Día 16, Parte 3 Instintivamente se arrimó a mi cuerpo y me afirmó las manos. “No lo vi” dijo con la voz en un hilo. “No grites. No llores. No te muevas” le pedí “Si nos detecta como humanos, comenzará a gritar y en minutos no será uno, si no cien los que rodeen el auto” Más me apretó la mano. Tenía que advertirle de los riesgos para que supiera a qué nos enfrentábamos, aunque eso implicara que se derrumbara en miedo. El zombie, una mujer de edad incalculable, con mandíbula dislocada, un rostro ahogado en profundas heridas y sus pelos secos en una salmuera de sangre, se aferró el vidrio de la puerta derecha. Sus movimientos eran pausados; no estaba buscando comida. No nos notaba aún. Entonces fue cuando algo llamó mi atención. Su nariz estaba totalmente rebanada, dejando ver los huesos de las fosas nasales. Aún así, la infectada estaba oliendo la ventana, buscando el aroma de la mujer que había detectado. Estaba buscando a Sara. Su aroma tenía que estar impregnado en la venta...