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Mostrando entradas de diciembre, 2012
Historia Real

Día 221: El Deseo

Cuando cerré los ojos para pedir el deseo antes de apagar la vela de mi torta, me costó creer que pedí: "Que todo siga igual, por favor"
Historia Real

Día 220: El Reemplazante

El reemplazante es un tipo de mirada sincera y sencilla. Me saludó fijándome una inquisitiva mirada, con un sutil apretón de manos, queriendo decir "Sé quién eres" Yo le sonreí disimulado, diciéndole "Yo sé también quién eres tú" Durante la velada le clavé tres cuarto de mi mirada. Caballero se acerca. Delicado la toca. Sensual le dice algo al oído. Debería haber saltado sobre su cuello como el mejor ninja y debería haberle rebanado la yugular, tomar su cabeza y llevarla a la mesa, pero algo me detiene. El verla a ella me detiene. Casi un año después noto que la historia cambió y regreso atrás no hay. Ella es feliz. Él la hace feliz. Y eso me deja tranquilo.  Algunas historias terminan. Otras empiezan. Emilia se queda dormida en mi pecho. Me llama tarde al celular. Se da trescientas mil vueltas para preguntarme "¿Hubo alguien?" Con un dolor en el alma le digo "No. No vi a nadie"
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Día 219: Una Nueva Especie

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Día 16, Parte 6 Ágil e inteligente fueron las dos únicas palabras que mi mente pudo almacenar. Manejaba el vehículo de forma instintiva. "Eliseo" escuché a Sara a los lejos tratando de hacerme reaccionar. Me era imposible. El miedo se apoderaba de mis huesos. De mi ser. Y es que de golpe me sentí solo en el mundo. De golpe sentí que era una hormiga arrancando del ineludible pies de un niño. Estaba a punto de ser aplastado. "Eliseo" la voz de mi amada ahora era clara. Al frente, saltando a toda velocidad de la horda participante del festín que se estaban dando con los soldados del puesto de mando, apareció un infectado de cuerpo atlético (recuerdo con precisión cada uno de sus tonificados músculos), corriendo veloz, sincronizando a la perfección el movimiento alterno entre sus brazos y piernas. Juro que lo vi observando al grupo de infectados alimentándose. Estaba de pies, observando . Deja que los perros coman, el maestro sólo mira. Entonces un vehícul...
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Día 218: Itata

Día 16, Parte 5 Procuré que Sara  no me notara, pero vez que podía trataba de sacudirme la atrofia que me colapsaba los músculos cuando el miedo se hacía de mi consciente. Concepción había sido totalmente vulnerada por la incalculable fuerza de la población infectada. Habían roto el cordón de alta seguridad y no había arma que los pudiera detener. Eran indestructibles. Poseedores de razón o no, se habían hecho de el poder más omnipotente sobre la tierra; la multitud. Entonces, conduciendo a toda  velocidad por las calles de la ex nueva capital, supe que el igual a igual ya no existía. La expansión de lo que sea que tenía a esas personas así había quebrado todos los límites. Eramos minoría. Y más allá de los limites de la visión, los infectados seguían llenando la ciudad. A lo lejos, bombazos de desesperados ciudadanos eran el eco de un lucha con un fin conocido.  "¿A dónde vamos?" me preguntó de pronto Sara. Era raro a veces escuchar su voz. Hab...
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Día 217: Caravana de la Muerte

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Día 16, Parte 4 La carretera era una peligrosa y cercana opción de escape. Iba a estar atestada de infectados, pero los riesgos de quedar atrapado eran menos que si cruzaba el pastizal. Entonces forjé el camino hacia el este, pensando en la berma como vía de salida, cruzando la seca vegetación. Fue cuando Joel y Liliana se cruzaron entre mis pensamientos. Teníamos que ir a rescatarlos. “¿Recuerdas el camino de vuelta? Volveré a salir por la carretera que llegamos” le dije a Sara. “¿Volver?” me preguntó descolocada. En eso un joven infectado se dio de bruces contra el parachoques del vehículo, haciendo sacudir toda su estructura. “Joel está en la ciudad” y Liliana también, pensé. “Si volvemos, quizás no tengamos oportunidad de sobrevivir” me refutó “Eliseo, eran tal vez miles los infectados que habían en la carretera. No lo vamos a lograr. Él ya no lo logró” Su temple y decisión me hicieron estremecer. “Pero..” “Mi amor. Esto es lamentable. Es un lamentable accidente....
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Día 216: Rastreador

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Día 16, Parte 3 Instintivamente se arrimó a mi cuerpo y me afirmó las manos. “No lo vi” dijo con la voz en un hilo. “No grites. No llores. No te muevas” le pedí “Si nos detecta como humanos, comenzará a gritar y en minutos no será uno, si no cien los que rodeen el auto” Más me apretó la mano. Tenía que advertirle de los riesgos para que supiera a qué nos enfrentábamos, aunque eso implicara que se derrumbara en miedo. El zombie, una mujer de edad incalculable, con mandíbula dislocada, un rostro ahogado en profundas heridas y sus pelos secos en una salmuera de sangre, se aferró el vidrio de la puerta derecha. Sus movimientos eran pausados; no estaba buscando comida. No nos notaba aún. Entonces fue cuando algo llamó mi atención. Su nariz estaba totalmente rebanada, dejando ver los huesos de las fosas nasales. Aún así, la infectada estaba oliendo la ventana, buscando el aroma de la mujer que había detectado. Estaba buscando a Sara. Su aroma tenía que estar impregnado en la venta...
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Día 215: Invasión

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Día 16, Parte 2 Sara y yo no cruzamos palabra alguna. Me hizo subir al auto que Joel había “tomado prestado” los primeros días de su estancia en Concepción y comenzó a conducir. Condujo por las penumbrosas calles de la ciudad penquista, concentrada y focalizada en lo que quería hacer. Yo no era capaz de preguntar nada. En esos instantes no me atreví a ser nadie. La pelirroja había tomado una decisión y era mejor no cruzarse. Quince minutos después los edificios, los supermercados, los departamentos municipales, las casas y las grandes autopistas habían quedado atrás. Al frente no había más que pastizal siendo alumbrado por los focos del auto, un cielo estrellado y un frío silencio. Tan sólo quería saltar sobre ella y hacerle el amor o llorar en su pecho. Pero algo nos detenía a ambos. “Pensé que habías muerto” dijo de pronto. No me miraba. “Por lo menos pensabas en mí” dije yo. Era lo único que podía hacer: bromear. Ella aún reía con mis estupideces. Ella aún me mira...
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Día 214: Desvelado

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Gracias por el tiempo. Por las letras leídas. Les dejo la octava parte de esta historia. Espero disfruten Día 15, Parte 4 Me comí tres cigarros. La puerta se abrió. Recordé el momento en que alcancé a atajar a Sara. Mi presencia la había descompuesto. Joel se sentó al lado mío. También prendió un cigarro. Por algunos segundos nos quedamos callados. “Desde que partió toda esta hueá, Sara ha cambiado mucho” comenzó a decir de repente. Luego se quedó en pausa pensando. Entonces corrigió su declaración “En realidad estaba rara desde antes que todo esto sucediera. Estaba callada. Distante. Esto sólo terminó por separarla de mí” le dio una aspirada a su cigarro y luego sonrió. En realidad Joel no sospechaba de lo nuestro “Ni siquiera hemos hecho el amor, compadre. Me siento como la mierda” Fue cuando una frase en la historia del novio de Sara rebotó en las paredes de mi cabeza “Llegué a la casa. Sara estaba sentada esperándome. Me dice que tiene que hablar conmigo. No la tomé en c...