Quiero ponerle nombre a esa sensación... a esa mezcla de angustia y deseo de querer volver a soñar cuando te despiertas... algo así como Metastia. Controlarla y usarla para volver a dormir.
Simón, mi hermano de 9 años, es amante de las pulseras. Cuando fui a Tomé, me encargó un cuero, que no es nada más que un pedazo de cuero, existiendo una gran gama de colores. Lo llamé la tarde que pasé por una feria artesanal para preguntarle qué color quería para el cuero que me había encargado. "Negro" me dijo. En Los Vilos, en la artesa de la caleta, había un puesto que tenía pulseras con el nombre grabado en un pedazo de cuero café claro. El pequeño albino, porque Simón es poseedor de una piel de un color blanco lechoso, le pidió los 500 pesos que costaba la chuchería a mi viejo y se compró la preciada pulsera. Mientras yo se la amarraba, le pregunté: "¿Es por si te pierdes?" "No po'" dijo Ignacio "Si él se sabe su nombre. Es en caso de que muera" agregó sorpresivamente.
Damas y caballeros Nos han mentido. Nos han engañado todo este tiempo. Hoy descubrí que en verdad las rosas no mueren. Sí, son eternas. Y vivirán hasta que la misma vida en si acabe. Los primeros botones existen desde tiempos inmemorables. El resto es historia. Los pétalos se van abriendo con el paso de los años, viviendo inviernos, viviendo veranos. Aguantando lluvias y soles, respirando humo y aire puro. Hasta que llega el momento en que ese pequeño pétalo que formó el núcleo del botón, llega al borde del rosal y comienza a secarse. Mientras se desprende, detrás vienen otros pétalos, madurando. Y más al centro, van naciendo nuevas generaciones de la hoja roja. La rosa nunca morirá. El primer pétalo siempre le enseñará, protegerá y guiará al que viene detrás. Así, la nueva hoja replicará todo lo que aprendió al pétalo que está abriéndose paso desde el interior, para enfrentar los crudos inviernos y disfrutar los nuevos veranos. Hoy se desprende un pétalo, recordemos l...
Déjame. Estoy roto. No te mereces los pedazos de cristal. Déjame. Tus murallas cayeron. Se desvanecieron varias caricias atrás. Y vi las luces de lo que de verdad hay en el dormitorio que decidiste cerrar hace tiempo. Quieres creer, pero nadie está esperando al otro lado del puente. Nadie confirma que sí puede haber un final feliz, aúnque sea un instante. Quieres el instante, porque no crees en la eternidad. No te puedo brindar aquello. Quiero hacerlo. Fallezco por hacerlo. Quiero darte un domingo y una siesta, un viernes y un mar bravo, un lunes y un desayuno. Quiero porque quiero, no porque lo merezcas, no porque quiero reparar alguna historia rota. Quiero, porque quiero estar ahí y ver tus ojos cuando ocurra. Pero no puedo, corazón. Nos conocimos en el momento equivocado, en la historia equivocada. Voy volando sin un motor y no te mereces caer del cielo otra vez. Duele. Quema. Pero es el momento en que tengo que hacer un cambio, y va a tomar tiempo. No te puedo hace...
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