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Mostrando entradas de diciembre, 2011
Historia Real

Día 122: Tres Semanas

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Nos deseamos la vida y un escape por tres segundos. Llegó el metro y así moría la tarde más exquisita en semanas. Había sido mía por algunas horas y ahora el tren se la volvía a llevar. "Cuidate" me dijo. Su boca sabia al sueño más placentero que se pueda imaginar. Ahora no existe el nunca más. Ahora existe hasta en tres semanas más.
Historia Distorcionada

Día 121: Aló

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"Hola" "Hola ¿Cómo estai? Tanto tiempo" le dije. "Bien. Con ene pega, un poco estresada, pero bien" contestó un tanto nerviosa como siempre. "Eso es bueno. Tener arta pega" le dije riendo. Abrí la cortina de mi pieza. Quizás eran las tres de la madrugada. Las estrellas difusas brillaban en lo alto del filmamento. "Te quiero ver" dijo apurada. Sonreí y le quise decir que sí, como cuando quise que la fotografia de Peliroja me gustara aún, pero sus ojos de niña tierna aparecieron frente a mí. Orgulloso mentí. "Estoy con alguien" le dije soltando una risita nerviosa. "Disculpa. No es el momento indicado" "Por lo menos lo intenté" dijo. "Eso es bueno" le dije. No sabía cómo colgarle.
Historia Real

Día 120: Crisis

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Un sábado estabamos tomando once con mis viejos e Ignacio. Yo había traído un pan de pascua que le compré a una compañera en la pega. Don Karev hizo unas tostadas y mi madre preparó palta y jamón en un plato. ¿Resultado? Mucha loza sucia que papá se ofreció a lavar. Obviamente gesto agradecido por mi vieja. La cosa es que después de las noticias empezó a lavar la loza de la once. Como habían algunos platos sucios del almuerzo, siguió con ellos. La cosa fue que después empezó a lavar el lavaplatos, el mueble. Corrió la cocina a gas y pasó lo mismo. Continuó con la puerta de la cocina. La mesa del desayuno. Las paredes. Con mi mamá lo mirabamos en silencio, un poco preocupados, un tanto divertidos. Cuando se enoja, hace muebles.
Historia Real
Isabella
Jack

Día 119: Estar

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(La duplicación de los nombres con la historia anterior, es mera coincidencia. El relato a continuación es real) La fobia a los temblores me dejó debajo del marco de mi puerta la madrugada del martes. Poco a poco el movimiento fue cesando y los perros se tranquilizaron. Mi corazón paró de golpetear con alegocia en mi pecho y la calma volvió. Aún atrapado por el sueño de las cuatro, volví a la cama y busqué ser envuelto por ese momento en que la adrenalina del miedo te abandona el cuerpo. Ese instante de relajo. Sin embargo no me pude volver a dormir. Algo había en el espacio que se mantenía inquieto y movedizo. Era algo queriéndome decir "Sucedió" Hasta lo podía escuchar susurrarme al oído. Reíamos como siempre con María. Conversábamos de la vida y la pega. Era un martes en la mañana ajetreado y caluroso. En eso Jack me llamó al celular. "Te llamo de vuelta" le dije y colgué. Tomé el móvil. "¿Qué pasó?" "Falleció el tío de Isabella...
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Día 118: Justicia

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Parte Diez y Final Lento y misterioso el hombre aferraba con sus grandes brazos los troncos húmedos de nieve sobre su dorso. Cabizbajo y torpe caminaba sobre el pedegroso y resbaladizo tierral que tenía que cruzar para llegar a su casa. El gorro de su casaca era lo único que lo protegia de la tormenta que llevaba dos días azotando el borde costero de Castro, y al parecer no tenía intenciones de retirarse. Un cielo oscuro de lluvia y nieve le seguía los pasos, amenazante de soltar una tempestad más violenta. Eder empujó con su hombro la puerta e ingresó al living de la cabaña. El frío reinante tenía en las brasas el fuego de la chimenea, así que se vio en la obligación de salir a cortar un par de leñas para avivar el calor. Lanzó los troncos recogidos y se quitó la casaca. No recordaba el tiempo que llevaban ahí. Quizás un año. Quizás más. Quizás menos. En esos rincones del mundo la sensación y orentación del tiempo se distorcionan y los días parecían repetirse. En otras ocasiones ...
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Día 117: Volvamos

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Parte Nueve Eder le impuso a Emilia escapar al sur del país. Le dijo que era lo mejor, que allá podrían partir una nueva vida, lejos de la justicia y podría cuidarla de cualquiera que le quisiera dañar. Entonces ahí estaba otra vez esa extraña sensación de dependencia, abordándola por las piernas, pero algo más extraño aún sucedió; aquella sensación en su corazón se convirtió en rechazo y unas poderosas ganas de empezar a hacer por si misma las cosas la abordó. Aquello significaba empezar a hacer las cosas bien desde ya. El parabrisas de la camioneta que su amigo le robó a Liz contenía la postal de la ruta 5 sur, recta y decidida dirigiéndose hacia el sur, dejando atrás a Concepción. Recta e irreversible. "Volvamos" susurró Emilia. "¿Qué?" le preguntó Eder, alternando su mirar entre el frente del camino y los decididos ojos de la muchacha. "No voy a poder vivir toda mi vida escapando. Algo dentro de mí necesita que pague por todo lo que hice. Mi consc...
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Día 116: Juan Le Pont

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Parte Ocho La hazaña de Eduardo, el último samurai, es recordada hasta el día de hoy. En las calles se cuenta del hombre que con un sable, una pistola y la oscuridad derrivó a diez pobladores y a los dos guardias que parapetados sobre los pilares de la entrada al jardin de la mansión Le Pont lo esperaron para darle muerte. Pero el muchacho tenía una misión y por algunas balas que rebentaron en su armadura y cuerpo no se iba a detener. "¡Fuego!" gritó Javier cuando vio que el intruso había quedado bajo los potentes focos de luz del jardín de la casona. "¡Don Juan!" gritó el desconocido. Y la armadura del joven se estremeció bajo el estruendo de los proyectiles de rifle de los tiradores que juraron acertarle en todo el cuerpo. Eduardo sintió como calientes dos balas le reventaron el antebrazo derecho y la cadera izquierda, bajo el polvillo de la polvora que hirviendo se coló en sus narices. Sin embargo, no sintió la ansiedad de correr y protegerse de lo que iba...
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Día 115: El Bosque

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Parte Siete Cuando El Bosque se ve amenazado, sus animales salen de sus cuevas a defender lo que es suyo. A pie y en camionetas salieron hombres y mujeres de todas las edades, armados hasta los dientes con peligroso armamento, a buscar al o los responsables que habían causado el atentado a la entrada oeste de la población. Posiblemente tal suceso había sido ocasionado para causar distracción y lograr la penetración en la ácida vigilancia por la cual eran conocidos los pobladores de la peligrosa localidad. Es por eso que chiflidos que indicaban lugares donde se podían esconder y ladridos de perros rabiosos de sentir a un intruso se esparcieron por todo el largo y ancho de la noche que comenzaba a aclarar.  Javier le aconsejó a Le Pont volver a su dormitorio. Dos de sus hombres custodiarian armados la entrada a su lecho de descanso. Mientras tanto, francotiradores se apostaban sobre el techo de la lujosa casa, cargados hacia el oeste, peinando con sus milimetricas miras las mora...
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Día 114: El Último Samurai

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Parte Seis Un soldado le dijo al jefe de guardia de la quinta entrada a El Bosque que un vehículo iba en dirección hacia ellos a una preocupante velocidad. El jefe de la guardia, escondido a veces detrás de la oscuridad del humo que emanaba desde su cigarro, tomó los binoculares y observó la panorámica calle a bajo. Y así era, un Nissan se acercaba en dirección a ellos a alta velocidad.  "Hoy día no hay cita, jefe" dijo el soldado, un cabro joven, vestido con blue jeans y una chaqueta de cuero gastada, con voz de preocupación al ver que el auto no bajaba la velocidad. "No" dijo el jefe, un tipo tranquilo y de movimientos pausados "Preparense" Al unisono, los demás hombres que custodiaban la quinta entrada, cargaron sus armas y se alistaron para derrivar al vehículo en caso de que si a dos cuadras de la posición en que estaban no se detenía.  Trigésimo tercer bambú cortado. Una que otra astilla le había cortado la cara a Caroline, la cual aún ...
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Día 113: El Sable y el Bambú

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Parte Cinco Eduardo recordó los sonidos del choque de la espada y el bambú. El maestro le decía a Caroline cómo era posible que una hoja de metal filoso y pesado no pudiera romper la frágil estructura del bambú. Jadeante la joven, apoyada en su sable, buscaba la respuesta a tan simple pregunta. El silencio se apoderó del cuarto de entrenamiento. También de su mente. Quería concentración para preocuparse de instalar bien las bombas en las zonas en donde deberían ir para conseguir el resultado que necesitaba. “La fuerza de todas las cosas que hacemos viene desde nuestra mente” le decía el centenario hombre. El muchacho atento escuchaba las sabias palabras del maestro de su novia “Si deseas que el bambú sea más fuerte que el sable más peligroso, lo puedes hacer. Sólo debes aprender a conectar los pensamientos de tu mente con las extensiones de su prisión llamada cuerpo. Debes aprender a aliarlos” “Es imposible cruzar El Bosque hasta la casa de Le Pont sin una invitación” le dec...