pasar una noche en la playa con los chicos y el martes compramos los pasajes con Jack. Está todo listo. Pero será raro llegar ese día al terminal y sentir que falta alguien.
Las maletas faltaran y las risas ya no ahogaran como siempre el aire y las vidas de todos. Es desconectarse de cuajo de algo que se venía haciendo desde hace mucho tiempo. Años de algo casi necesario, aunque no tiene que existir nada necesario en ti, sólo el aire y la comida. Son las consecuencias de mezclar amor y amistad dentro de un mismo círculo. Los daños colaterales dan como resultado esto, tener que partir a un viaje sin uno menos y hacerse el tonto, sabiendo que ya nada va a ser como antes.

Pero así es esta güeá de vida. En dos años más nos vamos a estar riendo de esto.