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Mostrando entradas de octubre, 2011
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Día 103: Los Hijos de los Hombres que no Volveran

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Capítulo Once  Parte 1 Incomodo sonó el maldito teléfono en medio de la cálida noche. Con el sabor de las pesadillas de ese extraño último fin de semana en la base fronteriza Atacama, buscó el auricular en la omnipotente oscuridad. Era Angelo desde el otro lado. "El gobierno nos traicionó, camarada" dijo loco como siempre "Te necesito" De los cuatro narcotraficantes, uno resultó con la cabeza reventada y falleció al instante. Al que iba manejando, Javier lo tenía apuntalado con su fusil de guerra, con hambre de presionar el gatillo, extaciado por la situación que se mezclaba entre gritos y garabatos "Bajense los conchesumadres" Su respiración se aceleró y su corazón golpeteaba con rabia su pecho. Recordó el momento en que le echó la pastilla molida a la sopa del sargento, una de las mismas que le daban a los caballos de la base para que se adormecieran y poder así hacerle examenes que incluían meterles el brazo entero por el recto. A esas horas dorm...
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Día 102: Juan "El Lobo" Contreras

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Capítulo Diez La historia contaba de un tal Juan Contreras y su hazaña al salvar la vida de sus compañeros cuando tuvieron que cumplir un ejercicio de expedición. Iban sin armas. Sólo sus mochilas con lo justo para poder pasar la noche en el frío Atacama y un cuchillo por cada uno. Eran diez. Regresaron cuatro. "Fue a la segunda noche cuando aparecieron el lobo negro y el blanco. Asesinaron en menos de un minuto a cinco conscriptos. Por lo que contaba Contreras, las bestias atacaban directamente al cuello de los soldados, por lo que no les dio tiempo de ni siquiera sacar las cuchillas para defenderse. Los demás corrieron despavoridos por el desierto..." relataba Rojas, mientras abría la puerta de la bodega "Pero no él. Juan Contreras experimentó la sensación de estar frente a la muerte y eso lo cambió por completo. Se enfrentó a los dos lobos y les ganó. Los desolló y llevó las pieles al cuartel en señal de que a él nada lo podía derrotar. Que era indestructible"...
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Día 101: La Niebla

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  Capítulo Nueve El despertar no fue el mismo. Había algo extraño en él que le hizo pensar que el estar en su cama era un error en toda la historia. Se levantó bajo la penumbra de una niebla que cubrió el valle por completo. Raudo se vistió y salió al patio de la base. El frío de la tempestad calma le golpeó la cara violentamente. La densidad de la bruma blanca permitía sólo ver algunos pasos más adelante. Todo lo demás era un misterio. El sargento miró la hora en su reloj de muñeca. Eran casi las once de la mañana. ¿Dónde están los demás? Se preguntó. El que no hubiera respuesta lo aterró un tanto. El silencio parecía salido de una pelicula de terror, en la cual de pronto los zombies salían corriendo para comerse su cultivada pansa. Entonces decidió quedarse quieto y escuchar. Y el silencio no fue tan silencio cuando un ruido se dejó sentir en la parte más profunda de la niebla. El sargento lo asimiló a el repiqueo de algo arrastrandose en la tierra lentamente. Si no hubiese ...
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Día 100: Post Mortem

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Capítulo Ocho Javier recordó la mañana que vio salir a su amigo de la pieza con una mirada totalmente diferente. Ya no era un joven perdido en la vida. La casería de la noche anterior lo había dotado de coraje y valor y se notaba en su forma de caminar. Dio veinte pasos sin decir nada y luego miró el sol. Así se quedó un rato y luego observó su rededor. Javier sintió que Angelo no era el mismo. Mas allá de haberlo expuesto a la sensación de morir y dejar que eso lo hiciera un hombre, parecía ser un ser superior a todos. Con sólo estar de pies en medio del patio de la base, podía expeler inteligencia y voracidad. No era un hombre. Era un ente. Ahora se metía al bar del pueblo con el primer hombre que cruzó palabra. Supo entonces que todo había llegado lejos, muy lejos, pero también sabía que para el conscripto loco esto era algo necesario. En eso Rojas se le acercó. Una mujer necesitaba hablar desesperadamente con él. De su falda colgaba un tímido pequeño. La dama, de pelos ne...
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Día 99: Toque de Queda

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Capítulo Siete Aún sentía el lacerante escalofrío que la recorrió cuando con delicadeza tomó el cuerpo y lenta lo llevó hasta la casa de María. Bajo la tenue y penosa luz de las velas que improvisadas pusieron por toda la casa, se observaba sus temblorosas y arrugadas manos. Angustiada buscaba por una buena explicación a lo sucedido, pero por aquellos rincones del mundo nadie llegaría con una buena excusa. Así que se llevó sus manos al pecho para apagar el fuego que la consumía por dentro, alimentado por la impotencia y la sensación de inseguridad al vivir ahí. Felices los que escaparon y una niña yacía muerta sobre una mesa que se consiguió en la misma taberna donde había muerto. Llorando la envolvió en la única sábana blanca que encontró en el viejo armario y besándole la mejilla la tendió sobre la mesa. Ahora María desconsolada lloraba aferrada en los brazos de la mujer que le dio cobijo cuando escapó desde Bolivia, rogando a los cielos a que le devolvieran a su niñita, pero ...
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Día 98: Recuperese, Rojas

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Capítulo Seis "Carabineros no llegó y no llegará. Los pobladores lo dijeron" habló el soldado "Pueblos fronterizos como estos no son gobernados por la entidad regional y tampoco la nacional. Son núcleos rurales olvidados por el gobierno. No reciben apoyo. No son gobernardos. Son parecido a una pequeña nación independiente. Y viven de lo que pueden rescatar en sus rededores. Tampoco hay calidad de vida. Están olvidados. Creo, sargento, que nosotros como entidad militar debemos ejercer soberanía y gobernar donde el gobierno no lo hizo. Debemos entrar al pueblo y saber qué pasó" le dijo, mirándolo fijo y penetrante a los ojos. "No se hará, soldado. Y es mi última palabra..." "¿Qué pasó en el pueblo?" interrumpió Javier la discusión. "Al pasar por el poblado, camino al cuartel, notamos una situación extraña en sus calles. No quisimos entrar porque llevábamos el cuerpo de Chávez y lo que menos quería era causar impresión en los civ...
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Día 97: Tormenta de Arena

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Capítulo Cinco Dagoberto Rojas estaba teniendo una pesadilla del terrible momento en que vio que su compañero cortó la cuerda y su cuerpo se perdió en la penumbra del viento y la arena que tormentosa lo arrastró al vacío. Después vino una fuerte angustia en el pecho y mucha oscuridad. Despertó de un asalto en la cama del cuartel y Javier lo atajó para que no cayera de la cama. "Tranquilo, Rojas" Dagoberto, desorientado y descolocado, tenía la boca extrañamente seca y un punzante dolor en la frente. Dolor que lo obligó a calmarse y a volver a tenderse. Respiró hondo para tranquilizar su agitado corazón y buscó por todos los medios tratar de quitarse la imagen de aquella terrible pesadilla. Aún sentía la arena cayendole como agujas en la cara. "¿Qué pasó?" preguntó. Afuera era de día. "Una tormenta de arena nos atrapó en El Muerto. Casi no volvemos" Rojas de golpe recordó que la pesadilla no era tan pesadilla y que efectivamente había sido tragado por la f...
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Día 96: Rendirse

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Capítulo Cuatro Supo que moriría ahí, ahogado. Y el saber lo invadió en una sensación de tranquilidad. Ya podía escuchar la agitación de las respiraciones de sus cazadores. Imaginaba como uno de ellos, quizás el negro que llevaba más tiempo asechandolo, se iría directo a su cráneo, mientras que el lobo blanco atacaría su estomago. Podía escuchar su corazón apunto de detenerse; sus pies pesados rasgando la tierra. Los brazos eran artefactos que rogaba cayeran de sus lados. Pero nada de eso iba a suceder. Fue entonces cuando aquella paz que experimentó cuando adolescente lo invadió por completo. Su cuerpo se preparaba para el final y él también ya lo hacía. Mal que mal, ya llevaba horas arrancando y sus perseguidores no dejarían de correr hasta que cayera ¿Para qué seguir luchando? Era inútil. La voz de la tranquilidad le dijo que sería lo mejor y que nada malo sucedería. Era su final. Iba a morir. Entonces fue que se detuvo. Dejó de bracear. Dejaría que poco a poco el agua fuer...
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Día 95: El Lobo Negro, el Lobo Blanco y un Fusil

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Capítulo Tres El agua luchaba contra él y le hacía perder fuerzas. La orilla se veía cada vez más lejos y su garganta se secaba a cada segundo mucho más. Quizás había llegado su momento. Sabía bien que su velocidad disminuía con el paso de los segundos que eran devorados por las persecución. Sabía que su cuerpo estaba agotando lentamente las energías. En aquel momento todo lo relacionado con resistencia y psicología servía de muy poco. La luna era su única guía en aquel angustiante momento y al parecer la podía oír alentándolo a seguir corriendo. Y a correr más fuerte se obligaba. Estiraba más las piernas, hasta que le dolieran y agitaba más fuertes los brazos. Fue en eso que un recuerdo le chocó la mente. Era él  corriendo bajo un sol calcinante el tercer día de su estancia en Atacama, con un fusil de guerra en la mano. El sargento les gritaba y los alentaba a ser hombres y no unas niñitas. Había que llegar a la trinchera y disparar. A pesar de sentirse transportado a la esce...
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Día 94: La Casa Boliviana

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Capítulo Dos Alto en el cielo el sol naranjo con sus ardientes rayos el agua abría y él podía ver. Tal vez ese sería su fin y aquel su ataúd.   No se dio cuenta cuando todo estaba bañado por una silenciosa luz azul. Aferró sus sudadas manos al rifle de guerra frío y temblando pidió por su vida o por despertar. Pero todo aquello era real y el dolor en sus costillas se lo hacía saber. Abrió los ojos y se encontró con el escalofriante esqueleto de la casa que lo albergaba. Quizás se había incendiado y nadie nunca pudo llegar a apagar las llamas ni a salvar a sus inquilinos. La luna, presente como co-protagonista llenaba siempre observadora con su luz todo el ancho y largo del silencioso desierto. Silencio que lo tenía sumido en un profundo mar de inseguridad y angustia al no saber qué había pasado, dónde estaba y qué había sido de su captor. No se tragaba la idea de que haya desistido de la desenfrenada persecución. Lo más posible era que estaba por ahí, esperando a que ...